Nuevos títulos para Nocturna 2016

Posted in Ciencia ficción, Cine, Festivales, Noticias, Terror on 5 mayo, 2016 by belakarloff

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Como la fecha señalada para el pistoletazo de salida de la cuarta edición del Festival Internacional de Cine Fantástico de Madrid NOCTURNA está ya muy cerca, os desvelamos la gran mayoría de la programación del Festival, aunque os advertimos que todavía nos guardamos algunas sorpresas que serán anunciadas muy pronto, junto a los cortometrajes seleccionados, invitados y jurado de NOCTURNA 2016.

Ya os habíamos adelantado algunos títulos de la sección oficial como Queen of Spades: The Dark Rite, Keeper of Darkness, o Camino. Ahora os presentamos tres nuevas incorporaciones.

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El debut en la dirección de Alberto Marini, Summer Camp, será la representante española en la Sección Oficial a Competición de NOCTURNA 2016 y nos contará cómo, tras apuntarse como monitores de un campamento de verano, cuatro jóvenes iniciarán un violento juego del gato y el ratón, dándose caza unos a otros.

Tráiler: https://youtu.be/-UkcttdkHq4

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Cold Moon, la adaptación de la novela de 1990 de Michael McDowell (Pesadilla antes de Navidad, Bitelchús) tendrá su premier mundial en NOCTURNA. Dirigida por Griff Furst y protagonizada por Josh Stewart, Christopher Lloyd y Candy Clark, el film nos presentará la historia de Nathan Redfield, un arrogante ricachón que ha perdido la cabeza y está siendo atormentado por fuerzas sobrenaturales a causa de sus delitos reales e imaginarios.

Tráiler: No está disponible por el momento ya que la película está a punto de terminar su postproducción.

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Inspirada en el cuento de los hermanos Grimm, The Curse of the Sleeping Beauty (premier española) nos ofrecerá un alucinante despliegue visual con la historia de un joven pintor (Bruce Davison) que sueña recurrentemente con una bella princesa durmiente (Natalie Hall). Entonces hereda una antigua casa familiar que oculta un secreto: una antigua maldición que data de las Cruzadas.

Tráiler: https://youtu.be/MHynMYcJ1zg

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Dentro de la sección oficial Madness, de la que ya os habíamos adelantado títulos como I Had a Bloody Good Time at House Harker, Night of the Living Deb, o The Lesson se le une ahora Harvest Lake. Un film dirigido por un habitual del festival, Scott Schirmer, que ya nos acompañó anteriormente como director con Found y como productor con Headless. En Harvest Lake veremos cómo cinco amigos caen bajo el seductor influjo de una presencia libidinosa de otro mundo que amenaza con cambiar sus vidas para siempre.

Tráiler: https://vimeo.com/142467534

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El guionista Tony Burgess vuelve al festival con The Hexecutioners (premier española). Un film dirigido por Jesse Thomas Cook en el que veremos cómo cuando dos jóvenes que trabajan para una empresa que lleva a cabo la eutanasia son enviadas a un remoto lugar para realizar un ritual de suicidio asistido,  despiertan sin quererlo a los fantasmas de un diabólico culto que una vez habitó la propiedad.

Tráiler: https://youtu.be/cRUVN9R4mvI

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El debut en el largometraje de Tyler MacIntyre nos ofrecerá la premier española de Patchwork. Una divertida comedia de terror que sigue a tres jóvenes que tras ir de fiesta una noche se encontrarán frankensteinizadas en un sólo cuerpo, teniendo que dejar de lado sus diferencias para encontrar al responsable y vengarse.

Tráiler: https://youtu.be/ISDI-a1Yv8c

La sección oficial más indie de NOCTURNA, Dark Visions, de la que os habíamos adelantado la presencia de The Open, Patient y Sensoria, se completa ahora con tres nuevos títulos:

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Protagonizada por Sienna Guillory, William B. Davis y Mhairi Calvey llegará Abduct (premier española). Un film dirigido por Ilyas Kaduji en el que un locutor de radio intentará proteger a una joven huérfana del impacto de los mortales alienígenas y los fenómenos psíquicos, tan sólo para descubrir que el mundo de lo paranormal podría ser mucho más siniestro y cohesionado.

Tráiler: https://youtu.be/6Z2D0q-4s_U

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El debut en el largometraje de Claire Carré, Embers (premier española) nos llevará a un futuro en el que, tras una epidemia neurológica global, los supervivientes tratan de buscar sentido y conexión a  un mundo sin memoria.

Tráiler: https://youtu.be/lad6Pr07gjw

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Más ciencia ficción para Dark Visions con la premier española de Prisoner X, un film dirigido por Gaurav Seth que, adaptando la novela de Robert Reed, nos mostrará cómo un agente de la CIA llega a una prisión subterránea secreta para interrogar a un terrorista viajero en el tiempo que podría ser el responsable de una enorme catástrofe que amenaza el mundo.

Tráiler: https://youtu.be/pQIPHmUXUVk

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Dentro de la sección oficial Panorama os presentamos  The Dead Room, de Jason Stutter, en la que dos científicos y una joven médium viajan a una granja cuyos propietarios afirman que está embrujada. Pronto su escepticismo se resquebrajará al encontrarse con un temible ente sobrenatural. Basada en uno de los fenómenos paranormales más famosos de Nueva Zelanda.

Tráiler: https://youtu.be/RJNTlh_B2Xg

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Wind Walkers (premier española dentro de la sección Panorama), de Russell Friedenberg, nos contará cómo unos amigos cazadores se encontrarán aislados por la nieve y el frío, convirtiéndose en presas de una bestia que no llegan a ver, el Wendigo.

Tráiler: https://youtu.be/6WGKv0AxbVw

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An American Werewolf in London no será la única película de John Landis que podremos disfrutar en la sección Classics de NOCTURNA 2016. También podremos ver Burke and Hare, la que hasta ahora es la última película dirigida por el realizador norteamericano que estará presente en el festival.  Protagonizada por Simon Pegg y Andy Serkis, y con un gran número de cameos de estrellas del género, esta comedia negra nos trasladará al siglo XIX, donde unos profanadores de tumbas se dedican al lucrativo negocio de proveer de cadáveres a una escuela de medicina de Edimburgo.

Tráiler: https://youtu.be/3uw6QPThCqE

Tráiler: https://youtu.be/UE7KvAyVnbw

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Para homenajear a Vincent Price, NOCTURNA 2016 acogerá la proyección de Pit and the Pendulum. La película, dirigida por Roger Corman en 1961, adapta a Edgar Allan Poe y nos presenta a Price interpretando a Nicolás Medina, el hijo de un cruel inquisidor español, cuya esposa ha fallecido recientemente. Francis Bernard llegará al castillo de Medina para intentar esclarecer la causa del fallecimiento de su hermana.

Tráiler: https://youtu.be/8xzdrffJ91E

Con estas nuevas incorporaciones a la parrilla de NOCTURNA,  el festival suma ya 11 premieres nacionales, 2 europeas y 3 mundiales. Y todavía faltan títulos por anunciar…

El Festival Internacional de Cine Fantástico de Madrid, NOCTURNA 2016, se celebrará del 23 al 29 de mayo en los madrileños cines Palafox, y es una producción de La Cruzada Entertainment  con el patrocinio de Dark Souls III, el canal de televisión Buzz y De Angeles Films.

Cartel de y fotos de las películas NOCTURNA: http://bit.ly/1Ufk2ot

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NOCTURNA 2015 contó con la visita de Robert Englund, Lamberto Bava, o Alexandre Aja entre otros, México como país invitado, además de numerosas premieres internacionales  y actividades paralelas. Puedes ver un vídeo-resumen de la pasada edición aquí: https://youtu.be/cUTqXzuRzfk

Si quieres saber más sobre el Festival Internacional de Cine Fantástico de Madrid, NOCTURNA  entra en nuestra página web:

www.nocturnafilmfestival.com

O en nuestras redes sociales:

Fiend Without a Face (1958)

Posted in Ciencia ficción, Cine, Reseña on 3 mayo, 2016 by belakarloff

En un pequeño pueblecito de Canadá hay ubicada una base militar aérea de los Estados Unidos, provista a su vez de una central nuclear. Pronto en el lugar comienzan a aparecer algunas personas muertas con una expresión de horror en el rostro, y más tarde se averigua que son atacados por extrañas criaturas invisibles que les succionan el cerebro y la médula espinal por dos pequeñas heridas en la nuca…

Dirección: Arthur Crabtree. Productores: John Croydon para Producers Associates, Amalgamated Productions. Productores ejecutivos: Richard Gordon, Charles F. Vetter. Guion: Herbert J. Leder, según el relato “The Thought Monster” de Amelia Reynolds Long. Fotografía: Lionel Banes. Música: Buxton Orr. Montaje: R. Q. McNaughton. Efectos especiales: Peter Neilson, Flo Nordhoff, Karl-Ludwig Ruppel. Ayudante de dirección: Douglas Hickox. Intérpretes: Marshall Thompson (comandante Cummings), Kynaston Reeves (profesor R. E. Walgate), Kim Parker (Barbara Griselle), Stanley Maxted (coronel Butler), Terry Kilburn (capitán Al Chester), James Dyrenforth (alcalde), Robert MacKenzie (alguacil Gibbons), Peter Madden (Dr. Bradley), Gil Winfield (Dr. Warren), Michael Balfour (sargento Kasper), Launce Maraschal (Melville), Meadows White, E. Kerrigan Prescott, Lala Lloyd, Shane Cordell, Sheldon Allan, Alexander Archdale, Tom Watson… Nacionalidad y año: Reino Unido 1958. Duración y datos técnicos: 75 min. B/N 1.66:1.

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Arthur Crabtree (1900-1975) fue un realizador inglés que apenas tiene sitio en las enciclopedias. Debutó (tras trabajar como director de fotografía durante muchos años) con un film de cierta fama como es La madonna de las siete lunas (Madonna of the Seven Moons, 1945), tocó un par de veces el “mito” de Lilli Marlene, dirigió bastantes episodios de las series Colonel March of Scotland Yard (1954-1956), con Boris Karloff, e Ivanhoe (Ivanhoe; 1958-1959), con Roger Moore, y su última película fue Los horrores del museo negro / Horror en el museo negro (Horrors of the Black Museum, 1959). Esta última y la presente suponen las únicas aportaciones que ofreció al género fantástico. Inicialmente, el director previsto de la presente era Herbert J. Leder, el guionista, pero al ser norteamericano no obtuvo el permiso de trabajo en el Reino Unido a tiempo, y fue reemplazado por Crabtree[1].

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Fiend Without a Face (1958) es una disparatada muestra de ciencia ficción, como la mayoría de las que se produjeron en la década de los cincuenta. En ella, un científico consigue dar forma a sus pensamientos, algo así como el monstruo del Id de Planeta prohibido (Forbidden Planet, 1956), de Fred McLeod Wilcox[2], pero ubicado en una pequeña población agrícola canadiense, donde se emplaza una base militar norteamericana (el rodaje, con todo, fue realizado enteramente en Gran Bretaña). Durante una parte de metraje se hace gala de una interesante oposición de los aldeanos contra los militares, a los que consideran culpables tanto de la mala leche (literalmente) que dan las vacas, primero, como de los crímenes que acontecen en la zona, después. Sin embargo, lejos de ofrecer una visión sobre el imperialismo norteamericano en otros lugares, pronto esa idea es soslayada para ofrecer, finalmente, a los militares como salvadores del grave problema que acontece. Sin duda ello es debido a un intento de vender el film en Estados Unidos y hacerlo pasar como de esa nacionalidad, motivo por el cual protagoniza el actor de ese país Marshall Thompson, habitual por esas fechas en otras producciones del género (Cult of the Cobra, It! The Terror from Beyond the Space, First Man Into Space), antes de lograr la fama con la serie Daktari (Daktari; 1966-1969).

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En todo caso, al tratarse de una producción británica, y no norteamericana, el tono varía un tanto, y el ambiente rural prevalece por encima del militar, confiriendo un atractivo entorno a la intriga, que a su vez es desarrollada de un modo paulatino, haciendo aparentar que lo que acontece discurre por distintos meandros narrativos, incluyendo el elemento sobrenatural, como la alusión a un “vampiro cerebral” o una atmosférica escena en un cementerio. No cabe duda de que, si la presente hubiese sido una producción estadounidense, hubiera estado enclavada en la paupérrima serie Z típica de casas como la AIP. Sin embargo, el origen británico confiere a los resultados cierta elegancia, cierta belleza visual en un blanco y negro muy bien contrastado. Además, ofrece un nivel de interpretaciones bastante destacado, Thompson a la cabeza, que muestra una exquisita dicción que en nada queda por debajo de los actores británicos[3] y canadienses que lo acompañan, siempre sólidos.

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La intriga, pues, se desarrolla de forma paulatina. El metraje es tan escaso (hora y cuarto) que prácticamente no hay tiempos muertos. La invisibilidad de las criaturas, además de economizar la producción, ayuda a que el suspense se mantenga; cuando, al final, se ve a los monstruos, el diseño de estos es desquiciante: un cerebro provisto de una médula espinal colgando, que agita como un látigo para avanzar, y dispone de dos antenas y dos bracitos. Estos cerebros, que acuden en masa al final a rodear la casa que habitan los protagonistas (reverberan ecos precursores de La noche de los muertos vivientes) se mueven por efectos de stop-motion, algo rústicos pero, en definitiva, bastante resultones, otorgando a los resultados un aire naïf muy grato[4]. E incluso se exhiben unos elementos de cierto gore mostrando los cerebros reventando a causa de los disparos de los militares, y cuando se destruyen al final su putrefacción es muy similar al que exhibirán las criaturas de Posesión infernal (The Evil Dead, 1981), de Sam Raimi.

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El resultado es un serie B sólido, con fuerza y atractivo, un característico espécimen de ci-fi británica con las virtudes que solían caracterizar estas producciones en los cincuenta, y que merece ser rescatada por los cinéfilos aficionados al género que no se dejen engañar por lo barato de la propuesta, sino por el espíritu que la impele.

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Anécdotas

 

  • Título en México: El vampiro atómico / El monstruo sin rostro.
  • El presupuesto del film fue de 50.000 libras.
  • En su estreno original en Inglaterra el film provocó un escándalo, aún después de que la junta censora hubiera obligado a diversos cortes para no calificarla X. Algunos de esos cortes incluían planos de disparos sobre las criaturas, y también eliminaban los obscenos efectos de sonido mientras se destruían.
  • En el número de marzo de 2010 de Fangoria se anunció un remake para 2011. De momento, el proyecto no se ha hecho realidad.
  • Estrenada en el Reino Unido en diciembre de 1958 (y con anterioridad en Estados Unidos), en programa doble con The Haunted Strangler, de Robert Day, con Boris Karloff. En España nunca se ha visto.

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Bibliografía

 

  • LONG, Amelia Reynolds: “El monstruo cerebral”; traducción de ¿José Mallorquí? Inc. en Narraciones terroríficas nº 15. Buenos Aires: Molino Argentina, 1940. Traducción de “The Thought Monster” (1930).

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Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

 

[1] Según declaraciones del protagonista Marshall Thompson, el primer día de rodaje Crabtree echó un vistazo al guion y se irritó, diciendo que no había sido contratado para rodar “eso”, un film de monstruos. Abandonó el rodaje y no volvió hasta varios días después, tiempo durante el cual el propio Thompson dirigió la película.

[2] En todo caso, el relato original de Amelia Reynolds Long (1904-1978) en que se basa fue publicado en la mítica revista Weird Tales en 1930, por lo cual no cabe concebir la idea de plagio.

[3] Los actores ingleses fueron doblados por norteamericanos para que no les delatase el acento.

[4] Esas secuencias fueron dirigidas por el Barón Florenz Von Nordoff, y la animación efectuada por Karl-Ludwig Ruppel, en Munich.

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Capitán América: Civil War (Captain America: Civil War) (2016)

Posted in Cómic, Ciencia ficción, Cine, Crítica, superhéroes on 30 abril, 2016 by belakarloff

El capitán América, junto a un reducido grupo de Vengadores, actúa en Nigeria contra un enemigo, provocando una explosión que produce muertes de civiles. La protesta mundial no se hace esperar, y se decreta que los Vengadores han de ser controlados por un comité de las Naciones Unidas. Parte del grupo está a favor de este voto de censura, pero otros no…

Dirección: Anthony Russo y Joe Russo. Producción: Marvel Entertainment, Marvel Studios, Studio Babelsberg. Productor: Kevin Feige. Co-productores: Mitchell Bell, Christoph Fisser, Henning Molfenter, Charlie Woebcken. Productores ejecutivos: Victoria Alonso, Louis D’Esposito, Alan Fine, Stan Lee, Nate Moore, Patricia Whitcher. Productores asociados: Ari Costa, Trinh Tran, Lars P. Winther. Guion: Christopher Markus, Stephen McFeely, basado en el cómic de Mark Millar, según los personajes creados por Joe Simon y Jack Kirby. Fotografía: Trent Opaloch. Música: Henry Jackman. Montaje: Jeffrey Ford, Matthew Schmidt. Diseño de producción: Owen Paterson. Efectos especiales: Animal Logic, Base FX, Cantina Creative, Capital T, Cinesite, Direct Dimensions, Double Negative, Exceptional Minds, Industrial Light & Magic, Legacy Effects, Lola Visual Effects, Luma Pictures, Method Studios, Method Studios, Plowman Craven & Associates, Prime Focus World, RISE Visual Effects Studios, Scroggins Aviation, The Third Floor, Trixter Film. Intérpretes: Chris Evans (Steve Rogers / Capitán América), Robert Downey Jr. (Tony Stark / Iron Man), Scarlett Johansson (Natasha Romanoff / Black Widow), Sebastian Stan (Bucky Barnes / Winter Soldier), Anthony Mackie (Sam Wilson / Falcon), Don Cheadle (teniente James Rhodes / War Machine), Jeremy Renner (Clint Barton / Hawkeye), Chadwick Boseman (T’Challa / Black Panther), Paul Bettany (Vision), Elizabeth Olsen (Wanda Maximoff / Scarlet Witch), Paul Rudd (Scott Lang / Ant-Man), Emily VanCamp (Sharon Carter), Tom Holland (Peter Parker / Spider-Man), Daniel Brühl (Zemo), Frank Grillo (Brock Rumlow / Crossbones), William Hurt (Secretario de Estado Thaddeus Ross), Martin Freeman (Everett K. Ross), Marisa Tomei (May Parker), John Kani (rey T’Chaka), John Slattery (Howard Stark), Alfre Woodard (Miriam), Kerry Condon         (Friday, voz), Stan Lee (mensajero), Michael A. Cook, Laughton Parchment, Gene Farber, Florence Kasumba, Cornell John, Sven Hönig, Josh Peck, Brent McGee, Be Satrazemis, Blair Jasin, Oliver Bigalke, Rafael Banasik, David De Vries, John Curran, Katie Amess, Austin Sanders, Brett Gentile, Matthew Anderson… Nacionalidad y año: Estados Unidos 2016. Duración y datos técnicos: 147 min. color 1.90:1 (versión IMAX, algunas escenas) 2.35:1 (versión cines) 2D – 3D.

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Los hermanos Anthony y John Russo dirigieron, con gran éxito de público, la entrega anterior del Capi, Capitán América: El Soldado de Invierno (Captain America: The Winter Soldier, 2014)[1]. Pese a cierta tendencia a la desmesura —inherente, de todos modos, a este tipo de productos—, el resultado no fue malo, así pues parecía buena idea contar de nuevo con ellos para esta tercera aventura del soldado congelado. Directores sin personalidad como estos son los más adecuados para unos productores que desean manejar las riendas completas de la película, que ofrezcan los elementos comerciales que busca el público masivo y no se entretengan con pretensiones de autoría. A veces, las piezas del mecanismo encajan. Otras no sucede así, y es lo que ha acaecido en esta ocasión.

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El mayor problema es un guion de gran torpeza, que parece hecho a remiendos, que divaga en exceso y no logra la necesaria homogeneidad narrativa. Además, confía demasiado en la ambigüedad decisoria de los personajes, es decir, las cosas suceden porque así lo desean los protagonistas —esto es, los guionistas—, no por una evolución lógica de los acontecimientos. Todo es muy gratuito, empezando por el propio punto de partida de la idea: si los Vengadores no hubiesen actuado, la Tierra ahora sería un bastión de los Chitauri, por poner un ejemplo. Las muertes de civiles y la destrucción de Nueva York es solo algo consecuencia del ataque de los extraterrestres, no de la intervención de los superhéroes. Sostener la tesis del film haciendo que ellos sean los causantes de todo es, como mínimo, absurdo.

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La primera mitad de la película —hasta que llega el enfrentamiento en el aeropuerto— ofrece un tono de cinta de espionaje de los setenta muy agradecido. Es una lástima la referida flojedad del guion, que va dando saltos de una situación a otra, y que no logra encauzar la narración en momento alguno, consiguiendo un resultado disperso y frío, una película sin alma, sin emoción. Además, las escenas físicas entre los actores, las peleas donde se les distingue el rostro, están rodadas de un modo pésimo, acelerando la imagen y efectuando trucos de montaje mediante la eliminación alterna de fotogramas. Teóricamente, eso otorga un gran ritmo a las escenas, pero resulta mareante —no quiero imaginarme cómo será verlas en 3D—, amén de apenas distinguirse lo que sucede. Las secuencias donde intervienen masivamente los efectos especiales, por el contrario, ofrecen una planificación más visible.

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La escena en la cual Tony Stark va a visitar a Peter Parker supone un punto de inflexión en la cinta, por fin las cosas se calman un poco y aparece algo de alma en la película, gracias a la estupenda dinámica que se establece entre Robert Downey Jr. y Tom Holland. Este último, además, aparte de adecuarse, al fin, en edad al personaje, logra conferir el tono preciso al mismo para que resulte simpático y no cargante. Cuando luego lo veamos en acción como Spider-Man será el clásico guasón de los tebeos, pero de nuevo bien integrado en la situación; en este sentido (y en otros) supera con creces a sus dos inmediatos predecesores.

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A continuación viene la referida escena del aeropuerto, la del enfrentamiento entre los dos grupos de Vengadores y, sencillamente, es una maravilla. Todo el esfuerzo parece haberse concentrado ahí, y la dinámica, la emoción, la diversión, todo ello brota con dinamismo, con sorpresa, y la secuencia entera supone un gozo enorme para el aficionado a los superhéroes.

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Lástima que después todo se derrumbe de nuevo, y la parte final carece de potencia, resultando inclusive anti-climática. Los momentos últimos en la fortaleza siberiana parecen más propios de un telefilm barato que de una película de alto presupuesto, y cuando se desvelan las motivaciones del malo —estupendo Daniel Brühl— resultan de lo más risibles. De nuevo aquí se desvela la flojedad de un guion que, como es habitual también, ofrece un planteamiento muy elemental, pero construido de un modo algo lioso para aparentar una complejidad inexistente.

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Cabe resaltar, con todo, que en el aspecto interpretativo la película eleva el nivel desde títulos anteriores. Tony Stark aquí no es el payaso incontrolable de otras entregas y se muestra huraño e irascible, lo cual posibilita que Robert Downey Jr. demuestre que, cuando quiere, es un excelente actor. Personalmente, me cautiva el tono con el cual Paul Bettany enfoca su rol de la Visión. Todo un descubrimiento ha sido la incorporación de los dos nuevos personajes, Spider-Man y Pantera Negra, interpretados respectivamente por Tom Holland y Chadwick Boseman con gran convicción. Incluso Paul Rudd está algo más soportable como Ant-Man que en la cinta que lo presentó. William Hurt, como siempre, con su sola presencia llena la pantalla. Y ya se ha mencionado el gran cometido que realiza nuestro Daniel Brühl con un personaje de una pieza, descrito con cuatro brochazos y cuatro tópicos, y que él llena de humanidad y lo hace, hasta cierto punto, cercano. El resto del reparto también funciona con habilidad.

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En definitiva, Capitán América: Civil War (Captain America: Civil War, 2016) es el clásico producto realizado para entusiasmar a los previamente convencidos, pero que no efectúa el mínimo esfuerzo por aportar algo que eleve los resultados del mero producto de consumo masivo. Solo la escena de Stark y Parker y la del aeropuerto hacen concebir lo que hubiera podido ser si esa voluntad se hubiera aplicado al film en su totalidad.

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Anécdotas

  • Título en Argentina y México: Capitán América: Guerra civil.
  • Títulos falsos de rodaje: Captain America: Serpent Society / Sputnik.
  • Títulos de rodaje: Captain America 3 / Captain America: The Fallen Son.
  • El dron que usa el Halcón, llamado Redwing, en el cómic es un halcón de verdad.
  • Con diecinueve años de edad, Tom Holland es el Spider-Man más joven que ha aparecido en cine o televisión, en imagen real.
  • Entre los finalistas para el papel de Spider-Man quedaron Tom Holland, Asa Butterfield, Judah Lewis, Matt Lintz, Charlie Plummer y Charlie Rowe.
  • El disfraz de Pantera Negra es una mezcla de traje real y efectos visuales.
  • William Hurt interpreta a Ross, papel que ya hizo en El increíble Hulk (2008).
  • Entrega nº 13 de la saga cinematográfica de Marvel.
  • Joe Russo, uno de los directores, ha citado como influencias para esta película Seven y Fargo [!].
  • Inicialmente, estaba previsto que en el film apareciera Hulk, pero finalmente fue eliminado y trasladado al film de Thor.
  • Para el papel de Pantera Negra fue considerado Chad L. Coleman (The Walking Dead).
  • A mitad de los créditos finales hay una escena más, y al final, otra.
  • La inmediata secuela a la presente será Thor: Ragnarok (Thor: Ragnarok, 2017), aunque también hay vías que conducen a Vengadores: La guerra del infinito – 1ª parte (Avengers: Infinity War – Part I, 2018), Ant-Man and the Wasp (2018) y sendas películas con Spider-Man —Spider-Man: Homecoming (2017)— y Pantera Negra —Black Panther (2018)—.
  • Estrenada en Estados Unidos, en una premiere de Los Ángeles, el 12 de abril de 2016, pero no se estrenará masivamente hasta el 6 de mayo. En España se estrenó el 29 de abril.

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

[1] Su siguiente participación en el Universo Cinematográfico Marvel será rodar la próxima entrega de la saga de Los Vengadores, que se segará en dos partes.

Evilspeak [vd: El legado del diablo; tv: La computadora diabólica] (1981)

Posted in Cine, Reseña, Terror on 29 abril, 2016 by belakarloff

Stanley Coopersmith es un muchacho retraído que cursa estudios en una academia militar. Es huérfano, y sufre las pullas constantes de sus compañeros, y los altos mandos tampoco le facilitan la situación. Cuando le hace limpiar un sótano descubre una entrada oculta a una sala donde encuentra un antiguo manuscrito que relata la historia del padre Esteban, desterrado por la Inquisición española por sus prácticas satánicas…

Dirección: Eric Weston. Producción: Leisure Investment Company, Coronet Film. Productores: Sylvio Tabet, Eric Weston. Productor ejecutivo: S. Tabet. Productores asociados: H. Hal Harris, Gerald Hopman. Guion: Joseph Garofalo, Eric Weston, según argumento de J. Garofalo. Música: Roger Kellaway. Fotografía: Irv Goodnoff. Dirección artística: George Costello, Dena Roth. Montaje: Charles Tetoni. Efectos especiales: Makeup Effects Laboratories (efectos visuales de maquillaje), ream Quest Images (fotografría especial), Robert Clark (escultor de efectos de maquillaje). Intérpretes: Clint Howard (Stanley Coopersmith), R. G. Armstrong (sargento), Joe Cortese (reverendo Jameson), Claude Earl Jones (entrenador), Haywood Nelson (Kowalski), Don Stark (Bubba), Charles Tyner (coronel Kincaid), Hamilton Camp (Hauptman), Louie Gravance (Jo Jo), Jim Greenleaf (Ox), Lynn Hancock (Miss Friedemeyer), Loren Lester (Charlie Boy), Kathy McCullen (Kelly), Lenny Montana (Jake), Leonard D’John (Tony), Bennett Liss (capitán Merrill), Katherine Kelly Lang (Susie Baker), Richard Moll (padre Esteban), Robert Tafur, Sue Casey, Kristine Alskog, Thomas Hilliard, Nadine Reimers, Deborah Dawes, DeForest Covan, Jane Bartelme, Alan Harris… Nacionalidad y año: Estados Unidos 1981. Duración y datos técnicos: 97 / 91 min. Color 1.85:1.

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Los años ochenta son una edad de oro en lo que concierne al cine fantástico. En cuestión de cantidad, sin lugar a dudas, y respecto a la calidad, la cosa ya es más discutible; sin embargo, se hicieron montón de películas destinadas directamente al aficionado, y en ocasiones se hacían con cierto compromiso de respetarlo, de intentar aportar algo digno, aunque fuera un producto comercial en toda regla, siguiendo los cánones de éxito del momento. Así, tenemos este Evilspeak, que no es sino la enésima imitación de Carrie, pero cambiando el sexo de la protagonista, y la temática de poderes psíquicos por satanismo. Pero inclusive tenemos un arranque con un grupo de adolescentes jugando a un deporte, donde se desvelará aquel que será objeto de desprecio por parte de los demás, seguido de una escena de duchas. A partir de ahí, esa fórmula se va distanciando de su inspiradora –salvo en el clímax final, una orgía de sangre y muerte en un local cerrado donde quienes lo humillaron recibirán su merecido–, y la trama se va desarrollando por otros cauces, predecibles, pero que, en todo caso, captan el interés.

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Dirige el conjunto Eric Weston en lo que fue su debut fílmico. Después ha realizado otras ocho películas, de diversas temáticas, solo una de ellas reincidiendo en lo fantástico, Hyenas (2011). Aquí exhibe unos modales muy ochenteros, con esa estética algo chirriante para nuestros ojos actuales, y las escenas de transición destilan un tratamiento rutinario, para esforzarse en los momentos en que acontecen momentos destacables, que aportan algo esencial a la trama.

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Lo mejor de la película es Clint Howard, un excelente actor que, debido a su peculiar físico, no ha tenido excesiva suerte, y ha acabado en papeles secundarios (o terciarios) en muchas películas de terror de serie Z (o grandes producciones de todo género). Es hermano del director Ron Howard, quien lo suele sacar en algunas de sus cintas en papeles muy cortos, y ambos comenzaron de pequeños como estrellas infantiles. Nacido en 1959, Clint empezó a destacar en la serie El show de Andy Griffith (The Andy Griffith Show; 1960-1968), y fue un extraterrestre mítico, Balok, en “La maniobra de la corbomita” (“The Corbomite Maneuver”, 1966) un episodio esencial de La conquista del espacio / Viaje a las estrellas / Star Trek (Star Trek; 1966-1969), para luego pasar a protagonizar una serie que los más veteranos recordarán, El oso Ben (Gentle Ben; 1967-1969).

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Ya feíllo desde niño, con veintidós años hace de adolescente en Evilspeak, su primer film de género, y poco a poco comenzaría a aparecer en esos subproductos típicos de las últimas décadas. De entre ellos destaquemos unos pocos, algunos no despreciables, en una filmografía que supera los doscientos títulos: Initiation: Silent Night, Deadly Night 4 [vd/tv: Ritos satánicos, 1990], de Brian Yuzna, Silent Night, Deadly Night 5: The Toy Maker [vd/tv: Juegos diabólicos, 1991], de Martin Kitrosser –donde repite el mismo personaje, Ricky–, Ticks [tv: Garrapatas, 1993], de Tony Randell, Bigfoot: The Unforgettable Encounter [tv/vd: Bigfoot: El encuentro inolvidable, 1994], de Corey Michael Eubanks, The Dentist 2 [tv/vd: El dentista 2, 1998], de Yuzna…

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Aquí interpreta a un muchacho huérfano, que es destinado a ser educado en una escuela militar, donde por su timidez es despreciado tanto por los compañeros como por los mandos. Howard encarna a este retraído chaval, machacado por las circunstancias y la falta de compasión de sus congéneres, con una gran intensidad. Procura integrarse, y un compañero negro parece el único que le respeta e intenta ser su amigo. La trama aporta un detalle tan curioso como conectar un grimorio antiguo con un elemento tan innovador en la época como un ordenador. Pese a ser sumamente primitiva, la máquina es capaz de efectuar una estupenda traducción de las invocaciones en latín, acaso por influencia de la presencia demoníaca que domina el lugar. Stanley Coopersmith, que ese es el sonoro nombre del chaval protagonista, comienza a obsesionarse con esa labor, también dominado por la citada presencia maligna, y hará uso de ella para la venganza sobre aquellos que lo han humillado. El desequilibrio del chico es paulatino, y Howard matiza muy bien esa derivación hacia la oscuridad; en los instantes finales la expresión de poseso que efectúa el actor es escalofriante. Junto a él, R. G. Armstrong, veterano de gran cantidad de westerns, participa con otra interpretación de valía.

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El film aporta también desnudos, por medio de una secretaria civil que trabaja en el recinto, y que ofrecerá la clásica ducha, y también por parte de los chavales, para que todos los gustos sean satisfechos. Pero, sobre todo, hay un recital de escenas gore absolutamente apabullante, que sobre todo en los espurios tiempos actuales sorprenderá, si se tiene la suerte de acceder a una versión íntegra. Los desmembramientos y las vísceras son aquí el pan nuestro de cada día, tanto en la escena de la ducha de la secretaria como en el clímax final, dentro de la iglesia, cuando acontece la citada venganza.

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En suma, una cinta que, de ser una mera copia de un éxito actual, logra desarrollar una personalidad intrínseca y, sin ser una joya, es un ejemplar interesante, de nivel medio, muy característico de la época.

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Anécdotas

 

  • Título alternativo: Evilspeaks.
  • Título en Argentina: Mensajero de Satanás. Título en México: El mensajero de Satanás.
  • Clint Howard y Don Stark decidieron no intimar durante el rodaje, para así potenciar la hostilidad entre sus personajes.
  • Rodado con un presupuesto estimado de 900.000 dólares, en su primer fin de semana el film obtuvo una taquilla de 400.000, algo insólito dado que solo se estrenó en Los Ángeles y Nueva York.
  • Según Howard y Weston, el montaje primigenio incluía más planos gore que la edición íntegra en DVD norteamericana. Existen, además, diversos montajes, desde uno sin gore hasta otros en diversos grados de “explicitud”.
  • A R. G. Armstrong se le ofreció elegir entre los papeles del coronel Kincaid y del sargento, y eligió este último.
  • Un elemento justo al final de la película, tras el rótulo informando de lo que aconteció con Coppersmith, y antes de iniciarse los créditos, pudiera insinuar una secuela que no se originó. Ese plano en algunas copias también está eliminado.
  • Estrenada en Estados Unidos el 29 de enero de 1982. En España se editó directamente en vídeo, como El legado del diablo, tras su pase por el Festival de Cine Imaginario y de Terror, Imagfic, de Madrid, en su edición de 1982. Después se emitió por televisión como La computadora diabólica.

 

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

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Grizzly (Grizzly) (1976)

Posted in Cine, Reseña, Terror on 28 abril, 2016 by belakarloff

En un parque forestal aparece un gigantesco oso grizzly que comienza a atacar a los excursionistas. El guarda del parque intentará acabar con él, con la ayuda de un naturalista y un piloto de helicóptero.

Dirección: William Girdler, [David Sheldon, escenas adicionales, sin acreditar]. Producción: Joda Productions, Montoro Productions Ltd. Productores: Harvey Flaxman, David Sheldon. Productores ejecutivos: Lloyd N. Adams Jr., Edward L. Montoro. Productor asociado: Lee Jones. Guion: Harvey Flaxman, David Sheldon. Música: Robert O. Ragland. Fotografía: William L. Asman. Diseño de producción: . Montaje: Bub Asman. Efectos especiales: Phil Cory, Bob Dawson. Intérpretes: Christopher George (Michael Kelly), Andrew Prine (Don Stober), Richard Jaeckel (Arthur Scott), Joan McCall (Allison Corwin), Joe Dorsey (Charley Kittridge), Charles Kissinger (Dr. Hallitt), Kermit Echols (Corwin), Tom Arcuragi (Tom), Victoria Johnson (Gail), Kathy Rickman (June), Mary Ann Hearn, Harvey Flaxman, Mike Clifford, David Newton, Mike Gerschefski, Susan Orpin, David M. Holt Jr., Brian Robinson, Sandra Dorsey, Gene Witham, Amos Gillespie, Lee S. Jones Jr… Nacionalidad y año: Estados Unidos 1976. Duración y datos técnicos: 92 min. Color 2.35:1.

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Parece que en todas las películas de determinada fecha para acá que traten el tema de algún animal que ataque a una comunidad, la sombra de Tiburón (Jaws, 1975), de Steven Spielberg, haya de estar presente. Pero el caso no es que los que analizamos películas busquemos fáciles vínculos, sino que estos existen realmente, y en muchos casos el parecido entre ellas y el film seminal basado en la novela de Peter Benchley están ahí, y a veces la única diferencia estriba en el bicho en cuestión.

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Así, solo leyendo la sinopsis de la presente el espectador percibirá el parecido, pues quienes hacen frente al animal son prácticamente el mismo equipo: así, el guarda del parque ocupa el lugar del sheriff en el film de Spielberg, el naturalista es un trasunto del ictiólogo, y el piloto de helicóptero reemplaza al dueño del barco. Por lo demás, también tenemos aquí al clásico político ambicioso: no se trata de un alcalde, dado que están en un parque, sino el supervisor del parque, que escurre el bulto ante toda responsabilidad, hace atraer a la prensa y, por tanto, publicidad al parque, e insta a cazadores inexpertos a salir en busca de la bestia. Y por si fuera poco, hay una escena de los protagonistas reunidos, antes de hacer frente al peligro, donde uno de ellos cuenta un hecho escalofriante, al igual que sucedía en la película de Spielberg con respecto a la catástrofe del Indianapolis; ahí el suceso lo contaba Quinn, el piloto del barco, y aquí lo narra Stober, el responsable del helicóptero.

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En todo caso, el entorno geográfico es tan diferente que el resultado, más o menos, engaña, y sabe a algo fresco. Además, la historia de fondo del protagonista es bastante diferente, aportando al guarda del parque un idilio con una fotógrafa, que apenas es desarrollado, y tampoco resulta en exceso estimulante, pero que sirve para dispensar un tono algo disparejo.

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El responsable a cargo de la puesta en escena es William Girdler (1947-1978), cineasta desaparecido prematuramente, a los treinta años de edad, a consecuencia de un accidente de helicóptero, cuando este chocó contra unos cables de un tendido eléctrico. Esta muerte, por supuesto, dejó en la duda sobre qué podría haber arrojado en el futuro, y se ha convertido en un director de culto, desde que debutó en 1972 con Asylum of Satan [vd/tv: Hospital de Satán], hasta su última película con Retorno desde la quinta dimensión (The Manitou, 1978), dirigiendo en total nueve filmes, seis de los cuales son de terror.

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Grizzly (Grizzly, 1976) está dirigida con brío, sin detenerse en dilaciones, y va directa al meollo, que consiste en hacer un producto comercial, entretenido y sin excesivas complicaciones argumental. Los diálogos resultan funcionales y van al grano, no hay un desarrollo profundo de personajes, pero dado que el trío protagonista son intérpretes sólidos –en particular Prine y Jaeckel–, estos transmiten convicción y dimensión a sus cometidos.

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En la época de su estreno sorprendió por el uso del gore en las escenas de los ataques, y hoy inclusive puede asombrar por dos momentos muy bestias, cuando el oso arranca la cabeza a un caballo de un zarpazo y, sobre todo, en un increíble momento, al amputar una pierna a un niño de cuatro años. Por lo demás, tiene una fotografía atractiva, de un grato colorido, y una música muy superior a la habitual en cintas de bajo presupuesto.

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El film ha derivado en una cinta de culto divertida y entrañable, típica para ver en una tarde sin excesivas ganas de pensar, pero sabiendo también que no te vas a encontrar ante un subproducto.

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Anécdotas

  • Títulos alternativos: Claws / Killer Grizzly.
  • Títulos en México: Garras de la muerte / Grizzly: Garras de la muerte.
  • La historia india que narra el personaje que interpreta el actor Andrew Prine fue improvisada por él mismo.
  • La actriz Susan Backlinie, que interpreta a una de las víctimas del oso, interpretó a la primera víctima de Tiburón.
  • En los diálogos se marca diferenciación entre los osos pardos y los grizzly, cuando en realidad son la misma subespecie.
  • El oso fue interpretado por Teddy, que con 3,35 m de altura era el grizzly más grande en cautividad, pero no podía ser entrenado. Los actores fueron protegidos de él por medio de un cable eléctrico que recorría la zona. En los planos de ataque fue reemplazado por un muñeco mecánico.
  • El éxito de la película, con 39 millones de recaudación –el presupuesto fue de 750.000 dólares–, la hizo el film independiente de más éxito de 1976. Ello condujo a rodar al año siguiente El día de los animales (1977), con todo el equipo repitiendo, incluido Teddy. Sin embargo, no es una secuela.
  • El soberbio póster original de la película está realizado por Neal Adams.
  • El papel luego destinado a Andrew Prine fue ofrecido inicialmente a Ben Johnson. El que hizo Christopher George fue ofrecido a Clint Walker, pero prefirió hacer el telefilm La bestia de las nieves (Snowbeast, 1977).
  • El rodaje tuvo lugar entre el 18 de octubre y el 21 de noviembre de 1975. Era casi época invernal, y Teddy estaba a punto de invernar, lo cual provocó problemas en algunas escenas.
  • El mismo año 1976 se publicó una novelización de la película, escrita por Will Collins.
  • Secuela: Grizzly II: The Concert (1983), de André Szöts. Esta película es famosa por ofrecer en un papel brevísimo a George Clooney. Otros títulos adicionales: Predator: The Concert / Grizzly II: The Predator.
  • Estrenada en Estados Unidos el 12 de mayo de 1976 en Nueva York, y después masivamente por todo el país el 21 de mayo. En España se estrenó el 3 de enero de 1977.

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

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Nocturna anuncia sus primeros homenajes 2016

Posted in Actores, Cine, Directores, Festivales, Noticias on 27 abril, 2016 by belakarloff

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El Festival Internacional de Cine Fantástico de Madrid, NOCTURNA, continuará este año su ya tradicional homenaje a los grandes del género con la celebración de un homenaje especial a una película que marcó un antes y un después en el cine de terror, logrando que incluso la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Hollywood crease una nueva categoría con la que reconocer el increíble trabajo de maquillaje realizado en la película.

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 NOCTURNA 2016 tiene el inmenso placer de anunciar la celebración del 35 aniversario del estreno de Un hombre lobo americano en Londres en nuestro país, con la entrega del premio Maestros del Fantástico a su director John Landis, que nos acompañará durante el Festival y mantendrá además un encuentro con la prensa y el público durante el certamen.

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John Landis (Chicago, 1950) es un director, guionista, productor e incluso actor norteamericano, que se caracteriza por el uso del humor en su filmografía, independientemente del género que realice. En su currículum figuran títulos tan conocidos como Desmadre a la americana, Granujas a todo ritmo, Un hombre lobo americano en Londres, El príncipe de Zamunda, En los límites de la realidad: La película, Sangre fresca o Superdetective en Hollywood III. Recientemente ha participado en las antologías de terror televisivas auspiciadas Masters of Horror o Fear Itself, además del largometraje protagonizado por Simon Pegg y Andy Serkis, Burke and Hare. Gracias al éxito de Un hombre lobo americano en Londres, Landis revolucionó el mundo del videoclip con el Thriller de Michael Jackson, que contribuyó enormemente a que el álbum se convirtiese en el más vendido de la historia. Algunos años más tarde repetiría con el rey del pop dirigiendo el vídeo musical de Black or White.

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Otro de los homenajeados este año, lamentablemente, no podrá estar con nosotros. Y es que NOCTURNA 2016 quiere homenajear en su 105 cumpleaños, al que posiblemente haya sido el actor más carismático e importante que ha dado el género en Norteamérica, y que desde este año prestará su nombre al premio al mejor actor: Vincent Price. Su hija Victoria Price nos visitará para hacernos partícipes de anécdotas y curiosidades de su padre y presentar el homenaje que se llevará a cabo en el festival con una de sus más conocidas películas.

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Vincent Price (San Louis, 1911 – Los Ángeles, 1993) fue el villano perfecto. Una de las caras más reconocibles del cine de terror que deleitó a generaciones y generaciones de aficionados al género durante su carrera. Títulos tan conocidos como Los Crímenes del Museo de Cera, La Mosca, La Mansión de los Horrores, El Péndulo de la Muerte, El Cuervo, La Tumba de Ligeia, La Máscara de la Muerte Roja, El Último Hombre sobre la Tierra o El Abominable Doctor Phibes son tan sólo algunos de los títulos que este titán del género elevó a la categoría de obras de culto gracias a su carisma y capacidades interpretativas.

 

 

Cabalgando hacia el Oeste: Un breve recorrido por la historia del western en el cine

Posted in Artículo, Cine, Western on 27 abril, 2016 by belakarloff

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Aunque parezca una obviedad, conviene señalar que el cine del oeste deriva de la literatura del oeste. A lo largo del siglo XIX se escribirían determinadas historias centradas en relatar el proceso de colonización de Estados Unidos. Por aquel entonces, ese tipo de literatura se inscribía dentro del género de aventuras, como pudiera ser la pionera El último mohicano / El último de los mohicanos (The Last of the Mohicans, 1826), de James Fenimore Cooper1. Este título, por lo demás, también presagia la diversidad temática del género, pues, aunque principalmente el western se centre en el proceso de colonización de la franja occidental a lo largo de Estados Unidos durante el siglo XIX, también habrá muestras que se focalicen, cronológicamente, antes y después de ese período, y geográficamente se extenderá hacia el norte, llegando a Alaska, o al sur, hasta México. Incluso estilísticamente habría westerns ambientados en lugares tan peregrinos, a priori, como Argentina o Australia. Después surgiría la literatura popular, en lo que se llamó en el período comprendido entre 1850 y 1900 como dime novel2, el precedente de la literatura pulp.

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La primera dime novel es considerada Malaeska; the Indian Wife of the White Hunter, aparecida en junio de 1860, cuyo título deja claros sus objetivos. A partir de ahí se publicarían novelitas que exponían, por lo general, las gestas épicas de los héroes de las praderas como Buffalo Bill, Wild Bill Hickok o Billy el Niño. Mientras este tipo de literatura se publicaba en Estados Unidos, en Alemania surgió un autor llamado Karl May (1842-1912), que popularizaría sus historias ambientadas en el oeste norteamericano, como la trilogía protagonizada por el indio Winnetou3. La primera novela en considerarse estrictamente como un western es The Virginian (1902), de Owen Wister4. A esta le seguiría el autor de novelas del oeste más popular de la historia, Zane Grey (1872-1939). Pese a empezar publicando en 1903, alcanzaría la fama con Los jinetes de la pradera roja (Riders of the Purple Sage, 1912). Simultáneamente, las revistas pulp, con publicaciones como Western Story Magazine, Star Western, West, Cowboy Stories o Ranch Romances acercarían el género a lectores de todas las edades y sensibilidades. Otros escritores importantes de literatura del oeste serían después Louis L’Amour (posiblemente el más popular después de Grey), A. B. Guthrie Jr., Elmore Leonard, Leigh Brackett, Larry McMurtry o muchos otros.

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En España, el mítico escritor José Mallorquí se adentraría con amplitud en el género, habiendo creado un personaje que bordea el mismo, El Coyote. Después, dentro también de la novela popular, contaríamos con autores como Marcial Lafuente Estefanía, Silver Kane [Francisco González Ledesma], Keith Luger [Miguel Oliveros Tovar] y otros muchos. Por supuesto, toda esta tradición habría de reflejarse en el cine, sea directamente como adaptaciones o reinterpretando toda la rica tradición que subyace en su narrativa.

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Se suele considerar el primer western cinematográfico Asalto y robo de un tren (The Great Train Robbery, 1903), de Edwin S. Porter, aunque con anterioridad Thomas Edison, por medio del kinetoscopio, también ofreció aportaciones de un par de minutos de duración. Después, comenzaron a aparecer los primeros títulos populares del género en la pantalla. Bronco Billy Anderson, que aparecía en el corto de Porter, sería el primer héroe; en primer lugar, simplemente protagonizando, pero después se implicaría más en las películas y acabó escribiendo los guiones y dirigiéndolas. Era representante de un cine popular y directo. Su más directo continuador sería William S. Hart, tanto en el sentido de estrella como director, y que podría considerarse el primer autor en el western cinematográfico. Inicialmente, podría verse como una sombra de Anderson, pero Hart aportó una visión propia al género, con una mirada límpida a la mítica del vaquero. Su película más importante sería la esencial El hijo de la pradera (Tumbleweeds, 1925).

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Mientras, por esas mismas fechas, apareció un director irlandés que firmaba inicialmente como Jack Ford. Comenzó a rodar westerns de dos bobinas, protagonizados muchos de ellos por Harry Carey; su primer largo fue A prueba de balas (Straight Shooting,  1917), y ya en los años veinte rodó dos obras maestras como son El caballo de hierro (The Iron Horse, 1924) y Tres hombres malos (3 Bad Men, 1926). Otro western mudo que cabría destacar en este breve recorrido es La caravana de Oregón (The Covered Wagon, 1923), de James Cruze. La llegada del sonoro parecía presagiar grandes cambios en el género. A la masiva producción de películas de caballistas durante el periodo mudo protagonizadas por héroes como Rod La Rocque, Charles Bickford, Hoot Gibson, Tom Mix, Tom Keene, Buck Jones, Jack Holt, Richard Dix o Tim McCoy, entre otros muchos, respondieron una serie de títulos un tanto diferentes. Cimarrón (Cimarron, 1931), de Wesley Ruggles, fue un gran éxito y ganó tres Oscars (entre ellos a mejor película) y optó a otras cuatro candidaturas. Además, se produjeron los filmes Billy the Kid o El terror de las praderas (Billy the Kid, 1930), de King Vidor, y La gran jornada (The Big Trail, 1930), de Raoul Walsh5, rodados en formato panorámico; mas estos fueron un fracaso, y supusieron el regreso del género a los cauces de la serie B y el olvido de la producción A dentro del mismo, salvo algún título disperso como Los conquistadores (The Conquerors, 1932), de William A. Wellman, Buffalo Bill (The Plainsman, 1936), de Cecil B. De Mille, o Milicias de paz (The Texas Rangers, 1936), de Vidor.

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 Gene Autry

 

Por tanto, llegó el relevo sonoro a la producción popular durante la etapa muda con un grupo de películas que llegaron a denominarse “de serie”. Eran producciones baratas, de alrededor de una hora de duración, y caracterizadas por el protagonismo de una estrella (o varias) del género; en algunas de ellas el personaje protagonista era fijo, y se repetía de film en film, sin continuidad dramática, aunque también era muy común que la estrella interpretara personajes diferentes (en nombre) pero bajo patrones casi clónicos. Actores de esa etapa, algunos oriundos del mudo, fueron Dick Foran, Gene Autry, Tim McCoy, George O’Brien, Rex Lease, Roy Rogers, William Boyd (con su mítico personaje Hopalong Cassidy), Buck Jones, Hoot Gibson, Tex Ritter o un principiante John Wayne. Es en 1939 (un año glorioso en la historia del cine norteamericano) cuando llega el cambio con una película titulada La diligencia (Stagecoach), del otrora llamado Jack Ford, ahora uno de los más importantes directores de la industria como John Ford. Ford realiza una aproximación al género no desde una perspectiva intelectualoide (tan cara a muchos cineastas actuales), sino desde las propias raíces del género, conociéndolo y amándolo. Toma los arquetipos genéricos (el pistolero de corazón noble, el forajido, el sheriff, la prostituta, el jugador…) y los ubica en un entorno cerrado para analizarlos, para convertir esos arquetipos en seres humanos complejos y poliédricos. Para ello es muy importante la figura de John Wayne, viejo conocido de Ford en tiempos del mudo; retoma todos los esquemas que este habían encarnado con anterioridad a las órdenes de mediocres directores como Robert N. Bradbury y lo convierte en toda una estrella, el westerner por excelencia. Si hay un actor indisolublemente vinculado al género, aunque incursionara en otros muchos, ese es John Wayne.

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La década de los cuarenta será una década de reubicación, donde van confluyendo diversas corrientes. Prosigue el western “de serie”, en algunos casos con la aportación del color; también procedente de la década anterior tenemos los seriales, aventuras de unos veinte minutos que acaban en un “continuará”, y que conforman una sola historia de unos doce capítulos, por lo general; la serie B va tomando pujanza, y aparecen actores característicos como Joel McCrea o Randolph Scott. Dentro de esa serie B surgen títulos estimables como Cuatro caras del oeste (Four Faces West, 1948), de Alfred E. Green, con el primero, o La calle de los conflictos (Abilene Town, 1946), de Edwin L. Marin, con el segundo. Si antes mencionábamos a Wayne como la estrella absoluta del género, un muy digno segundo puesto lo ocupará Randolph Scott.

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La diligencia (1939)

 

Pero por esos años ya los grandes directores del cine norteamericano se empiezan a interesar por el género. Ford, el mismo año que La diligencia, ya ofreció Corazones indomables (Drums Among the Mohawk), y a lo largo de los cuarenta brindará la magistral Pasión de los fuertes (My Darling Clementine, 1946), junto con Fort Apache (Fort Apache, 1948), 3 Godfathers [tv/dvd: Tres padrinos, 1948) y La legión invencible (She Wore a Yellow Ribbon, 1949). Su amigo Howard Hawks, por su parte, también toca el género sesgadamente en The Outlaw [tv/vd/dvd: El forajido, 1943] –sería despedido por Howard Hughes, quien la terminaría- y en la fundamental Río Rojo (Red River, 1948). Se suele referir que los cincuenta supusieron la irrupción del western psicológico, pero ya durante los cuarenta hay muestras que indudablemente cabe catalogarlas en esa condición, tales como las citadas Pasión de los fuertes y Río Rojo, a las que podría añadirse otras más, así The Ox-Bow Incident [tv: Incidente en Ox-Bow, 1943], y Cielo amarillo (Yellow Sky, 1948), ambas de de William A. Wellman. No conviene olvidar cineastas tan vitales como Raoul Walsh con Mando siniestro (Dark Command, 1940), Murieron con las botas puestas (They Died with Their Boots On, 1941) y Juntos hasta la muerte (Colorado Territory, 1949), amén de algunas más. Y añadamos una obra tan atípica como la macro-producción de David O. Selznick Duelo al sol (Duel in the Sun, 1946), donde se aúna melodrama exacerbado, épica y unos caracteres tormentosos. La dirección está acreditada al gran King Vidor, pero también participaron otros realizadores. Los cincuenta supondrán la eclosión y maduración del género, debido a esa aproximación psicológica que se ha mencionado. La cantidad de obras maestras que arrojará el género en esa etapa es apabullante, y citarlas todas supondría efectuar simplemente un largo listado; con todo, es obligado hacer mención, al menos, de Centauros del desierto (The Searchers, 1956), considerado por muchos estudiosos como el mejor western de toda la historia, y realizado por John Ford; su colega Hawks, por su parte, brindaría Río de sangre (The Big Sky, 1952) y la grandiosa Río Bravo (Rio Bravo, 1959), respuesta por su parte a los postulados de un western que no aprobaba moralmente, el sin embargo también excelente Solo ante el peligro (High Noon, 1952), de Fred Zinnemann.

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Winchester ’73 (1950)

 

Durante esa década surgieron nuevos directores especializados en el género, que alcanzarían cotas de maestría apabullantes. Anthony Mann nos legaría un conjunto de maravillas entre las cuales es difícil escoger: Winchester 73 (Winchester ’73, 1950), La puerta del diablo (Devil’s Doorway, 1950), Horizontes lejanos (Bend of the River, 1952), El hombre de Laramie (The Man from Laramie, 1955), El hombre del oeste (Man of the West, 1958) son algunos de ellos, pero aún hay más. Henry King aportaría una inteligente reflexión sobre la condición del pistolero que arrostra su pasado como una maldición con la película que, precisamente, adoptó el título de El pistolero (The Gunfighter, 1950). Delmer Daves brilló con especial fulgor en esa década, y aportó visiones muy distintas del universo westerniano; pese a aportaciones de valía, al menos es obligado citar una obra maestra como El tren de las 3:10 (3:10 to Yuma, 1957), adulta aproximación al personaje de forajido, y que resulta muy interesante contrastar con su reciente, vacuo y prepotente remake homónimo habido en 2007 por parte de James Mangold, que se dedica a rellenar lo que en el original eran austeras elipsis con superfluas escenas de acción y subrayados innecesarios. Nicholas Ray, por su parte, se interesó con más asiduidad por la temática, y puede que su obra maestra sea Johnny Guitar (Johnny Guitar, 1954), que con todo debe muchísimo a una obra previa como es Encubridora (Rancho Notorius, 1952), de Fritz Lang, cuya aportación al género merecería un estudio pormenorizado. John Sturges, por su parte, también se aproximaría al western proveniente desde la serie B, hasta brindar la reflexiva Duelo de titanes (Gunfight at the O.K. Corral, 1957) –aproximación muy distinta pero igualmente valiosa al evento que Ford narraba en Pasión de los fuertes– y la compleja Desafío en la ciudad muerta (The Law and Jake Wade, 1958). George Stevens no era un director especializado en el género, pero cuando se aproximó a este aportó una obra tan brillante como Raíces profundas (Shane, 1953), otro más de los acercamientos a la mítica westerniana desde perspectivas adultas. Un realizador más que se interesó momentáneamente por el género –aunque ya en los cuarenta brindó la brillante El forastero (The Westerner, 1940)– fue William Wyler con el macro-western Horizontes de grandeza (The Big Country, 1958), que bascula entre el intimismo y la espectacularidad de un modo portentoso.

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Comanche Station (1960)

 

Uno de los grandes nombres del género durante los cincuenta sería Budd Boetticher. Provenía de la serie B, y se circunscribió a esta toda su carrera. Sin embargo, de western eficaces como El desertor de El Álamo (The Man from the Alamo, 1953) acabó derivando en el excepcional ciclo protagonizado por Randolph Scott; aquí, su sentido de la abstracción, la economía expresiva y la profundización en los arquetipos llegó a tal nivel que creó una colección de joyas que muy bien forjaron el camino hacia la inmediata derivación del género a su condición crepuscular. De esa saga citemos, al menos, The Tall T [tv/dvd: Los cautivos, 1957] y Comanche Station [tv/dvd: Estación Comanche, 1960], ya inmersa en la década siguiente. También contaríamos con títulos que podrían ir a caballo (nunca mejor dicho) entre la serie A y B, como demuestra la estupenda Hondo (Hondo, 1953), de John Farrow, la intensa Del infierno a Texas (From Hell to Texas, 1958), de Henry Hathaway, o la abstracta Day of the Outlaw [tv/dvd: El día de los forajidos/El día del proscrito, 1959], de André De Toth, director este último más inmerso de por sí en la serie B, dentro de la cual destacaban títulos protagonizados por estrellas como los citados Randolph Scott y Joel McCrea, o realizadores todoterreno como Lesley Selander. Los sesenta suponen la dispersión temática. Poco a poco, en esa época comienza a languidecer el género, si bien también se dan algunos de sus títulos más importantes, curiosamente. El más importante, y para el que esto firma el mejor western de todos los tiempos, fue El hombre que mató a Liberty Valance (The Man Who Shot Liberty Valance, 1962) de John Ford, una aportación lírica y poliédrica, que supone al mismo tiempo una incursión en el mito y su propia desmitificación, el recuerdo del pasado y la mirada al futuro de un género. La perspectiva crepuscular del western se desarrollaría a lo largo de los sesenta, pero una de las principales piedras de toque para desarrollarlo sería la presente joya del género.

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Los siete magníficos (1960)

 

Los siete magníficos (The Magnificent Seven, 1960), de John Sturges, aún se apoyaba en el tono de la década previa, con un toque de macro-western, pero por esta época surgió un nombre que representaría como pocos el concepto de western crepuscular. Ese sería Sam Peckinpah, un hombre proveniente de la televisión, que amaba el género y que, sin embargo, se centró en su destrucción, como si así dijéramos, desde una óptica de reflexión de la desintegración de un mundo para ser reemplazado por otro totalmente distinto. Duelo en la Alta Sierra (Ride the High Country, 1962) está protagonizada por Randolph Scott y Joel McCrea (tras pensarse en Gary Cooper y John Wayne), y están utilizados con toda intención (tal como hizo Stevens con Alan Ladd en Raíces profundas), como representantes de un universo que se está desmoronando. Esa misma década Peckinpah aportó otro ejemplo con la intensa y telúrica Grupo Salvaje (The Wild Bunch, 1969), donde la forma de entender ese referido universo se va quedando atrás, como los dinosaurios que van siendo exterminados a lo largo de su metraje. Durante esa década, el western de serie A irá perdiéndose de un modo paulatino, y el de serie B, debido a los costes y la competencia de la televisión, se deslizará peligrosamente hacia cánones de serie C ó Z. Títulos aislados supondrán el excelente Río Conchos (Rio Conchos, 1964), de Gordon Douglas, que aunaba también el clasicismo con los nuevos rumbos que tomaba el género. También destaca el sobrevalorado Dos hombres y un destino (Butch Cassidy and the Sundance Kid, 1969), que parte de un complejo guión escrito por William Goldman que su realizador George Roy Hill desliza por los meandros de la superficialidad. O de igual modo contamos con la simpática La leyenda de la ciudad sin nombre (Paint Your Wagon, 1969), de Joshua Logan.

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Hasta que llegó su hora (1968)

 

El cine del oeste venía rodándose también en Europa desde los tiempos del cine mudo. Una industria como la italiana también lo hacía y, en general, su adscripción al cine de género fue constante. A mediados de los sesenta esa cinematografía tuvo una eclosión con Hércules (Le fatiche di Ercole, 1958), de Pietro Francisci, y durante lo que quedaba de década e inicios de los sesenta fue inundando el mercado de un género denominado peplum, y que ya existía en Italia, en todo caso. La sobresaturación impuso la agonía, y se hubo de fijar la atención en otros géneros. Había muchos, desde luego, como el poliziesco, el giallo, el terror o los seudobonds, pero el western fue también uno de los que se tocaron, y con gran éxito de público. Inicialmente, los productos que surgían de los estudios italianos imitaban los moldes americanos, y los mejores semejaban entregas de serie C provenientes del otro lado del Atlántico. Sin embargo, la irrupción de un director como Sergio Leone cambió el modo de entender el género. Leone realizó sus películas con un ojo puesto en la historia del Oeste americano, y el otro en los clásicos del género, en especial John Ford. Lo que innovó no fue tanto el fondo como la forma. Su sentido de la planificación, el tempo y la psicología que imprimió a sus personajes fueron los que crearon todo un subgénero denominado spaghetti-western, y que después muchos de sus imitadores hiperbolizaron hasta el límite de la parodia, consciente o inconsciente. El director ofreció títulos hoy esenciales como Por un puñado de dólares / Per un pugno di dollari (1964), La muerte tenía un precio / Per qualche dollaro in più (1965), El bueno, el feo y el malo / Il buono, il brutto, il cattivo (1966) y, en especial, Hasta que llegó su hora (C’era una volta il West/Once Upon a Time in the West, 1968), una fastuosa obra maestra plena de lirismo y personajes en el límite de la abstracción y el arquetipo.

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Cara a cara (1967)

 

Como se ha dicho, otros muchos aparecieron para proseguir, de un modo u otro, la estela forjada por Leone, aunque gran parte de este sub-género alcanzó límites caricaturescos. Sin embargo, conviene resaltar que junto a Sergio Leone aparecieron otros dos Sergios de interés. Por un lado, tenemos a Sergio Sollima, que aportó entregas como El halcón y la presa / La resa dei conti (1966), Cara a cara / Faccia a faccia (1967) y Corre, Cuchillo… ¡corre! (Corri uomo corri, 1968). Y por otro, Sergio Corbucci, responsable de, entre otras, Django (1966), Salario para matar / Il mercenario (1968) y, en especial, la poética Il grande silenzio [dvd: El gran silencio, 1968]. Conviene no olvidar que en España, lugar por antonomasia del rodaje de gran parte de este tipo de producciones (e incluso muchas norteamericanas) también se dio este fenómeno, en ocasiones por medio de la co-producción, como puede identificarse en algunos de los títulos previamente citados. Ya en los cincuenta nuestra cinematografía tocó (en serio) el género, por medio de las adaptaciones de la obra del gran José Mallorquí. En los sesenta conviene destacar a un cineasta como Joaquín Luis Romero Marchent, nombre, por cierto, detrás de algunas de esas versiones del creador de El Coyote mencionadas.

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Antes llega la muerte (1964)

 

Es digna de destacar su obra maestra Antes llega la muerte (1964), así como Aventura en el oeste (1965) y El sabor de la venganza (1966). Su hermano, Rafael Romero Marchent, también tocó el género, con resultados inferiores mas no desdeñables, en algunos casos. Añadamos aportaciones del lustre de Brandy – el sheriff de Losatumba (1964), de José Luis Borau (con Mallorquí también implicado, por cierto). Los setenta supusieron una prolongación de lo que representó la década anterior. El perfil crepuscular representado por Peckinpah proseguía en títulos como La balada de Cable Hogue (The Ballad of Cable Hogue, 1970) y Pat Garret y Billy The Kid (Pat Garret & Billy The Kid, 1973). Incluso directores clásicos se adscribían a este enfoque, como hizo el gran Joseph Leo Mankiewicz con El día de los tramposos (There Was a Crooked Man…, 1970), difícil equilibrio entre la ironía y la seriedad, la desmitificación y la ortodoxia. Por esos años abundaron las realizaciones de títulos crepusculares de muy distinto talante, y que merecerían un análisis concreto dentro de ese breve período de tiempo. Apuntemos títulos teñidos de desencanto, reflexión y melancolía como Dos hombres contra el Oeste (Wild Rovers, 1971), de Blake Edwards, Pistoleros en el infierno (Bad Company, 1972), de Robert Benton, Sin ley ni esperanza (The Great Northfield Minnesota Raid, 1972), de Philip Kaufman, Coraje, sudor y pólvora (The Culpepper Cattle Co., 1972), de Dick Richards, Tres forajidos y un pistolero (The Spikes Gang, 1974), de Richard Fleischer, y otros muchos.

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El fuera de la ley (1976)

 

Y también llegó el momento de la abstracción, como apunta la mexicana El Topo (El Topo, 1970), del polifacético Alejandro Jodorowsky. Sin embargo, por esas fechas surgió uno de los nombres fundamentales, y a día de hoy es uno de los cineastas más puros que perviven en Estados Unidos. Clint Eastwood logró la fama con su participación en el cine de Leone y, una vez regresado triunfal a los Estados Unidos, basculó entre el thriller y el western, principalmente, creando equipo con el excelente Don Siegel. Con esos dos directores como referentes en su carrera y, sobre todo, la rica tradición genérica existente (en especial el sempiterno y esencial John Ford), Eastwood debutó como director en los setenta. Su primera película del género fue la semi-fantástica Infierno de cobardes (High Plains Drifter, 1973), que llevaba un paso más allá los postulados del spaghetti-western. Una obra más reflexiva, y que retrotrae al cine de autores como Anthony Mann o Richard Brooks, sería El fuera de la ley (The Outlaw Josey Wales, 1976). Con todo, el Oeste languidecía, y pese a seguir haciéndose, cuantitativamente, aceptables muestras del mismo, los títulos de significación iban menguando. En los ochenta y noventa algunos directores intentan seguir manteniendo encendida la hoguera del género.

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Forajidos de leyenda (1980)

 

Así, Lawrence Kasdan, que nos aportará obras que tienen un pie en la reflexión metagenérica y otro en el tributo cinéfilo, con muestras como Silverado (Silverado, 1985) y Wyatt Earp (Wyatt Earp, 1994). Por su parte, un cineasta como Walter Hill daba muestras ocasionales de su tributo al género y su adscripción como continuador de Peckinpah, desde Forajidos de leyenda (The Long Riders, 1980), pasando por Gerónimo, una leyenda (Geronimo: An American Legend, 1993), y Wild Bill (Wild Bill, 1995), por no citar sus incursiones televisivas, que se apartan de los objetivos de este breve recorrido. Otro actor pasado a director, este con resultados menos inspirados, sería Kevin Costner, que en su debut en la materia, Bailando con Lobos (Dances with Wolves, 1990), logró un gran éxito popular, a rebufo de siete Oscars, una temática con mensaje, que hizo pensar a muchos que era la primera vez que el cine norteamericano ofrecía una visión pro-india, y una hermosa música compuesta por John Barry. Su segunda incursión en el género, sin embargo, Open Range (Open Range, 2003), se saldó con un sonoro fracaso. Pero, por supuesto, quien ha seguido manteniendo en alto el estandarte ha seguido siendo Clint Eastwood, que en todas sus aproximaciones al género ha brillado alto. El jinete pálido (Pale Rider, 1985) supone una relectura de Raíces profundas, potenciando los elementos fantásticos de su título inaugurador, y Sin perdón (Unforgiven, 1992) podría definirse como un tardío western crepuscular, suponiendo toda una reflexión sobre el devenir de los que forjaron una vez el oeste: el personaje que encarna Saul Rubinek, el del periodista que acompaña al forajido y va forjando la leyenda, era muy habitual en la época de la conquista de esos territorios6, y aquí se ve cómo esas leyendas fueron forjándose, a despecho de la realidad.

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Valor de ley (2010)

 

Los últimos años están ofreciendo aproximaciones al género de talante muy distinto, pero muchas de ellas con un carácter revisionista. El peculiar Jim Jarmush mostró su punto de vista en la semi-surrealista Dead Man (Dead Man, 1995), y acaso dudoso de sus intenciones se dedica a subrayar hasta la extenuación todas las alegorías que va forjando. Ya se mencionó la innecesaria revisión de El tren de las 3:10 (3:10 to Yuma, 2007), por parte de James Mangold. La diarreica El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford, 2007), de Andrew Dominik, ha de emplear 160 minutos para realizar un estudio sobre sus personajes cuando eso mismo ya lo hizo Sam Fuller en 1949 con Balas vengadoras (I Shot Jesse James), en solo 81 minutos, con mucha más precisión, hondura y claridad. El actor Ed Harris se aproxima al género por medio de Appaloosa (Appaloosa, 2008), y pese a diversas pérdidas de rumbo en más de una ocasión, al menos se percibe un conocimiento de los códigos que emplea. Los hermanos Joel y Ethan Coen retoman Valor de ley (True Grit, 2010), adaptando no tanto la novela original de Charles Portis, tal como anunciaron, sino reinterpretando desde otra óptica la valiosa visión que aportó en 1969 Henry Hathaway, y puede considerarse una de las aportaciones más interesantes que ha ofrecido ese espíritu revisionista que está asolando el género en los últimos años. Es de desear que Clint Eastwood regrese al género, el único, acaso, capacitado para llevar este hasta las más altas cotas artísticas sin por ello negarle el pálpito de vida y emoción que siempre lo ha caracterizado.

Carlos Díaz Maroto

 

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1  Esta es la más famosa novela de una saga del escritor protagonizada por el personaje común de Natty Bumppo. Las obras que componen ese ciclo son: El cazador de ciervos (The Deerslayer, 1841), El último mohicano, El buscador de pistas (The Pathfinder, 1840), Los pioneros / Los nacimientos del Susquehanna o Los primeros plantadores (The Pioners, 1823) y La pradera (The Prairie, 1827) [citados por su orden de lectura recomendado].

2  Literalmente, “novela de diez centavos”. Se suele traducir como “novela barata”.

3  Pese a que desde los años veinte se hicieron adaptaciones de su obra al cine, en 1958 se inició un amplio ciclo con Caravana de esclavos / Die Sklavenkaewane, de Georg Marishka y Ramón Torrado, pero fue en 1962, con El tesoro del lago de la plata (Der Schatz im Silbersee), de Harald Reinl, que la popularidad de este “oeste a la alemana” se extendió mundialmente.

4  No me consta que se haya publicado en español. Su popularidad vendría en nuestro país con una larga serie televisiva que la adaptaba, El virginiano (The Virginian; 1962-1971), aunque también con anterioridad se llevó al cine (y al teatro).

5  Aun no existiendo el doblaje, en España se estrenó inicialmente otra versión rodada en español, Horizontes nuevos (1931), dirigida por David Howard y Sam Schneider, y con Jorge Lewis [George J. Lewis] reemplazando a John Wayne como protagonista.

6  Un personaje de esas características aparecía en la valiosa El zurdo (The Left Handed Gun, 1958), de Arthur Penn, y Bob Dylan da vida a alguien de características muy similares en la citada Pat Garret y Billy The Kid.

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