“Expedición a Venus”, de Jeffery Lloyd Castle

Título: Expedición a Venus

Autor: Jeffery Lloyd Castle

Traductor: Félix Monteagudo

Pie de imprenta: Barcelona: Edhasa, 1959

Colección: Nebulae (1ª época); nº 57

T.O.: Vanguard to Venus (1957)

Género – materia: novela – CF – exploración espacial – avances tecnológicos – civilizaciones alienígenas

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Jeffery Lloyd Castle se llamaba en realidad Geoffrey Lloyd Castle (Surbiton, Surrey, 6 de abril de 1898 – Aldeburgh, Suffolk, 8 de abril de 1990) y era de origen británico. Fue ingeniero aeronáutico y sirvió en el Royal Field Artillery y en el Royal Flying Corps, tanto en la Primera con en la Segunda Guerra Mundial. Estuvo casado con la también escritora Margery Sharp (1905-1991)[1], especializada en sus últimos años en fantasía[2]. La primera novela de Castle fue Satellite E One (Londres: Eyre and Spottiswoode, 1954), publicada por Edhasa en 1956 (Nebulae nº 23) como Satélite T-1 [sic]; según parece, esta obra «trata de manera algo excéntrica los detalles científicos que rodean la construcción de una estación espacial»[3]. El presente libro, Vanguard to Venus (Nueva York: Dodd, Mead, 1957) parece ser su segunda y última obra publicada[4]. Ya la primera, que no he leído, tuvo como inspiración la «propaganda didáctica de Arthur C. Clarke»[5], y en la presente también se percibe ese tono pedagógico, describiendo las naves y las órbitas de vuelo.

Durante la década de los cincuenta del pasado siglo hubo una fiebre con los “satélites artificiales”. Ya en 1869, en la revista Atlantic Monthly, se describe uno de esos ingenios en el relato “The Brick Moon” de Edward Everett Hale, pero no fue hasta 1945 en que Arthur C. Clarke, en un artículo en Wireless World, “Extra terrestrial relays”, planteó la posibilidad de usarlos como «satélites de comunicaciones». En la década de los cincuenta, tanto Estados Unidos como la URSS, plantearon su interés en lanzar al espacio satélites artificiales, hecho que se produjo el 4 de octubre de 1957 por parte de los rusos, dentro del famoso programa Sputnik.

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Dentro de la ciencia ficción, y dada su popularidad, la palabra «satélite» comenzó a ser utilizada de forma masiva y desprejuiciada. Así, tenemos el film de Roger Corman War of the Satellites (1958), o en España la peculiaridad de que la famosa novela de Jules Verne La caza del meteoro (La chasse au météore, 1908) se reeditara como La caza del satélite[6]. En la presente novela se usa de modo amplio la palabra «satélite» (y con mayúsculas, para enfatizar su importancia) para lo que, en realidad, es una estación espacial, y ya hemos visto que en la anterior obra de Castle otro tanto sucede.

También en esa época se desató la fiebre de los platillos volantes. Fue en 1947 cuando el piloto norteamericano Kenneth Arnold acuñó ese término para describir los objetos que dijo haber visto el 24 de junio mientras volaba sobre la cordillera de las Cascadas, en el estado de Washington. Sin embargo, fue en la década de los cincuenta cuando se desató una auténtica fiebre con el fenómeno. En el Reino Unido, el Flying Saucer Working Party (el primer estudio oficial sobre los ovnis creado por el Ministerio de Defensa del país) publicó su informe definitivo en junio de 1951, que sin embargo permaneció secreto durante cincuenta años. En él se concluye que los avistamientos pudieron confundirse como errores de identificación de objetos o fenómenos ordinarios, ilusiones ópticas, percepciones erróneas, aberraciones psicológicas o embustes. El informe declaró: «En consecuencia, recomendamos muy firmemente que no se realice ninguna investigación adicional de los fenómenos aéreos misteriosos reportados, a menos o hasta que alguna evidencia material esté disponible»[7].

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Jeffery Lloyd Castle hace uso de la mitología icónica del platillo volante nada más comenzar al libro, y paralelo a la preparación de la expedición a Venus, tan común en este tipo de obras, y que ocupa más de la mitad del libro. Así, nos plantea que los venusianos visitan regularmente la Tierra, y que viven infiltrados entre nosotros. No solo eso, sino que los egipcios ya visitaron Venus, en la época faraónica, y la cultura que actualmente vive en el segundo a partir del Sol sigue las directrices educativas de aquélla. Lamentablemente, estas interesantes ideas son después obviadas y apenas se profundizan en ellas.

Así pues, gran parte de la novela se centra en la preparación de la expedición y el viaje por el espacio, describiendo los distintos personajes que en el vuelo confluyen, incluido un muchachito de quince años que es contratado como aprendiz, en una evidente traslación de las costumbres marítimas al espacio. Solo el diez por ciento final de la obra, o así, transcurre sobre la superficie del planeta venéreo, precedido ello de lo peor del libro, una escaramuza en el espacio entre terráqueos y venusianos, en exceso melodramática, y que además deja traslucir racismo y machismo a partes iguales.

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Con todo, el resultado es una curiosidad que puede ofrecer interés a los estudiosos del género que desee explorar ejemplares primitivos de la ciencia ficción como el presente, y que hasta resulta entretenido, sobre todo en su descripción de las distintas tipologías que confluyen en la narración.

Carlos Díaz Maroto

[1] En La Tercera Fundación solo consta un relato suyo: “Volviendo al hogar” (“Driving Home”, 1956), aparecido en el Mystery Magazine nº 62 (julio de 1968) editado por M.Y.N.E. También es autora de El pecado de Cluny Brown (Cluny Brown, 1944) –última edición española: GP 1963, Libros Plaza nº 8), de la que Ernst Lubitsch hizo una maravillosa película.

[2] Fue la autora de la saga iniciada con The Rescuers (1959), de la que Disney hizo una adaptación animada: Los rescatadores (The Rescuers, 1977), dirigida por Wolfgang Reitherman,  John Lounsbery y Art Stevens.

[3] En la página web SFE – The Encyclopedia of Science Fiction: http://www.sf-encyclopedia.com/entry/castle_jeffery_lloyd

[4] Hemos localizado también un How Not to Lose at Poker de Jeffrey Lloyd Castle (que no sabemos si será él, con el nombre mal consignado), editado por Barnes & Noble.

[5] Según Brian Stableford en Science Fact and Science Fiction: An Encyclopedia, Routledge, 6 sept. 2006; pág. 36.

[6] Ediciones Mateu, 1960, colección Cadete nº 164, con traducción de Manuel Rossell Pesant.

[7] “Unidentified Flying Objects”. En The Black Vault. Northridge, CA: John Greenewald; junio de 1951. DSI/JTIC Report No. 7. Puede consultarse en: http://www.theblackvault.com/documents/ufos/UK/DEFE44-119.pdf

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