El extraño caso del doctor Jekyll (Dr. Jekyll and Mr. Hyde) (1941)

El doctor Jekyll está prometido a la bellísima Beatrix Emery, hija del estricto Sir Charles. Jekyll también es un científico que apela a la teoría de que, dentro de todos nosotros, coexisten el bien y el mal, y que pueden ser separados en dos entidades diferentes, dejándonos solo los impulsos positivos. Ante los problemas de experimentar en un paciente humano, tras realizar pruebas con animales, finalmente decide probarlo sobre sí mismo. Entonces surge Mr. Hyde…

Dirección: Victor Fleming. Producción: Metro-Goldwyn-Mayer. Productores: Victor Fleming, Victor Saville. Guion: John Lee Mahin, [Paul Osborn, sin acreditar], basado en la novela de Robert Louis Stevenson [y el guion de Percy Heath y Samuel Hoffenstein de1931, sin acreditar]. Fotografía: Joseph Ruttenberg. Música: Franz Waxman, Daniele Amfitheatrof, Mario Castelnuovo-Tedesco. Montaje: Harold F. Kress. Dirección artística: Cedric Gibbons. Efectos especiales: Jack Dawn (maquillaje), Warren Newcombe (efectos especiales). Intérpretes: Spencer Tracy (Dr. Henry Jekyll / Mr. Hyde), Ingrid Bergman (Ivy Peterson), Lana Turner (Beatrix Emery), Donald Crisp (Sir Charles Emery), Ian Hunter (Dr. John Lanyon), Barton MacLane (Sam Higgins), C. Aubrey Smith (el obispo), Peter Godfrey (Poole), Sara Allgood (Mrs. Higgins), Frederick Worlock (Dr. Heath), William Tannen (Fenwick), Frances Robinson (Marcia), Denis Green (Freddie), Billy Bevan (Mr. Weller), Forrester Harvey (Prouty), Lumsden Hare (coronel Weymouth), Lawrence Grant (Dr. Courtland), John Barclay, Lydia Bilbrook, Hillary Brooke, Gwen Gaze, Winifred Harris, Olaf Hytten, Doris Lloyd, Lionel Pape… Nacionalidad y año: Estados Unidos 1941. Duración y datos técnicos: 113 min. B/N 1.37:1.

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Lo más llamativo de esta versión de Victor Fleming de la novela de Stevenson es que, aunque no aparezca en los créditos, da la impresión de que el guionista, John Lee Mahin –Scarface, el terror del hampa, Tierra de pasión, La isla del tesoro, Capitanes intrépidos, Lo que el viento se llevó, Misión de audaces… Su carrera no es baladí– tomó el libreto de la versión previa de Rouben Mamoulian, escrita por Percy Heath y Samuel Hoffenstein, y se puso directamente a hacer correcciones sobre el papel, tachando cosas y añadiendo otras; en el camino, sobreviven diálogos a veces literales, y en ocasiones hasta el modo de planificar alguna escena, como es la de Ivy, con una botella de champán, celebrando la desaparición de Hyde, y la aparición de este reflejado en el espejo ante el cual se halla.

1941 --- From the 1941 motion picture Dr. Jeykll and My. Hyde. --- Image by © Bettmann/CORBIS

 

Entre una y otra película habían pasado diez años; entre 1931 y 1941 el código de censura Hays había entrado en funcionamiento de manera férrea, inmisericorde, y muchas cosas de las que se plantearon con anterioridad eran imposibles en la actualidad. Para dar una idea de la diferencia entre ambas versiones merece la pena comparar el arranque de las mismas. En la versión de Mamoulian, se comienza con un portentoso ejercicio de estilo, rodado en plano subjetivo, presentando al personaje, y después se le muestra en la Facultad de Medicina, donde expone su tesis. En la de Fleming, por el contrario, lo primero que vemos es una iglesia, donde un obispo está dando un sermón, y al que Jekyll asiste dócilmente, cuando la homilía es interrumpida por un individuo clamando obscenidades –dentro de lo permisible en el cine de la época–; tras pasar a una escena donde atiende al chiflado, se presenta en una cena social, donde expone su tesis. Es decir, en la primera tenemos al personaje ubicando su teoría científica en un entorno sincrónico; en la segunda, la tesis se expone ante la iglesia y la alta sociedad. Toda una declaración de principios, sin lugar a dudas.

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A esto hay que añadir que, pese a la copia casi literal de escenas, la presente versión dura alrededor de veinte minutos más que la previa, utilizando ese metraje adicional en desarrollar más la historia de amor entre Jekyll y Beatrix, su prometida. De hecho, aquí hay más melodrama que terror, y más moralina que reflexión social. La gran virtud que expone esta película viene facilitada por los medios industriales de una compañía como la Metro-Goldwyn-Mayer, es decir, una lujosa exhibición de medios a todos los niveles: una hermosa fotografía, un apabullante diseño de producción –debido al sempiterno Cedric Gibbons– y un excelente plantel de actores donde hasta el secundario de papel más insignificante es un intérprete de una profesionalidad indudable –resaltemos, por ejemplo, a la gran Sara Allgood, madre del chiflado referido con anterioridad–.

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Victor Fleming (1889-1949) es un director no muy bien tratado por la crítica, la cual le acusa de académico y falto de personalidad. Puede que, en parte, sea cierto, pero ello no es óbice para haber dado origen a algunas excelentes películas como son La isla del tesoro (Treasure Island, 1934) o Capitanes intrépidos (Captains Courageous, 1937), por no citar aquellos clasicazos donde la dirección está compartida y, por lo cual, su autoría se hace difícil de discernir. Pero en el peor de los casos su cine se caracteriza por una solidez formal evidente pero cierto envaramiento, cierta carencia de vida, de sinceridad. El extraño caso del doctor Jekyll (Dr. Jekyll and Mr. Hyde, 1941) sufre algo de eso, y también por cierto error de casting. Spencer Tracy es un actor excelente, y también transmite inteligencia a los personajes que incorpora, pero es una figura demasiado limpia para poder mostrar los diferentes matices de una personalidad tan compleja como la de Jekyll y Hyde. Puede que como Jekyll esté bien, aunque en ocasiones aparece demasiado pazguato, pero su Hyde es blando, inclusive teniendo en cuenta los parámetros que el código Hays impone; en off se nos informa de las torturas a las cuales somete a Ivy, y el asesinato final de esta se muestra cubierto por el respaldo del sofá; pero en pantalla lo vemos comportarse como un matón de película del oeste, al que vemos provocar peleas de taberna o escupir pepitas de uva en el suelo del apartamento de la muchacha. La maldad intrínseca que Hyde representa no se transmite, y todo es demasiado blanco en una película que ha de ser oscura, inquietante.

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Así pues, lo que en su origen representaba una fábula moral, una crítica a la hipocresía social de una época y entorno concretos, se transforma en un film pudibundo y moralista. La figura más conservadora viene representada por el personaje de Sir Charles Emery (un portentoso Donald Crisp); cuando, al inicio de la película, el trío protagonista sale de la iglesia, Jekyll intenta besar a Beatrix en la boca, pero esta le hace la cobra y le pone la mejilla, o lo cual el doctor le atrapa suavemente la barbilla, le gira el rostro y le deposita un casto piquito, todo ello ante la reprobadora mirada de Sir Charles. Más adelante, cuando nos es presentado el personaje de Ivy, se nos insiste machaconamente para dejar claro que no se trata de una prostituta, sino solo de una muchacha algo ligera de cascos, muy necesitada de aprecio y amor.

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El personaje de Hyde se revela menos bestial, no solo en sus actitudes, como se ha comprobado, sino también en el aspecto estético. El maquillaje aplicado a Spencer Tracy –obra de Jack Dawn, quien también creó los personajes de El mago de Oz (The Wizard of Oz, 1939), en cuya dirección participó Fleming– es muy moderado, y ofrece al actor con el pelo oscurecido, las cejas tupidas y alzadas, y facciones marcadas de forma más ruda; a ojos de cualquier persona, se trata de alguien un tanto difícil de mirar, pero para nada un monstruo. Al igual que en la versión de Mamoulian, a medida que pasa el tiempo y su maldad se acentúa, la transformación le va haciendo paulatinamente más monstruoso, hasta los aterradores momentos finales. A efectos de trucaje, por cierto, la primera transformación se ve pasada hora y media, en la escena del parque, por medio del sistema del paro de imagen, y donde los cortes son ostentosos en el desajuste del rostro de Tracy; en la segunda transformación, de Hyde a Jekyll, el ajuste está mejor trabajado.

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 Tiempo atrás, el proyecto de una adaptación del original de Stevenson analizado desde una perspectiva psicoanalítica fue ofrecido a la Metro por parte del gran Fritz Lang. La compañía rechazó la propuesta, pero poco después surgió el presente film. No cabe la menor duda: la idea les convenció, no así su polémico realizador, que ya dio problemas con su debut con la compañía, la estupenda Furia (Fury, 1936), y durante mucho tiempo no supieron qué hacer con él. Así pues, pasaron el proyecto a Victor Fleming, acomodaticio realizador de la casa, que sin duda se plegaría a los requerimientos de los prebostes. En todo caso, ese enfoque desde el punto de vista del psicoanálisis se conserva en cierto sentido, con unas pocas escenas de carácter freudiano representadas por unas imágenes oníricas, bonitas, sin duda, en su aspecto de composición –en especial, los planos de Ingrid Bergman y Lana Turner, presumiblemente desnudas, corriendo como yeguas desbocadas mientras son azotadas por Jekyll/Hyde–, pero desde el punto de vista simbolista se antojan como un tanto pueriles. Otro detalle psicológico viene representado por el hecho del sueño premonitorio de Beatrix, quien despierta con brusquedad y temerosa cuando Jekyll decide experimentar consigo mismo; se trata de un elemento un tanto tópico, pero siempre efectivo, que remite a la conexión emocional entre los dos amantes.

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 En definitiva, nos hallamos ante un producto sólido, muestra evidente del nivel industrial que, en la época, alcanzaba cualquier obra procedente de la Metro-Goldwyn-Mayer –son apabullantes los planos nocturnos de exteriores, con el espléndido diseño de producción de Cedric Gibbons, y la bellísima fotografía en blanco y negro de Joseph Ruttenberg, con la luz de las farolas hiriendo la niebla–, pero lejos de ser convincente, en especial si se visiona justo después de haber hecho otro tanto con la obra maestra de Rouben Mamoulian.

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Anécdotas

 

  • Título en Argentina, México y Venezuela: El hombre y la bestia.
  • En la entrega de los Oscar de 1942 la película fue candidata a los premios a mejor fotografía, montaje y música.
  • En el aniversario de boda de Clark Gable y Carole Lombard, Spencer Tracy asistió a la fiesta con el maquillaje de Mr. Hyde puesto.
  • Spencer Tracy quería que los personajes de Ivy y Beatrix fueran interpretados por la misma actriz, Katharine Hepburn.
  • Originalmente, la Metro pensó como protagonista en Robert Donat.
  • Patricia Morrison y Susan Hayward hicieron pruebas para papeles de la película.
  • El rodaje tuvo lugar entre el 4 de febrero y el 8 de abril de 1941.
  • Estrenada en Estados Unidos el 12 de agosto de 1941 en Nueva York, y después masivamente durante septiembre de 1941. En España se estrenó el 26 de enero de 1948.

 

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

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