Archive for the Otros géneros Category

Vuelven “Los pájaros” de Daphne du Maurier, por parte de El Paseo Editorial

Posted in Literatura, Noticias, Otros géneros, Relatos, Terror on 2 octubre, 2017 by belakarloff

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Daphne du Maurier (1907-1989), autora de una excepcional obra narrativa, regresa con una nueva traducción de cinco de sus grandes relatos: El manzano, El joven fotógrafo, Bésame otra vez, forastero, El viejo y Los pájaros, que inspiró la célebre película de Alfred Hitchcock.  En todos ellos se nos presentan tramas con obstáculos misteriosos, en las que la realidad se construye en torno a acontecimientos intrusos y fantasmagóricos. En todas estas narraciones, a decir de Slavoj Žižek, autor del prólogo, “la intromisión de una dimensión inesperada perturba la marcha ‘normal’ de las cosas” y hace aún más palpable la miseria oculta bajo el manto de un tranquilo acontecer cotidiano.  Los relatos contenidos en este volumen ya aparecieron con anterioridad en el volumen Los pájaros, publicado en la célebre colección Reno, con traducción en aquel entonces de Antonio Martín Pérez, y estando ausente en este caso otro relato, Monte Veritá.

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Colección EL PASEO CENTRAL, nº 5
Prólogo de Slavoj Žižek
Traducción de Miguel Cisneros Perales
978-84-945885-9-4
272 páginas | 20,95 euros |
A la venta en todas las librerías el 23 de octubre de 2017

 

 

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madre! (mother!) (2017)

Posted in Cine, Otros géneros, Reseña, Terror on 29 septiembre, 2017 by belakarloff

Ambos viven aislados en una casa. Él publicó en tiempos un libro, y ahora está intentando crear otro. Al lugar acude un hombre, en apariencia despistado, pero que en realidad es un admirador, que se queda a vivir con ellos. Al poco, el visitante invita a su esposa a sumarse.

Dirección: Darren Aronofsky. Producción: Protozoa Pictures. Productores: Darren Aronofsky, Scott Franklin, Ari Handel. Productor asociado: Dylan Golden. Productores ejecutivos: Mark Heyman, Josh Stern, Jeff G. Waxman. Guion: Darren Aronofsky. Fotografía: Matthew Libatique. Montaje: Andrew Weisblum. Diseño de producción: Philip Messina. Efectos especiales: Hybride Technologies, Industrial Light & Magic. Intérpretes: Jennifer Lawrence (madre), Javier Bardem (él), Ed Harris (hombre), Michelle Pfeiffer (mujer), Brian Gleeson (hermano menor), Domhnall Gleeson (hermano mayor), Jovan Adepo, Amanda Chiu, Patricia Summersett, Eric Davis, Raphael Grosz-Harvey, Emily Hampshire, Abraham Aronofsky, Luis Oliva, Stephanie Ng Wan, Chris Gartin, Stephen McHattie, Ambrosio De Luca, Gregg Bello, Arthur Holden, Henry Wai Ciu Kwok… Nacionalidad y año: Estados Unidos 2017. Duración y datos técnicos: 121 min. color 2.35:1.

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Viaje en torno a la musa…raña

Hace no mucho tiempo Darren Aronofsky logró cierto prestigio crítico con sus primeras películas, Pi, fe en el caos (Pi, 1998) y Réquiem por un sueño (Requiem for a Dream, 2000), principalmente. Pero de forma paulatina el prestigio que había logrado fue desinflándose poco a poco por medio de películas a mitad de camino entre la pretenciosidad y la falta de sentido del ridículo. Su penúltima película hasta ahora, Cisne negro (Black Swan, 2010), suponía un buen ejemplo de su forma de ver el cine, una cinta hueca pero llena de pretensiones, claro ejemplo de paleto americano que se cree que está haciendo algo muy trascendente porque trata el artístico mundo del ballet, amén de plagiar con todo descaro una obra maestra como Las zapatillas rojas (The Red Shoes, 1948, Michael Powell, Emeric Pressburger). Aunque, si bien esta logró cierto equilibrio crítico, no fue así con la siguiente, Noé (Noah, 2014), presunta adaptación bíblica que fue sistemáticamente repudiada, pero que yo disfruté por verla meramente como un film postapocalíptico al estilo de, por ejemplo, Roma 2072 D.C. – Los gladiadores (I guerrieri dell’anno 2072, 1984, Lucio Fulci).

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Con esta nueva cinta se ha superado en un esfuerzo que merece digna recompensa. Esta vez su punto vista se centra en el cine intelectual de los años sesenta y setenta, con el ojo puesto en cineastas como Luis Buñuel, Wojciech Has o Alain Resnais. Es decir, madre! (mother!, 2017) –sí: curioso el modo de presentar el título en castellano– es cine metafórico, simbólico, abstracto, que pretende lanzar grandes y complejas ideas. Solo que lo hace con una torpeza que puede despertar tanto el desconcierto como la carcajada. Aronofsky ha declarado que para esta su nueva opera magna se ha inspirado en películas como La semilla del diablo (Rosemary’s Baby, 1968, Roman Polanski) o El ángel exterminador (El ángel exterminador, 1962, Luis Buñuel), y algo de ello hay, cierto –poco de la primera y algo más de la segunda–, junto a otros treinta y siete filmes más. Sabido de sobra es el aprecio que Aronofsky siente por fagocitar ideas e imágenes de películas previas, y aquí no se corta un pelo, habiendo incluso planos que copian literalmente ideas de directores como Dario Argento –de un momento de Tenebre (Tenebrae, 1982), por concretar–. El director de El luchador (The Wrestler, 2008) sufre aquí un empacho e indigestión del cine que ha deglutido, pero en el proceso ha asimilado poco, lanzando un cacao de ideas que, en realidad, son pocas, se contradicen entre sí, y se agotan a los cuarenta y cinco minutos de comenzar.

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Si intentamos encuadrar la película en un género concreto, podríamos definirlo algo así como un melodrama de horror. Así, es una cinta de relaciones de pareja, donde paulatinamente se va involucrando algo inquietante. Al principio semeja que incluso se trata de algo coherente, con una pareja viviendo en un caserón apartado; parecen quererse, pero en sus miradas se percibe un resentimiento oculto. El punto de vista se centra en todo momento en el personaje de ella (Jennifer Lawrence), con la cámara persiguiéndola en todo momento y encuadrándola a menudo en primer plano; los demás personajes, incluido su marido (Javier Bardem), se hallan más lejanos, y solo se aproximan a la cámara cuando es a ella a la que se acercan. Dentro de ese contexto aparece un personaje (Ed Harris), que parece haber llegado allí mal indicado, pero luego se percibe que ha venido a propósito: es un fan del marido, escritor de prestigio, y que está intentando pergeñar su segunda gran obra. El marido, impulsado por su ego, le convida a quedarse, y al poco aparece la esposa del fan (Michelle Pfeiffer), al que éste ha invitado por toda la jeta. El fan se está muriendo de cáncer de pulmón (es un fumador compulsivo) y en un momento dado la protagonista lo halla tosiendo de forma incontenible sobre la taza del váter, luciendo en un costado algo que parece un estigma. Después, del retrete asoma una cosa carnosa y tumefacta, que suelta un aullido lastimero, antes de que ella lo arrastre con el agua. Podría interpretarse como una encarnación física del cáncer, o algo igual de profundo.

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Todo lo que precede, en realidad, nada aporta, y es una artimaña de Aronofsky de tocar muchos palos en su intento de aparentar que está narrando algo consistente. De hecho, la visita de esa pareja –a la que continuará la aparición de los dos hijos de esta– es un modo de mostrar la intromisión en el hogar donde, hasta ahora, los protagonistas habitaban plácidamente. Estos moraban un microcosmos seguro, donde la intrusión de lo ajeno desmorona el hábitat que hasta entonces existía. Después, esos visitantes desaparecen y no vuelven a hacer acto de presencia, olvidándose el director de ellos. Poco después, se plantea de nuevo otra intrusión, de similar carácter: ahora toda una pléyade de admiradores del escritor, en lo que es una redundancia con respecto a la primera aparición.

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Así, madre! comienza a convertirse en un cúmulo de pleonasmos visuales, donde, de todas maneras, ese enfoque antes referido, el de la intrusión en el hogar, tampoco es la clave última sobre la cual se articula el discurso del autor. Así, toda esa amalgama no sería, en definitiva, sino una metáfora sobre el proceso de creación, donde no resulta difícil ver en el personaje de Javier Bardem un trasunto del propio Aronofsky, en una visión que tendría no poco de egocentrismo. Así, el autor se debe, sobre todo, a su público, y debe sufrir sacrificios en aras de su posteridad. Y también ha de luchar para alcanzar el favor de la musa, para luego apartarla de sí. Una vez esta ha dado a luz la idea primigenia, aquélla ya no es necesaria y es abandonada.

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Todo ello, desde luego, es una mezcolanza confusa y obvia a un tiempo, redundante y contradictoria, que da vueltas sobre sí misma de un modo constante. Es un film pedante y vacío en el sentido más llano de la expresión, un viaje al ego de un autor que está más enamorado de sí mismo que del cine, un cineasta que pretende aludir metafóricamente al tema de la creación, de la musa, pero que acaba mirando las musarañas.

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Anécdotas

  • Título de rodaje: Day 6.
  • Michelle Pfeiffer reconoce que no entendió el guion la primera vez que lo leyó, considerándolo “esotérico”. De todas maneras, quedó atraída por su personaje.
  • Rodado en 16 mm y luego hinchado.
  • Aronofsky escribió el primer borrador en cinco días.
  • Rodado con un presupuesto estimado de 33 millones de dólares.
  • Estrenado en Estados Unidos el 13 de septiembre de 2017, en una premiere en Nueva York, y luego masivamente el 15. En Madrid se estrenó el 29 de septiembre.

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

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La seducción (The Beguiled) (2017)

Posted in Cine, Otros géneros, Reseña on 29 agosto, 2017 by belakarloff

Durante la Guerra Civil norteamericana, una niña encuentra moribundo a un soldado del Norte. Lo traslada a la residencia de señoritas en la cual habita, en el Sur, donde deciden curarlo para después entregarlo a las autoridades. Pero mientras se va recuperando, las mujeres de distinta edad del lugar comienzan a sentirse fascinadas por él…

Dirección: Sofia Coppola. Producción: American Zoetrope, FR Productions. Productores: Sofia Coppola, Youree Henley. Productores ejecutivos: Roman Coppola, Robert Ortiz, Fred Roos, Anne Ross. Guion: Sofia Coppola, basado en el guion de Albert Maltz y Grimes Grice [Irene Kamp], según la novela de Thomas Cullinan. Fotografía: Philippe Le Sourd. Música: Laura Karpman, Phoenix (basada en “Magnificat” de Monteverdi). Montaje: Sarah Flack. Diseño de producción: Anne Ross. Efectos especiales: Elvis Jones (diseño de efectos de maquillaje). Intérpretes: Colin Farrell (cabo McBurney), Nicole Kidman (Miss Martha), Kirsten Dunst (Edwina), Elle Fanning (Alicia), Oona Laurence (Amy), Angourie Rice (Jane), Addison Riecke (Marie), Emma Howard (Emily), Wayne Pére (capitán), Matt Story (soldado confederado), Joel Albin (soldado de caballería), Eric Ian (soldado confederado)… Nacionalidad y año: Estados Unidos 2017. Duración y datos técnicos: 93 min. color 1.66:1.

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Nada seducido

Sofia Coppola ha comentado con respecto a la presente película que no se trata de un remake de la que Don Siegel dirigió en 1971, y que en España se tituló El seductor, sino de otra adaptación del libro. Sin embargo, en los créditos figuran los guionistas de la previa. No he leído la novela –los editores españoles no me han proporcionado esa posibilidad–, pero la conclusión sería que la cinta de Siegel fuera muy fiel al original literario, y la de Coppola también, de ahí las semejanzas. Recordemos que el film de Siegel pasó por muchas reescrituras de guion; sin embargo, sorprende que hasta haya muchas frases idénticas en ambas cintas. Da la impresión, más bien, de que cuando Sofia Coppola se puso a escribir el guion tenía delante, no la novela, sin un DVD con el film original, y daba constantemente a la pausa y copiaba… Eliminando por el camino, por supuesto, lo que le asustaba del original.

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Así, tenemos la peculiaridad de que el personaje de Hallie, la esclava negra, que aparecía tanto en el libro como en la película de Siegel, desparece en esta, según Coppola, porque “cree que la esclavitud es un tema muy serio y no quería tratarlo a la ligera”. Da un poco de risa el comentario, y el hecho se resuelve con que, al inicio, la niña comenta que “los esclavos escaparon”. La sensación que eso provoca es que no ha querido mojarse con un tema escabroso y ha decidido dejarlo de lado. Deja de lado, pues, el tema del racismo, pero también el del incesto, el del lesbianismo y algunos más.

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¿Qué queda, pues? Muy poco, en realidad. Un folletín romántico para señoras, con un poco de morbo para aparentar una supuesta complejidad. Se informa que Nicole Kidman fue instruida en procedimientos médicos de la época; todo el reparto también recibió clases de baile, etiqueta, costura, uso de corsé, poner vendas y hasta recitar el Libro de San Mateo. Además, el vestuario estuvo controladísimo. Es decir, da la impresión de que Coppola se ha volcado en lo más superficial, y el verdadero meollo del asunto lo ha eludido, haciendo una película ligera, sosita y muy cobarde.

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Así, elude los elementos más escabrosos, como vimos, y solo se queda con el asunto de la seducción. Tampoco se moja mucho con el tema de retratar de un modo muy explícito a los personajes, para que el espectador tome sus propias decisiones, no por un intento de hacerle pensar, sino más bien para evitar profundizar ella misma. De ese modo, parece procurar eliminar responsabilidades a los diversos personajes, suavizando su perfil, y en el momento final efectúa un cambio drástico: mientras que en el film de Siegel es Martha, la dueña del internado, quien sugiere el uso de las setas venenosas, aquí es una niña quien hace la propuesta. Parece que no quería manchar en exceso la imagen del personaje.

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La narración es muy lánguida, con planos estáticos, que no ayudan a narrar la historia, sino a ilustrarla meramente. La fotografía es preciosista, pero resulta átona, sin fuerza. Todo está muy acorde con ese enfoque desmayado y torpe que salpica una película que se pretende muy compleja pero que, en el fondo, es de una ligereza y superficialidad que asusta. Esta cosa anodina fue premiada en Cannes a la mejor dirección. Ver para creer.

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Anécdotas

  • Título en Argentina y Chile: El seductor. Es el mismo que tuvo en España la versión anterior. En Argentina la versión previa se tituló El engaño.
  • En el festival de Cannes correspondiente al año 2017 Sofia Coppola fue premiada como mejor directora. En los International Online Cinema Awards de 2016 ganó en las categorías de mejor guion adaptado, fotografía (en ambos casos ex aequo con Z, la cuidad perdida) y mejor reparto conjunto; y tuvo nominaciones a mejor director, actriz protagonista, música, diseño de producción y vestuario (Stacey Battat).
  • La escena en que Kidman lava a Farrell requirió varias tomas, por motivos de la luz especial que requería. Al final, se pasó lavándole dos horas.
  • Los interiores están rodados en la casa que la actriz Jennifer Coolidge tiene en Nueva Orleáns.
  • Quentin Tarantino montó un pase en el cine New Beverly Cinema de esta película junto a la versión previa, y con presencia de Coppola.
  • Rodado en 26 días, con un presupuesto estimado de diez millones y medio de dólares.
  • Estrenada en Estados Unidos el 30 de junio de 2017, tras uno limitado el día 23. En España se estrenó el 18 de agosto.

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

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El seductor (The Beguiled) (1971)

Posted in Cine, Otros géneros, Reseña, thriller on 28 agosto, 2017 by belakarloff

Durante la Guerra Civil norteamericana, una niña encuentra moribundo a un soldado del Norte. Lo traslada a la residencia de señoritas en la cual habita, en el Sur, donde deciden curarlo para después entregarlo a las autoridades. Pero mientras se va recuperando, las mujeres de distinta edad del lugar comienzan a sentirse fascinadas por él…

Dirección: Don Siegel. Producción: The Malpaso Company para Universal Pictures. Productor: Don Siegel. Productor asociado: Claude Traverse. Productores ejecutivos: Jennings Lang y, sin acreditar, Julian Blaustein, Clint Eastwood. Guion: John B. Sherry [Albert Maltz] y Grimes Grice [Irene Kamp], con reescritura de Claude Traverse (sin acreditar), basado en la novela de Thomas Cullinan. Fotografía: Bruce Surtees. Música: Lalo Schifrin. Montaje: Carl Pingitore. Diseño de producción: Ted Haworth. Efectos especiales: Bud Westmore (maquillaje). Intérpretes: Clint Eastwood (John McBurney), Geraldine Page (Martha), Elizabeth Hartman (Edwina), Jo Ann Harris (Carol), Darleen Carr (Doris), Mae Mercer (Hallie), Pamelyn Ferdin (Amy), Melody Thomas Scott (Abigail), Peggy Drier (Lizzie), Patricia Mattick (Janie), Charlie Briggs (primer capitán confederado), George Dunn (Sam Jefferson), Charles G. Martin (segundo capitán confederado), Matt Clark (Scrogins), Patrick Culliton (Miles Farnswoth), Buddy Van Horn (soldado), Randy Brown (sargento confederado), Victor Izay (conductor del carro), Bill Lee (cantante), Jim Malinda (Wade)… Nacionalidad y año: Estados Unidos 1971. Duración y datos técnicos: 105 min. color 1.85:1.

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Cuando Clint Eastwood leyó el libro The Painted Devil (1966), de Thomas P. Cullinan (inédito en España, faltaría más), creyó que podría dar un giro a su carrera, al interpretar a un personaje con más matices de lo acostumbrado. El guion original fue escrito por Albert Maltz, quien ya había trabajado para Eastwood y Siegel en la anterior colaboración entre ambos, la simpática pero pobretona Dos mulas y una mujer (Two Mules for Sister Sara, 1970), y otorgó un final feliz a la historia. Tanto actor y director quedaron descontentos con el libreto, por lo que hubo variadas reescrituras; al final, Maltz retiró su nombre de los créditos y firmó como John B. Sherry.

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En todo caso, este no fue el único problema vivido por la producción. Cuando la película fue estrenada, Universal la promocionó como una cinta de acción, provocando la insatisfacción de los seguidores habituales de Eastwood. El resultado fue, por supuesto, un fracaso en taquilla, alcanzando poco más de un millón de dólares de recaudación. Sin embargo, hoy día está considerado un film de culto.

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No es sorprendente este rechazo que en un principio sintió la película para aquellos que esperaban encontrar la película prometida por la propaganda. Y es que esta extraña y perversa historia de posesión y dominio recíprocos, desde luego, queda lejos de ser una película de acción al uso, aunque tiene algunos elementos de ello. Se trata más bien un melodrama gótico, con tono de American Gothic, ambientado durante la Guerra Civil norteamericana en el profundo Sur. Se percibe que Siegel está muy interesado en el material que tiene entre manos y lo trata con respeto. Procura darle un ritmo pausado, utilizando fundidos muy lentos –posiblemente influido por la nouvelle vague–, y en momentos altera el eje de la cámara para conferir un tono desquiciado, acorde con la personalidad de los protagonistas de la historia, mientras que la utilización de zooms sirven para enfatizar sensaciones emocionales de los personajes. Resulta interesante el uso de la voz en off para mostrar los pensamientos de algunas de las mujeres.

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El personaje de Eastwood, John McBurney, llamado McB, no es para nada un héroe. Al contrario, es un mentiroso manipulador: las dos veces que narra su actividad en el frente está mintiendo, y pronto, cuando percibe el efecto turbador que provoca en las mujeres, comienza a manipularlas, haciendo uso de su atractivo físico. El ambiente enrarecido de la mansión viene propiciado desde la propia dueña, Martha (una excelente Geraldine Page), que vivió un idilio con su propio hermano[1], y que siente también impulsos lésbicos hacia una de las discípulas. En cuanto a estas, de muy variada edad, también se sienten atraídas por el soldado, inclusive la niña de doce años que lo encuentra (“Estabas con ella, y estaba desnuda. ¡Pensé que yo te gustaba!”), encarnada espléndidamente por la actriz que por entonces contaba con esa misma edad Pamelyn Ferdin, a la que podemos recordar por la serie de televisión Lassie (Lassie; 1954-1974) en la etapa 1972-1973, y en películas de terror como Satán, mon amour (The Mephisto Waltz, 1971, Paul Wendkos) o ¿Qué le pasa a Helen? (What’s the Matter with Helen?, 1971, Curtis Harrington).

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Cabe señalar que, cuando las mujeres introducen en la casa a McB, un movimiento de cámara conecta ese instante con el plano de un cuervo, atado a la barandilla del primer piso, que está allí para ser curado ya que tiene un ala rota. Al finalizar el film, cuando sacan el cadáver de McB para enterrarlo, el plano está encuadrado desde la barandilla, donde vemos al cuervo muerto. Así, uniendo ambas situaciones en un único plano, se establece un paralelismo entre hombre y cuervo, percibiéndose el carácter simbólico del pájaro. También al inicio del film, una de las muchachas menciona que las hormigas no matan al gusano, sino que lo introducen en la madriguera para hacer uso de él. De esta manera, McB es hombre, cuervo y gusano, todo ello desde una perspectiva profundamente negativa. El talento de Siegel –y de Eastwood– consiste en que, pese a ello, el personaje siga resultando, de algún modo, atractivo para el espectador; es también un seductor a nuestros ojos.

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Merece destacarse también un momento espléndido, en una fantasía sexual que tiene Martha, donde ella es visualizada como la imagen de la virgen María y a McB en la de Jesucristo, emulando un cuadro que la mujer tiene en la habitación y que poco antes nos fue mostrado (Siegel, empero, estropea la alusión volviendo a enseñar inmediatamente después otra vez el cuadro, no confiando en la atención del espectador). Esta imagen de virgen mártir protegiendo a su hijo se contrapone con el auténtico perfil de la mujer, artera y ruin.

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Un último detalle, y es la impresión de que Stephen King tenía este film en mente cuando escribió su novela Misery (Misery, 1987), pues algunos elementos coinciden, como el personaje herido, acogido para su curación, y la amputación de la pierna. Curioso el mundo de las influencias.

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Anécdotas

  • Título en Argentina, Colombia, México y Perú: El engaño.
  • De toda su filmografía, esta es la película favorita de Don Siegel.
  • Durante esta película Eastwood rodó su auténtico primer film, un documental de doce minutos sobre Siegel: The Beguiled: The Storyteller (1971).
  • La idea original de Siegel para el papel de Martha fue Jeanne Moreau, pero el jefe de la Universal, Lew Wasserman, lo vetó.
  • Como títulos del film fueron considerados “Pussy-footing Down at the Old Plantation” y “On One I Walked”. El primer título podría traducirse algo así como “Dándole vueltas en la vieja plantación”; el segundo, como “Sobre uno caminé”.
  • Remake: La seducción (The Beguiled, 2017), de Sofia Coppola.
  • Estrenada en Estados Unidos el 31 de marzo de 1971 en Nueva York, y el 19 de mayo en Los Ángeles. En España se estrenó el 5 de junio de 1972, en los cines Carlos III, Consulado, Princesa y Roxy A de Madrid.

 

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

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[1] En España el doblaje convirtió al hermano en marido, para evitar el incesto. También se amputaron diversas escenas. El redoblaje de esas nuevas escenas está bien traducido, es decir, se menciona al hermano, con lo cual el despiste del espectador español es manifiesto al no casar el parentesco con las escenas que se mantienen con el doblaje original.

«Ambición a la luz de la luna y otros textos autobiográficos», de Robert E. Howard, por GasMask

Posted in Libros sobre literatura, Literatura, Noticias, Otros ensayos, Otros géneros on 22 junio, 2017 by belakarloff

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Ambición a la luz de la luna y otros textos autobiográficos, que publica GasMask Editores, nos guía por el despertar a la literatura y a la vida de Robert E. Howard, el creador de personajes legendarios del fantástico, como Conan de Cimmeria. El presente volumen ofrece, en nueva y anotada traducción, la novela de juventud Post Oaks and Sand Roughs, que narra los duros comienzos de un escritor en ciernes intentando ganarse la vida enviando sus relatos a las revistas del momento. Esta edición, a cargo del escritor, traductor y experto en la materia Javier Jiménez Barco, recoge además una generosa selección de textos inéditos en los que Howard habla de su vida, su obra, su escritura y sus gustos literarios.

 

Autor: Robert E. Howard

ISBN: 978-84-944090-6-6

Colección: Desiderata

Encuadernación: Rústica con solapas

Formato: 14×21 cm

Número de páginas: 392

 

La calle del Delfín Verde (Green Dolphin Street) (1947)

Posted in Aventuras, Cine, Otros géneros, Reseña on 6 junio, 2017 by belakarloff

A la calle del Delfín Verde llega el doctor Ozanne, antiguo amor de la señora Patourel, acompañado de su hijo, William. Pronto, las hijas de los Patourel, Marianne y Marguerite, comienzan a rondar a William. Mientras, Timothy está enamorado en secreto de Marianne, pero esta ni conoce su existencia. Marianne, además, es una fina manipuladora que no ceja en sus empeños…

Dirección: Victor Saville. Producción: Metro-Goldwyn-Mayer. Productor: Carey Wilson. Guion: Samson Raphaelson, [Carey Wilson, sin acreditar], según la novela Green Dolphin Country de Elizabeth Goudge. Fotografía: George J. Folsey. Música: Bronislau Kaper. Montaje: George White. Dirección artística: Cedric Gibbons, Malcolm Brown. Efectos especiales: A. Arnold Gillespie, Warren Newcombe (efectos visuales), Douglas Shearer, Michael Stenore (efectos de sonido). Intérpretes: Lana Turner (Marianne Patourel), Van Heflin (Timothy Haslam), Donna Reed (Marguerite Patourel), Richard Hart (William Ozanne), Frank Morgan (Dr. Edmond Ozanne), Edmund Gwenn (Octavius Patourel), Dame May Whitty (madre superiora), Reginald Owen (capitán O’Hara), Gladys Cooper (Sophie Patourel), Moyna MacGill (Mrs. Metivier), Linda Christian (Hine-Moa), Bernie Gozier, Patrick Aherne, Al Kikume, Edith Leslie, Gigi Perreau, Pedro de Córdoba, William Fawcett, Lamsden Hare, Douglas Walton… Nacionalidad y año: Estados Unidos 1947. Duración y datos técnicos: 141 min. B/N 1.37:1.

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Según parece, por lo que anuncian los créditos del film, así como el tráiler, MGM debió constituir un concurso literario, sin duda con fines de hacerse con los derechos del resultado y convertirlo en una película. Es curioso que fuera esta la obra premiada, porque, sin haber leído la novela, tiene toda la pinta de que esta fue masivamente resumida para su traslación a la pantalla[1]. Lo lógico hubiera sido tirar por algo más adaptable, aunque posiblemente buscaron escoger algo que mostrara espectacularidad amén de una historia que atrajera a una diversidad de público amplio. A primera vista, parece el típico melodrama para señoras, pero ofrece suficientes escenas de “acción” –entre ellas un terremoto que resulta apabullante– para que los hombres no se remuevan en el asiento.

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Lana Turner acababa de rodar la emblemática El cartero siempre llama dos veces (The Postman Always Rings Twice, 1946, Tay Garnett) cuando se puso al frente de esta cinta. Con anterioridad ya había hecho otros protagonistas –pocos–, y algunos de ellos en melodramas, pero podría decirse que este es el primer gran melodrama que protagoniza la que después sería conocida como dama del género. Su papel en el clásico de James M. Cain también prefigura su “especialización”, que aquí también se da, como fría calculadora, cuando no mala con todas las de la ley, personaje que se consolidaría con su espléndida Lady de Winter de Los tres mosqueteros (The Three Musketeers, 1948, George Sidney).

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Para la dirección del film la Metro optó por Victor Saville (1895-1979), un británico que había debutado en su país natal en tiempos del cine mudo. En 1940 se trasladó a los Estados Unidos, yendo a trabajar para la productora del león, donde comenzó dirigiendo las escenas de exteriores londinenses para The Earl of Chicago (1940, Richard Thorpe), amén de producir el film. Después, en el cargo de director, trabaja en el film colectivo Siempre y un día (Forever and a Day, 1943), teniendo como compañeros de realización a Edmund Goulding, el actor Cedric Hardwicke, Frank Lloyd, Robert Stevenson, Herbert Wilcox y René Clair, y al fin su nombre luce en solitario con el musical Esta noche y todas las noches (Tonight and Every Night, 1945).

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Saville dirigió pocas películas en esa etapa, hasta retirarse tras la muy poco valorada El cáliz de plata (The Silver Chalice, 1954), pero siempre aportó elegancia y refinamiento a sus cintas. La más recordada de sus obras puede que sea Kim de la India (Kim, 1950), según el clásico de Rudyard Kipling, cinta que, por cierto, comparte con la presente la inclusión de un sutil elemento fantástico; aquí tenemos una tribu de maoríes que tienen visiones: percibirán la llegada de una carta de William, así como la inminencia del terremoto.

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Saville juega mucho en La calle del Delfín Verde (Green Dolphin Street, 1947) con la espléndida fotografía en blanco y negro de George J. Folsey –recuérdese, sin embargo, su impresionante tratamiento del color para joyas como Meet Me in St. Louis [tv/dvd: Cita en St. Louis, 1944, Vincente Minnelli] o Planeta prohibido (Forbidden Planet, 1956, Fred M. Wilcox)–, creando efectos de sombras para reflejar estados emocionales, así ese apabullante plano de la pérfida china entre el entablillado de la persiana, para reflejar su turbiedad moral, o esos primeros planos, los cuales nos recuerdan el pésimo uso que se hace de ellos en la actualidad, simplemente para acercar al personaje. Por dos veces, además, repite un elemento muy interesante, como es mostrar un plano amplio con enfoque en todos sus detalles, incluido un primerísimo plano a un lado de un sobre sostenido por una mano, efecto realizado, sin duda, rodando cada toma por separado y luego fusionándolas por efectos visuales.

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El guion está escrito por Samson Raphaelson, quien trabajaría particularmente en comedias o musicales, pero que también colaboró en dramas tan potentes como Remordimiento (Broken Lullaby, 1932, Ernst Lubitsch) o Sospecha (Suspicion, 1941, Alfred Hitchcock). También el libreto ofrece aportaciones sin acreditar de Carey Wilson, el productor del film[2]. De nuevo he de acudir a mi desconocimiento del libro, pero el resumen del mismo queda muy patente cuando, a mitad de la película, y después del terremoto, un rótulo nos indica lo que sucedió en los años siguientes. Además, en el trailer se distinguen al menos dos momentos que no aparecen en el film. Con una duración de dos horas y cuarto, tiene toda la apariencia de que fue resumido con amplitud.

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El reparto, desde luego, luce a los actores habituales de la Metro, como Frank el mago de Oz Morgan, Reginald Owen, Dame May Whitty o Edmund Gwenn, quien ya trabajó con Saville en Inglaterra. Y se ofrece el debut de Richard Hart, actor de amplia trayectoria teatral, como William Ozanne. Fue este un actor muy sólido, pero trabajó solamente en tres películas más, pasando a televisión, donde fue el detective Ellery Queen en la serie de 1950. Murió con treinta y cinco años en 1951, de un ataque al corazón. En todo caso, en la presente aparenta una edad muy superior. La película luce un reparto espléndido, como es norma de la casa, y Lana Turner, una actriz que tuvo muchas limitaciones interpretativas, sin embargo da el perfil.

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Ya se ha mencionado varias veces el terremoto, el plato fuerte del film. Visto hoy en día sigue impresionando, y sorprende el espléndido nivel de detalle que ofrece, percibiéndose el esfuerzo en su confección, pues durando unos cinco minutos, su realización costó medio millón de dólares[3], siendo recompensado con un Oscar. Ofrece la peculiaridad de mostrar un seísmo en ambiente boscoso, e impresiona ver los enormes árboles precipitarse sobre los indígenas o brotar de las entrañas de la tierra. El terremoto está rodado mezclando grandes decorados a tamaño natural con maquetas y proyecciones, resultando de un realismo sorprendente. El efecto se completa con una riada igualmente espléndida.

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La calle del Delfín Verde es un melodrama que, como era norma en la época, insinúa muchas cosas pasando de puntillas sobre ellas. William sale del bazar chino para buscar a un marinero que lleve la carta de amor que ha escrito a Marguerite, para después regresar al local, con la indudable idea de acostarse con la muchacha china. Más tarde, William se casa por error con Marianne; por supuesto, todo lo que acontece a partir de la misma boda hasta tiempo después queda obviado, sin que tengamos muy claro qué clase de vida marital han desempeñado, pese al patente disgusto de él, hasta que se nos informa que ella está embarazada –como es norma en el cine de la época, no hay bombo a la vista ni siquiera pocos instantes antes del parto: la oficina Hays hizo mucho daño al cine norteamericano–. Y lo que peor trato recibe es el personaje de Timothy, interpretado por un esforzado Van Heflin, quien atraviesa la película sacrificándose sin que podamos percibir muy bien la lucha interna que se establece en él, para después deshacerse los guionistas del personaje de un modo muy fácil.

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Con todo, la mayor parte de la trama se sigue con interés, resultando menos atractiva la parte final, cuando el personaje de Marguerite, tras sufrir no pocos reveses, decide meterse a monja. El modo en que el guion retuerce los sucesos para hacernos creer que es feliz con esa decisión hace fruncir el ceño con escepticismo, y semeja el clásico arreglo que, en la época, la censura hacía retorcer las cosas, máxime en una productora conservadora como era la Metro-Goldwyn-Mayer.

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El todo caso, el resultado es un film muy sólido, un melodrama enérgico y ejemplar, con un toque de aventuras marinas y otro exótico, que acontece en Nueva Zelanda con unos maoríes que más semejan indios norteamericanos, y que además nos aporta una escena esencial para los amantes del cine catastrófico y que, como se ha dicho, también flirtea con el fantástico.

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Anécdotas

  • Ganadora en 1948 del Oscar a los mejores efectos especiales. También fue candidata en la categoría de fotografía en blanco y negro, montaje y sonido.
  • Pese a que en el trailer se anuncia que tomó dos años su rodaje, este ocupó entre septiembre de 1946 y enero de 1947.
  • El tema central de la película fue convertido en canción, “Green Dolphin Street” o también “On Green Dolphin Street”, con letra de Ned Washington, y se ha convertido en un estándar jazzístico, interpretado por artistas de la talla de Ella Fitzgerald, Miles Davis y Bill Evans.
  • Lana Turner, famosa por su (falso) pelo rubio, aquí luce su auténtico cabello castaño.
  • Para el papel de William optó Gregory Peck, y para el de Marguerite, Laraine Day y June Allyson.
  • Katharine Hepburn compró los derechos del libro con vistas a protagonizarlo.
  • El 19 de septiembre de 1949 se hizo una adaptación radiofónica de sesenta minutos para Lux Radio Theater, con Lana Turner y Van Heflin repitiendo sus papeles.
  • Estrenada en Estados Unidos el 15 de octubre de 1947 en Nueva York, y después el 5 de noviembre por el resto del país. En España se estrenó el 22 de noviembre de 1948.

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Bibliografía

El país del delfín verde; por Elizabeth Goudge; traducción, Guillermo Marigó Petit. Madrid: Aguilar, 2004. Colección: El novelón de la Ser; s/n. T.O.: Green Dolphin Country (1944). [La traducción procede de la primera edición española, en 1946, por Luis de Caralt].

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

 

[1] Una vez buscada información para consignar el apartado de “bibliografía” (véase abajo), confirmo que la reciente edición española tiene una extensión de 754 páginas, en un formato de 21 cm.

[2] Comenzó escribiendo guiones en 1920, pero a partir de 1935 diríase que el noventa por ciento de las películas en que participó su labor en ese cometido aparece sin acreditar. Se decía que era el guionista favorito de Louis B. Mayer.

[3] La película tuvo un gran éxito de público: en Estados Unidos y Canadá tuvo una taquilla superior a los cuatro millones de dólares (de la época), y casi tres millones a nivel mundial. Sin embargo, debido a lo alto de su presupuesto total, solo alcanzó 339.000 dólares de beneficios.

Nagasaki, recuerdos de mi hijo (Haha to kuraseba) (2015)

Posted in Cine, Fantasía, Otros géneros, Reseña on 2 junio, 2017 by belakarloff

Nagasaki es bombardeada con la bomba atómica, y Koji, un joven estudiante de medicina, muere. Tres años más tarde, su madre Nobuko al fin acepta la muerte de su hijo, y es entonces cuando él se le aparece…

Dirección: Yôji Yamada. Producción: Asahi Broadcasting Corporation, GyaO, Hakuhodo DY Media Partners, Hakuhodo, Hokkaido Television Broadcasting Co., J Storm, Kinoshita Komuten, Komatsuza, Kyushu Asahi Broadcasting Co., Kôdansha, Nagasaki Cultural Telecasting Co., Nagasaki Shimbun, Nagoya Broadcasting Network, Nippon Shuppan Hanbai (Nippan) K.K., Shochiku Company, Shôchiku Broadcasting Co., Sumitomo Corporation, TV Asahi, Thr Yomiuri Shimbu. Productor: Nozomi Enoki. Guion: Yôji Yamada, Emiko Hiramatsu. Música: Ryuichi Sakamoto. Fotografía: Masashi Chikamori. Dirección artística: Mitsuo Degawa. Montaje: Iwao Ishii. Efectos especiales: Marza Animation Planet. Intérpretes: Sayuri Yoshinaga (Nobuko Fukuhara), Kazunari Ninomiya (Koji Fukuhara), Haru Kuroki (Machiko Sata), Ken’ichi Katô (el hombre de Shanghai), Yuriko Hirooka (Tomie), Tadanobu Asano (Kuroda), Miyu Honda (Tamiko), Isao Hashizume (profesor Kawakami), Nenji Kobayashi, Christopher McCombs, Wade Reed, Kazunaga Tsuji, Taiki Yoshida, Mikuu Yamada… Nacionalidad y año: Japón 2015. Duración y datos técnicos: 130 min. Color-B/N-sepia 1.85:1.

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Las cenizas de Nagasaki

A punto de cumplir los 77 años, Yôji Yamada (n. en 1931) es uno de los más veteranos realizadores nipones en activo, y considerado por gran parte de la crítica como el último de los clásicos. Se graduó en la universidad en 1954, y ese mismo año comienza a trabajar de ayudante de realización en Shochiku, compañía productora a la cual está ligado desde entonces. Como realizador debuta en 1961 con Nikai no tanin, y es responsable de “Tora-san”, la serie cinematográfica más longeva del mundo. En España poco se ha estrenado de él, teniendo como tiene 85 películas hasta el momento: El ocaso del samurái (Tasogare Seibei, 2002), The Hidden Blade: La espada oculta (Kakushi ken oni no tsume, 2004), Love and Honor – El catador de venenos (Bushi no ichibun, 2006), Una familia de Tokio (Tôkyô kazoku, 2013), La casa del tejado rojo (Chiisai ouchi, 2014) y Maravillosa familia de Tokio (Kazoku wa tsuraiyo, 2016)[1]. Su cine está caracterizado por una mirada íntima dentro del entorno familiar contemporáneo japonés, y está profundamente influido por el gran Yasujirô Ozu, al que cita de forma frecuente en sus películas.

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Ahora nos llega esta Nagasaki, recuerdos de mi hijo (Haha to kuraseba, 2015), rodada entre medias de las dos citadas cintas sobre la familia de Tokio[2]. Esta película refleja, en cierto modo, esa predilección por la familia a la que hacíamos referencia, aunque anclada esta vez en un pasado cercano, de resonancias históricas, y con el grupúsculo de interés notablemente reducido, de forma casi minimalista. Convertir la película en una obra teatral no sería en exceso difícil.

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Así, el filme podría considerarse una pieza de cámara, con breves salidas al exterior –el prólogo en blanco y negro, con el bombardeo, es muy sutil–, y con tres personajes pivotando unos alrededor de los otros. Tenemos en primer lugar a Nobuko (soberbia Sayuri Yoshinaga), la madre que queda repentinamente sola: su marido murió de tuberculosis años atrás, y su otro hijo cayó en el frente; por cierto, escalofriante la escena, a modo de flashback, en la cual el espectro de ese hijo se le aparece, y después se aleja junto a los otros fantasmas de los caídos en combate. Luego tenemos a Koji (Kazunari Ninomiya), un muchacho joven, ingenuo e idealista, que continuamente cambiaba de objetivos en la vida; incluso en una ocasión le apeteció convertirse en director de cine, momento que aprovecha Yamada para citar a Ozu. Y por último tenemos a Machiko (Haru Kuroki), prometida de Koji, que estaba a punto de casarse con él, y que ahora que la madre ha quedado sola la visita con cierta frecuencia. Trabaja como maestra, y en uno de los momentos más enternecedores acompaña a una alumna de diez años a buscar noticias de su padre desaparecido en la guerra.

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Junto a estos personajes tenemos otros que aparecen de fondo, como la vecina de Nobuko (Tomie, a quien encarna Yuriko Hirooka), o el llamado hombre de Shanghai (Ken’ichi Katô), un vendedor estraperlista que visita en ocasiones a la protagonista para hacerle llegar alimentos del mercado negro, a veces rebajándoselos o regalándoselos, porque en el fondo la ama y solo desea estar cerca de ella.

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Dentro de ese entorno, como se decía en la sinopsis, una vez Nobuko acoge ante sí misma la idea de la muerte de su hijo, este tendrá la capacidad de aparecérsele. No lo hace al modo de un fantasma escalofriante y terrible, tan caro al cine japonés de los últimos años. Simplemente surge vestido del modo al que lo hacía en vida, y conversa con su madre, rememorando instantes de la relación entre ambos, momentos que veremos por medio de flashbacks, a veces de un par de segundos, otras veces más largos.

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Podría parecer que el fantasma es únicamente un recurso estilístico para que el director ofrezca los recuerdos de la mujer de un modo más tangible, y algo de eso hay, pero al mismo tiempo es un elemento fantástico real, integrado a la narración. No olvidemos que el mundo de los fantasmas es acogido por el pueblo nipón de un modo que los occidentales no podemos entender. Las apariciones del fantasma son sutiles: la protagonista gira la cabeza, y ahí está él, como si ya estuviera antes en ese lugar. Cuando se pone triste, el fantasma desaparece, y entonces se disgrega en el aire en pocos segundos. A veces, durante unos instantes, vemos flotando en el aire algo que estaba sosteniendo, y que se desplaza unos momentos, hasta que al fin cae.

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Yamada utiliza una diversidad de tonos para narrar la relación entre los tres personajes citados, uno de los cuales ya está muerto. Así, pasa de un tono costumbrista a otro más evocador, uno que nos hace esbozar la sonrisa en los labios hasta otro donde las lágrimas nos corren a raudales por el rostro. Es un film sensible, melancólico, que en ocasiones nos ofrece esperanzas para ser en otras absolutamente desolador. Ambientado el film en 1948, la soberbia fotografía de Masashi Chikamori recrea a la perfección el cine de aquella época; en otras cintas donde se intenta emular ese tipo de fotografía únicamente se potencia la intensidad de los colores, sin embargo aquí los matices están recreados a la perfección. La agraciada partitura del famoso Ryuichi Sakamoto ayuda a conferir una belleza más calma al film. Y resaltemos el final, que recuerda enormemente –y no creo que ello sea casualidad– al de una joya como es El fantasma y la señora Muir (The Ghost and Mrs. Muir, 1947), de Joseph L. Mankiewicz. De esta manera, la conjunción plena de todos estos elementos conduce a la consecución de una hermosa obra maestra que merece mucho su contemplación.

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Anécdotas

  • Títulos anglosajones: Living with My Mother / Nagasaki: Memories of My Son.
  • En los premios de la Academia Japonesa de 2016 ganó en las categorías de mejor actor (K. Ninomiya) y actriz secundaria (H. Kuroki), y tuvo nominaciones como mejor película, guion, fotografía, dirección artística, sonido, montaje, iluminación, actriz (S. Yoshinaga) y actor secundario (T. Asano). En el Manichi Film Concours de 2015 ganó en las categorías de música y actor secundario (K. Katô).
  • Seleccionada por Japón para competir en los Oscar de 2017 en la categoría de ‘mejor película en lengua no inglesa’.
  • Estrenada en Japón el 12 de diciembre de 2015. En España se estrenó el 26 de mayo de 2017.

 

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

[1] Parece que en los últimos años las distribuidoras españolas le han echado el ojo. Sería interesante que rescataran algunas de las previas de mayor interés. En la actualidad, por cierto, acaba de terminar la secuela de Maravillosa familia de Tokio, que tuvo un enorme éxito mundial.

[2] Pese a las similitudes en los títulos españoles, Una familia de Tokio (Tôkyô kazoku, 2013) y Maravillosa familia de Tokio (Kazoku wa tsuraiyo, 2016) nada tienen que ver entre ellas, aunque en la segunda podemos vislumbrar el póster de la primera, en la escena de la escuela de escritura.