Doc Savage: el hombre de bronce

Docsavage

Doc Savage fue creado por el autor Lester Dent, que escribió casi todas las 181 entregas que aparecieron durante diecisiete años en el Doc Savage Magazine de Street & Smith, con el seudónimo de Kenneth Robeson. “Lo del seudónimo fue idea del editor ―refiriría Dent―. Estoy en contra de esa clase de cosas, y siempre he creído que un escritor trabaja mucho mejor cuando sabe que lo que escribe se publicará con su nombre”[1].

La primera aventura, The Man of Bronze, apareció en marzo de 1933, y en seis meses emergieron nada menos que veintisiete imitaciones. En 1940 fue trasladado al cómic por la propia Street & Smith (y después por Gold Key, Marvel, DC y Millennium), se convirtió en serial radiofónico y fue traducido a infinidad de idiomas (¡incluso el español!).

Dent, en la década de los 30

Dent, en la década de los 30

La idea brotó repentinamente, según Dent: “Empecé a buscar un personaje para todas las historias que quería escribir, y decidí echar un vistazo a lo que habían creado otros escritores. Sherlock Holmes me proporcionó la habilidad deductiva, Tarzán de los Monos el físico impresionante y la potencia muscular, Craig Kennedy [un detective científico de los primeros años de los pulps] sus conocimientos, y Abraham Lincoln esa aureola indefinible estilo Jesucristo. Lo mezclé todo, lo agité… y obtuve a Doc Savage”[2].

Sin embargo, otras fuentes[3] indican un origen distinto. La idea inicial provendría de Henry Ralston, jefe de distribución de la Street & Smith, quien buscaba una revista de un personaje único que correspondiera en vena aventurera al tono de misterio que ofrecía La Sombra. John Nanovic, un joven editor que trabajaba en The Shadow desde la cuarta entrega, recogió el concepto de Ralston y escribió un esbozo del personaje a desarrollar, que Lee Server matiza del siguiente modo[4]: “Clark Savage Jr. [es] un musculoso genio, cirujano, minerólogo, ingeniero, inventor y experto en idiomas, a tal punto de ser el Supremo Aventurero. El tono de su piel es el del bronce encendido (‘lo cual denotaba los largos años consumidos bajo soles tropicales y cielos norteños’), su cabello es del matiz del fósforo, y así son también sus ojos separados, magnéticos como el refulgir del oro… no por nada es conocido como el Hombre de Bronce. Tiene su cuartel general en un rascacielos de Manhattan, donde Doc es el líder de un grupo de otros cinco aventureros igualmente pintorescos: Renny, otro gigante musculoso e ingeniero de fama mundial; Long Tom, un enjuto genio de la electrónica; Johnny, un geólogo huesudo y de aspecto estudioso y ‘el mayor físico del mundo’; Monk, genio de la química con el cuerpo de un gorila; y Ham, sardónico, vestido de forma elegante, abogado educado en Harvard, que  empuña un espada engastada en un bastón”.

Una de las innumerables adaptaciones al cómic

Una de las innumerables adaptaciones al cómic

A lo largo de las 181 entregas que Street & Smith publicó, Doc Savage, genio y aventurero, hizo uso de inventos que aún no estaban por desarrollar por aquel entonces, y se enfrentó a grandiosos villanos (Mullah el místico, el Ogro de los Sargazos, el repugnante John Sunlight, el Conde Ramadanoff, un sádico pianista…) y atroces peligros (monstruos mutados genéticamente, hormigas antropófagas, radiaciones paralizantes…). Clark Savage, conocido como ‘Doc’ Savage, tiene un refugio en el Ártico, la Fortaleza de la Soledad[5], custodiado por una tribu de esquimales.

La primera edición en castellano fue debida a la Editorial Molino, dentro de su colección “Hombres Audaces”, que ofreció 97 títulos desde abril de 1936 hasta el año 1953. Más adelante, en los años ochenta, el barcelonés Centro Autónomo de Trabajos Editoriales intentó recuperar este personaje de pulp (y otros), pero no logró demasiadas entregas.

La primera edición española

La primera edición española

Esta primera aventura de Doc Savage presenta al aventurero y a su equipo, que han de viajar a un imaginario país de Centroamérica para que Clark se haga cargo de una herencia que le legó su padre asesinado. Eso le hace contactar con conspiraciones contra el gobierno y una ciudad perdida en la jungla con mayas supervivientes, que poseen una pirámide de oro, literalmente. Lo que más llama la atención es la redacción literaria tan pobre que ostenta, de una simpleza en la construcción gramatical propia de un muchacho de doce años. A esto contrasta cierta habilidad en la construcción de tramas y personajes, lo que termina enganchando al aficionado a la literatura pulp que intente hacer un poco oídos sordos hacia esa pobreza literaria. La trama, sencilla pero efectiva, fue la que me obligó a seguir la lectura y no abandonarla, e incluso el final, donde se anuncia la próxima aventura, incita a tomar el segundo volumen y seguir con él.

Resulta también llamativo el parecido de una amplia parte de la novela con una posterior película sobre el personaje de Tarzán como es Tarzán 66 (Tarzan and the Valley of Gold, 1966), dirigida por Robert Day y escrita por Clair Huffaker[6], con Mike Henry como el Señor de los Monos en la primera de sus tres encarnaciones. La película ofrece un arranque muy a lo James Bond, con Tarzán enfrentándose a unos delincuentes en una plaza de toros mexicana vacía, y después llegando a una ciudad perdida en la selva, con una gran pirámide, que guarda en sus subsuelos una remesa ingente de piezas de oro. Como puede verse, a grandes rasgos, es prácticamente igual.

Una escena de la película, en la sala del tesoro

Una escena de la película, en la sala del tesoro

Los motivos de este parecido podrían ser tres:

1)      Mera casualidad.

2)      Un plagio por parte de Huffaker de la novela de Doc Savage.

3)      Que se tratara de un guion readaptado que originalmente pretendiera ser una película de Doc Savage. De hecho, en ese mismo 1966, hubo un intento de rodar una película por parte de la productora Goodson-Todman, que se titularía Thousand-Headed Man, a partir de la novela La ciudad fantasma (The Phantom City, 1933), y a protagonizar por el muy adecuado Chuck Connors. Sin embargo, problemas legales cancelaron el proyecto. Puede que, antes de plantearse llevar a cabo la citada novela, o paralelamente a ello, se trabajó sobre otra adaptación de la presente, que al no rodarse fue transformada en esa aventura de Tarzán para aprovechar el trabajo.

Doc Savage: el hombre de bronce; por Kenneth Robeson; traducción del inglés, H.C. Granch. Sant Cugat del Vallés (Barcelona): Centro Autónomo de Trabajos Editoriales, 1981. Colección: Doc Savage; nº 1. T.O.: The Man of Bronze (1933).

 

Carlos Díaz Maroto


[1] “El hombre oculto detrás de Doc Savage”, por Cal Tinney, en Comics Scene nº 10, Ediciones Zinco, octubre 1992.

[2] Íbid. El inciso es del editor.

[3] Lee Server en Danger is my bussines: an illustrated history of the fabulous pulp magazines, 1896-1953. San Francisco (California): Chronicle Books, 1993.

[4] Op. cit.

[5] Ya puede comprobar el lector cómo una de las fuentes de inspiración para la creación de Dent fue Clark Kent, alias Superman.

[6] Clair Huffaker (1926-1990) fue guionista de no pocas series de televisión del oeste, así como de películas del género como Estrella de Fuego (Flaming Star, 1960), de Don Siegel, Los comancheros (The Comancheros, 1961), de Michael Curtiz [y John Wayne], Río Conchos (Rio Conchos, 1964), de Gordon Douglas, Ataque al carro blindado (The War Wagon, 1967), de Burt Kennedy, o Cien rifles (100 Rifles, 1969), de Tom Gries. Pero también fue novelista de westerns, así, las novelas que dieron lugar a las referidas Estrella de Fuego, Río Conchos, Ataque al carro blindado y otras películas más. Que yo sepa, ninguna novela suya se ha publicado en España.

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4 comentarios to “Doc Savage: el hombre de bronce”

  1. doctorwatson65 Says:

    Buen artículo…

  2. doctorwatson65 Says:

    Carlos mira aquí… hablan de la película de Tarzan y otras cosas que te interesaran… http://www.erbzine.com/mag2/0210.html

  3. doctorwatson65 Says:

    Otro parecido de «Tarzán 66» con Doc Savage… la novela «The Golden Peril»… http://docsavage.wikia.com/wiki/The_Golden_Peril

  4. Gracias, Luis. Veo que mis sospechas no iban muy desencaminadas…

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