“eYOs”, de Fernando Cámara

  • Título: eYOs
  • Autor: Fernando Cámara
  • Ilustrador: Marcelo Pérez
  • Pie de imprenta: Madrid: La Perla Negra, 2017
  • Páginas: 208
  • PVP: 17,50 €
  • Formato: 15 x 21 cm
  • Edición: rústica
  • Contenido: «Verano»; «La bici amarilla»; «La visita»; «Se admiten estancias»; «La cabra»; «Viejo metálico»; «Axol»; «Futuro»; «Ellos».
  • Género – materia: terror – fantasía – relatos

 

eyos

Fernando Cámara es famoso entre el aficionado por ser uno de los co-directores de esa joya del cine fantástico español titulada Memorias del ángel caído (1997) –el otro director del film es David Alonso–. Pero reducirlo a un “director que escribe” –por aquello de que es más económico y factible plasmar las ideas en papel que en celuloide– sería simplificar su labor como escritor. Diversidad de premios ejemplifican su capacidad con la pluma –o el ordenador–, y la mera lectura de sus textos dan prueba de su capacidad para crear por medio de palabras, concibiendo ideas que solo pueden ser expresadas con la letra. eYOs es una antología de relatos. Su título intenta sobreponer el yo sobre el ello, pues todos los relatos focalizan su narración desde la perspectiva intrínseca de uno de los personajes, pese a lo cual el estilo narrativo es variado, alternando la primera o la tercera persona, el tiempo verbal presente con el pasado.

El libro se compone de una serie de relatos que podrían encuadrarse dentro del género de terror, pero no desde una perspectiva de género –aunque algunos de ellos, más o menos, se podrían encuadrar en ese enfoque–, sino que son más costumbristas, más focalizados en un entorno real, para después efectuar un ligero quiebro para internarlos dentro de un contexto turbador.

«Verano» es el relato con el cual arranca. Es bastante breve, y se centra en una pareja que está de vacaciones en un chalé, esperando la llegada de unos amigos. Se trata una historia de atmósferas, donde lo cotidiano se ve turbado por la comparecencia de algo inaprensible. Podría recordar a Shirley Jackson.

«La bici amarilla», premio Ignotus, narra cómo uno de esos ciclistas que ocupan las aceras sin preocuparse de los viandantes se lleva a un niño por delante y cómo ello afecta a su madre. Es un ejemplo perfecto de la querencia de Cámara por lo cotidiano; no solo eso, sino que se centra directamente en vivencias personales, para luego irlo mutando tenebrosamente. Es, digamos, el relato más “normal”, en cuestiones de narrativa y argumento. También es excelente.

«La visita» se centra en esos temores infantiles intangibles, donde esa imaginación exacerbada les hace ver un mundo irreal paralelo al nuestro. ¿O no es tan irreal? Mediante un planteamiento vulgar diríase se convoca una atmósfera de terror muy conseguida. Uno de mis favoritos de la antología.

«Se admiten estancias» es otro de esos relatos que parten de una vivencia personal del autor, para luego retorcerlo perversamente. Dos hermanos enfrentados a un peculiar vigilante de un aparcamiento subterráneo, y que podría recordar de un modo ligero la película Parking 2 (P2, 2007), producida por Alexandre Aja. A destacar que el perro que aparece en la historia se describe como un pastor alemán; sin embargo, el ilustrador lo plasma como un rottweiler, lo que me ha hecho imaginármelo así a lo largo de la narración. Sería perfecto para adaptarlo, no como película, pues habría que inflarla demasiado, pero sí como episodio para una serie de terror de historias independientes.

«La cabra» es sobre una pareja que se topa con una de esas cabras que hay en las zonas turísticas, es decir, un tipo disfrazado con un cuerpo a base de flecos y una cabeza con un hocico que castañetea. A partir de otra vivencia personal se narra una historia que bascula entre el humor y el terror en un dificilísimo equilibrio muy bien solventado. Es otro de mis favoritos.

«Viejo metálico» es la transcripción casi literal de un sueño del autor, y por tanto es de carácter diríase surrealista, aunque se percibe un tono que podría entroncar con la ciencia ficción. Podría recordar a los experimentos en esa clave que elaboran autores como R. A. Lafferty. No es el tipo de literatura que más me entusiasme, pero es breve y resulta curioso.

«Axol» trata sobre una especie de misterioso molusco que comienza a irrumpir en el entorno cotidiano del protagonista. Podría tener un tono un tanto lovecraftiano, y también podría recordar a La invasión de los ladrones de cuerpos. Es muy divertido, con un poso de inquietud, y merece la pena.

«Futuro», más que de carácter fantástico podría considerarse una parábola social. Una breve historia, con el protagonista compartiendo coche con un anciano, y una representación de hacia dónde se conduce nuestra sociedad.

Por último, «Ellos» es la “novelización” en formato de relato largo de un proyecto cinematográfico que no vio la luz. El protagonista cruza Madrid una noche, mientras Ellos van tomando posesión de zonas de la capital calle por calle. No termina por quedar claro quiénes son ellos, podrían ser extraterrestres, pero la explicación del autor en el apéndice que añade para comentar los relatos podría hacerlos ver como fachas, con lo cual el relato podría interpretarse como una fábula moral, una historia a mitad de camino entre lo fantástico y lo simbólico.

En resumen, un excelente libro que nos permite internarnos por los terrenos cotidianos de lo fantástico.

Carlos Díaz Maroto

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