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El juego de Gerald (Gerald’s Game) (2017)

Posted in Cine, Reseña, Terror, thriller on 13 octubre, 2017 by belakarloff

El matrimonio Burlingame está entregado a cierto juego sexual, consistente en esposar a ella a la cabecera de la cama y él interpretar el personaje de un supuesto atacante. Pero entonces él muere de un ataque al corazón, y ella se queda allí, encadenada y en soledad, sin que nadie parezca estar disponible para prestar ayuda.

Dirección: Mike Flanagan. Producción: Intrepid Pictures. Productor: Trevor Macy. Co-productora: Melinda Nishioka. Productores ejecutivos: Ian Bricke, Matt Levin, D. Scott Lumpkin. Guion: Mike Flanagan, Jeff Howard, según la novela de Stephen King. Fotografía: Michael Fimognari. Música: The Newton Brothers. Montaje: Mike Flanagan. Diseño de producción: Patrick M. Sullivan Jr. Efectos especiales: Robert Kurtzman (efectos especiales de maquillaje), Bret Culp, Martin Tori (supervisores de efectos visuales). Intérpretes: Carla Gugino (Jessie Burlingame), Bruce Greenwood (Gerald Burlingame), Henry Thomas (Tom), Carel Struycken (Moonlight Man), Kate Siegel (Sally), Chiara Aurelia (Jessie de niña), Natalie Roers, Gwendolyn Mulamba, Jon Arthur, Tom Glynn, Kimberly Battista, Stu Cookson, Nikia Reynolds, Chuck Borden, Charles Adams, Victoria Hardway, Bill Riales, John Ceallach, Joseph Chadwick Kinney, Tony Beard, Dori Lumpkin, Clint Edwards, Brad Spiers, Karlie Bowman, Marcus Deshaun Richardson, Shannon J. Jackson, Michael Amstutz, Cliff Hamilton, Shane Jackson, Robert Gill, Adalyn Jones… Nacionalidad y año: Estados Unidos 2017. Duración y datos técnicos: 103 min. Color 2.35:1.

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En cierta manera, El juego de Gerald (Gerald’s Game, 1992) es una novela que sigue una estructura similar a Cujo (Cujo, 1981); es decir, se centra en una única idea, sobre la cual pivota toda la narración. Aunque si en Cujo esa idea disponía de determinados preámbulos que derivaban en esa situación, aquí no sucede lo mismo, sino que arranca directamente con la propia situación. Por supuesto que un planteamiento así no tiene mucho que desarrollar, a menos que se “adorne” de alguna manera. Y esa manera es apelar a la memoria y los recuerdos, a los pensamientos y las reflexiones a las que Jessie, la protagonista, se ve obligada a recurrir mientras la angustia se va apoderando de ella poco a poco. Estos elementos son muy útiles para que Stephen King despliegue su entusiasmo hacia la divagación y hacer rememorar a los personajes situaciones pasadas. Algunos son interesantes, desde luego, pero el primer tercio de la novela se dilata en exceso, y puede conducir al abandono de la lectura a más de uno. Quizás con una estructura más corta, al estilo de Dolores Claiborne (Dolores Claiborne, 1992) –novela con la que forma una especie de díptico– hubiera obtenido más densidad y habría sido más directa. Aquí tenemos, pues, a la protagonista centrada en constante conversación con su conciencia, escindida metafóricamente en diversas personalidades.

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Desde 2014 se arrastraba la idea de adaptar la novela, ya con dirección de Mike Flanagan, hasta que al fin, gracias a la participación de la cadena de televisión Netflix, el proyecto ha salido adelante. El resultado es una de las películas más fieles al texto de King que existen, dado que incluso repite frases literales, tanto procedentes de los diálogos como del texto descriptivo, puesto este en boca de algún personaje.

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Como cabía esperar, gran parte de la carga introspectiva ha sido eliminada, para dar cabida a más argumento descriptivo. De ese modo, hay un prólogo de unos quince minutos que no existe en el libro, aunque se sobreentiende. Eso sí, el director ve la necesidad de justificar la presencia posterior del perro[1], así como hacer que por la radio surja una información sobre profanaciones en un cementerio, para conectar con lo que sucederá más tarde. Esa desesperante manía actual de tratar de explicarlo e hilvanarlo todo…

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El cambio más llamativo estriba en los “personajes” que se aparecen ante la protagonista, alegorías estas de sus reflexiones internas. En el libro eran tres: dos versiones diferentes de ella misma, en diferentes estadios de madurez, y una de una antigua compañera de universidad (que desaparece totalmente en el film); aquí tenemos a ella misma, y a su marido muerto, este último sin duda añadido para otorgar más papel a ese excelente actor que es Bruce Greenwood. El otro cambio drástico es el final, donde Jessie hace frente al criminal en medio de la corte; la reacción de la mujer en el libro me pareció algo bastante fuera de tono, con ella escupiendo a una persona que sin duda era un disminuido psíquico; en el film se resuelve con mayor diplomacia e inteligencia.

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Flanagan aprovecha esa trama para, por un lado, potenciar un ejercicio de suspense donde la desesperación de Jessie va yendo en aumento de modo paulatino; y por otro escarba en la personalidad de la mujer, lacerada a causa de un incidente acontecido en su pasado, cuando, durante un eclipse, su padre abusó sexualmente de ella. De ese modo, ambas situaciones pivotan en círculo, siendo una, en cierta manera, consecuencia de la otra, y habiendo de exorcizar ese fantasma del pasado para hacer frente al del presente.

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De esa manera, el personaje que acecha en la oscuridad, contemplándola en un aterrador silencio, ese psicópata violador de tumbas, así como de sus moradores, resultaría una enseña sobre el otro monstruo que tortura su existencia, esto es, su propio padre. Cuando por fin logra asumir esa circunstancia y pasar página, como si dijéramos, la circunstancia actual es también dada de lado, y Jessie logra seguir adelante. El monstruo desaparece, se quita la máscara, y se convierte también en una víctima.

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Pieza de cámara, con prácticamente un único escenario, salimos de ahí en tres ocasiones: el prólogo introductorio, el flashback del eclipse y el abuso, y el epílogo en el juzgado. Cada uno de ellos representa tres estadios emocionales diferentes de la protagonista, y cabe destacar el ambiente preciosista pero pesadillesco de los momentos del eclipse, ligado a ese trauma que marca la infancia y la edad de adulta de Jessie.

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Una película de esas características, desde luego, precisa unas interpretaciones que consigan que el espectador se crea esas situaciones, y se logra sobradamente por medio de una extraordinaria Carla Gugino como Jessie, que calibra con notable tino la gradación paulatina de la histeria en la cual va incursionando, intentando controlarse a sí misma; Bruce Greenwood como su marido, Gerald Burlingame, alguien en apariencia agradable, cercano y directo, aunque tras esa grata fachada se oculta un hombre con pliegues más oscuros; Henry Thomas como Tom, el padre de Jessie, un personaje que ha de luchar contra la monstruosidad que percibe en él mismo, que es al mismo tiempo verdugo y víctima, y que nos demuestra que el niño de E.T. ha madurado esplendorosamente, aunque siga una carrera dispersa; y por último, el entrañable Carel Struycken –La familia Addams, Twin Peaks, Star Trek: la nueva generación– como ese enfermo mental y con acromegalia, que se halla a mitad de camino entre los simbólico y lo real.

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No es una joya, como ha sido calificada ampliamente, pero sí una película más que interesante que mejora una de las novelas más flojas de su autor, calibrando con mayor precisión los distintos elementos que confluyen en ella.

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Anécdotas

  • Rodada en la localidad de Mobile, Alabama, entre el 17 de octubre y el 13 de noviembre de 2016.
  • El personaje “Moonlight Man” es descrito como que padece de acromegalia. El actor que lo interpreta, Carel Struycken, realmente sufre esa enfermedad, aunque ha sido caracterizado para exagerar sus rasgos.
  • En un momento dado Gerald llama al perro Cujo, en guiño a otra novela de King. El mismo personaje también hace una alusión a la saga de La Torre Oscura, a través de la frase “todo sirve al haz”.
  • La referencia de Jessie a una mujer y un pozo es un guiño a Dolores Clayborne, novela que se interconecta con El juego de Gerald por medio de una especie de conexión telepática entre ambas protagonistas.
  • Exhibida en Estados Unidos el 24 de septiembre de 2017 en el Fantastic Fest, y después estrenada por Netflix el 29 de septiembre de 2017.

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Bibliografía

  • El juego de Gerald; por Stephen King; traducción de María Vidal. Barcelona: Debolsillo, 2005. Colección: Bestseller; 102 – Biblioteca de Stephen King; 42. T.O.: Gerald’s Game (1992).

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

 

[1] En el libro sabremos que el perro abandonado se llamaba Príncipe; la protagonista lo denominará así cuando le intenta dar de comer.

 

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It’s Alive (2008)

Posted in Ciencia ficción, Cine, Reseña, Terror on 9 octubre, 2017 by belakarloff

Lenore abandona sus estudios universitarios para irse a vivir junto a su pareja, de quien espera un bebé, y el hermano adolescente de aquél, que está paralítico. Durante el parto los médicos y enfermeras son asesinados salvajemente, pero ella no recuerda nada debido a la anestesia. Afincada en la casa aislada en el bosque comienza a percibir inquietantes indicios sobre su hijo.

Dirección: Josef Rusnak. Producción: Millennium Films, Foresight Unlimited, Signature Pictures, Amicus Entertainment, IPW Productions, Aramid Entertainment Fund, Alive Productions. Productores: Simon Fawcett, Robert Katz, Marc Toberoff. Productores ejecutivos: Mark Damon, Boaz Davidson, Moshe Diamant, Danny Dimbort, J. Todd Harris, Avi Lerner, Trevor Short, Mark Brooke. Productores asociados: Tamara Birkemoe, Marc Marcum, Julie G. Moldo, James Portolese. Guion: Larry Cohen, Paul Sopocy, James Portolese, según el guion original de L. Cohen. Música: Nicholas Pike. Fotografía: Wedigo von Schultzendorff. Diseño de producción: Pier Luigi Basile. Montaje: James Herbert, Patrick McMahon. Efectos especiales: Timothy Huizing (efectos de mquillaje), Velichko Ivanov (supervisor de efectos visuales). Intérpretes: Bijou Phillips (Lenore Harker), James Murray (Frank Davis), Raphaël Coleman (Chris Davis), Owen Teale (sargento Perkins), Ty Glaser (Marnie), Oliver Coopersmith (Mike), Yoan Karamfilov (Adam), Jack Ellis (profesor Baldwin), Skye Bennett, Arkie Reece, Todd Jensen, Marianne Stanicheva, Alexis Bergemann, Michal Yanai, Gergana Bouzukova, Vlado Mihailov, Meglena Karalambova, Vesco Razpopov, Atanas Srebrev, Michael McCoy, Dimitar Shopov, Violeta Markovska, Sigal Diamant, Douglas A. Reno, Michael Straub, Mark W. Johnson, Sofia Vasileva, Miroslav Emilov, Laura Giosh… Nacionalidad y año: Estados Unidos 2008. Duración y datos técnicos: 80 min. Color 2.35:1.

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Estoy vivo (It’s Alive!, 1974) es una típica producción setentera característica del cine de Larry Cohen: desmesurada y sutil a un tiempo, extravagante y equilibrada. No era una obra maestra, pero sí un film divertido, entretenido, que iba directo al asunto, con unas excelentes interpretaciones, unos míticos maquillajes (apenas entrevistos pero impactantes) de Rick Baker y una partitura magistral debida a Bernard Herrmann.

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En 2008, una vez más, la falta de imaginación de guionistas y productores condujo a este nuevo remake de un clásico. En el guion consta la participación del propio Cohen, pero mucho sospecho que simplemente ha sido tomado el libreto del autor de Q – La serpiente voladora (Q / Q – The Winged Serpent, 1982), y los otros dos guionistas han trabajado sobre él, hasta hacerlo casi irreconocible.

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Así, ha sido reemplazado el maduro matrimonio del film original (excelentes John P. Ryan y Sharon Farrell) por una pareja de veinteañeros (ella aún está en la universidad, aunque la abandona nada más empezar el film), para hacerlos más cercanos al público contemporáneo. Curiosamente, el personaje del otro hijo del matrimonio más o menos se conserva en la figura del adolescente cuñado de la protagonista, que es paralítico solo para otorgar de un hipotético poso de gravedad al conjunto, pues únicamente es aprovechado el elemento en una escena absurda: ¿qué hace el crío en la cama con la silla de ruedas lejos de él? De hecho, este detalle es un mero síntoma de por dónde conducen todos los tramos argumentales de este, digámoslo ya, absoluto desastre.

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Y es que todos los personajes del film se comportan de un modo absurdo para conducir la inane trama hacia donde sus muy poco imaginativos autores buscan. Tras un plano inicial del bebito como una criaturita adorable, dejamos de verle, y no sabemos muy bien si se transforma ocasionalmente, o los padres están tan alelados que lo creen ver encantador (ya sabemos que, por feo que sea un niño, los padres lo ven precioso, pero esto es pasarse). El policía, la amiga de la protagonista o el psiquiatra (en la nimia nómina de personajes que aparecen, superfluos además la mayoría de ellos) son meros títeres de los caprichos de los guionistas, y no existen para hacer evolucionar la trama, articular una relación entre ellos o desarrollar sus psicologías, sino como mera carnaza para irlos conduciendo en los momentos adecuados para ser asesinados por el glotón del niño (la madre no para de referir que tiene mucha hambre, pero lo único que parece hacer es mutilar sin ton ni son).

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Todo este descomunal bodrio lo dirige sin la menor tensión (pero con mucha predilección hacia los socorridos y cargantes golpes de efecto por medio de una música brusca) por Josef Rusnak, un alemán que debutó en su país en 1984, y que tiene en su haber una película de cierto predicamento como es Nivel 13 (The Thirteenth Floor, 1999). Aquí retrata rutinariamente a unos personajes vacíos, no logra conferir ritmo alguno al conjunto, y el escasísimo metraje se hace aburrido y pesado. A ello se añade una caterva de actores pésimos, donde sobresale, por su técnica atiplada, Owen Teale, quien encarna al policía.

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En cuanto a los efectos especiales, ya se ha mencionado antes que al bebito apenas se le ve: solo unos cuantos planos lejanos donde se vislumbra un tieso muñeco, que incluso según las escenas parece mayor o menor, y un espantoso primer plano diseñado por ordenador, y eso es todo. Por lo demás, cierta predilección en mostrar salpicones de sangre, único elemento vertebrador del conjunto.

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En suma, un engendro absolutamente inadmisible, ni siquiera recomendable para los concienciados cinéfilos completistas del género. A huir de él.

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Anécdotas

  • Título en Argentina y México: ¡Está vivo! Título en Perú: Está vivo.
  • Rodado con un presupuesto de diez millones de dólares.
  • El rodaje tuvo lugar en Bulgaria.
  • Estrenado en Estados Unidos, directamente en DVD, el 6 de octubre de 2009. En España, salvo error, nunca se ha visto.

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

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Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra (When Dinosaurs Ruled the Earth) (1970)

Posted in Aventuras, Cine, Fantasía, Reseña on 6 octubre, 2017 by belakarloff

Al principio de los tiempos, la Tierra carecía de Luna. El Sol, considerado un benefactor, recibía sacrificios humanos por parte de una tribu, que les entregaba a aquellas doncellas cuyos cabellos fuesen dorados. Una de ellas, Sanna, logra salvarse del sacrificio ante un cataclismo cuando la Tierra atrapa un satélite, y vagando va a parar a la tribu de Tara, de quien se enamora.

Dirección: Val Guest. Producción: Hammer Film Productions. Productora: Aida Young. Guion: Val Guest, a partir de un tratamiento de J. G. Ballard. Fotografía: Dick Bush. Música: Mario Nascimbene. Montaje: Peter Curran. Director de segunda unidad: Jim Danforth. Efectos visuales: Jim Danforth, Dave Allen. Efectos especiales: Roger Dickens. Intérpretes: Victoria Vetri (Sanna), Robin Hawdon (Tara), Patrick Allen (Kingsor), Drewe Henley (Khaku), Sean Caffrey (Kane), Magda Konopka (Ulido), Imogen Hassall (Ayak), Patrick Holt (Ammon), Jan Rossini, Carol Hawkins, Maria O’Brien, Connie Tilton, Maggie Lynton, Jimmy Lodge, Billy Cornelius, Ray Ford… Nacionalidad y año: Reino Unido 1970. Duración y datos técnicos: 96/100 min. color 1.75:1.

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En 1966 la Hammer tuvo un gran éxito con el estreno de Hace un millón de años (One Million Years B.C., Don Chaffey). No es de extrañar que, pasado un tiempo, la co-productora asociada de aquélla, Aida Young, se hiciese cargo de una especie de secuela, Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra (When Dinosaurs Ruled the Earth, 1970). En 1968 se diseñó un llamativo póster (un dinosaurio con una chica en la boca, lo cual se mantiene en el film), con el fin de vender el proyecto a la Warner, quien distribuiría el film mundialmente.

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No se trata de una secuela directa, ni aparecen los mismos personajes, pero tiene toda la apariencia de ambientarse en el mismo universo, dada la coincidencia de idioma que utilizan los cavernícolas. La idea de un lenguaje propio para los trogloditas proviene de la versión antigua de Hace un millón de años (One Million B.C., 1940, Hal Roach Jr. y Hal Roach), que la Hammer rehizo con Ray Harryhausen al cargo de los efectos especiales. El detalle del idioma en el remake de Hace un millón de años, por cierto, fue saludado por la crítica con no poca guasa; años después, cuando Jean-Jacques Annaud hizo lo mismo con su antropológica (y excelente) En busca del fuego (La guerre du feu, 1981), donde contó con el escritor Anthony Burgess[1] para crear el nuevo lenguaje, la idea fue saludada como el colmo de la originalidad e ingenio.

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Para la presente película, la Hammer decidió contratar al prestigioso escritor de ciencia ficción J. G. Ballard[2], quien escribió un tratamiento de unas pocas páginas con destino directo al film. Después, el habitual de la Casa del Martillo (aunque jamás estuvo bajo contrato para ella), Val Guest[3], escribió el guion, a partir de esa premisa, y dirigió la película. Realizador de notable talento, aún no ha llegado a dispensársele la valoración que precisa. De hecho, la presente cinta goza de una pésima fama (incluso disgustaba enormemente al propio Val Guest), aparte de la referida referencia al uso del “idioma troglodita”.

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Para cualquier persona con un mínimo de cultura queda evidente que la presente es una película de fantasía. Parece una obviedad, pero es algo que ha de matizarse. Los dinosaurios se extinguieron en el Cretáceo, unos 65 millones de años antes de la aparición de la especie humana; en cuanto a la Luna, se especula que se formó hace 4.527 ± 0.010 mil millones de años[4], desgajada de la Tierra por medio de fuerzas centrífugas, aunque existen distintas teorías sobre el tema. Nada que ver, por tanto, con lo que presenta la película. Desde que en 1914 David Wark Griffith mostró juntos dinosaurios y humanos en su corto Brute Force, parece un estereotipo unir ambas especies en un mismo período histórico, pero hoy día es de conocimiento común que tal circunstancia jamás se produjo. Por tanto, insisto, esto es una mera fantasía, sin ningún ánimo de divulgación antropológica, una fantasía del mismo modo que lo fueron El experimento del doctor Quatermass, Drácula (Dracula, 1958), o Mujeres prehistóricas (Prehistoric Women, 1967). Casi podría integrarse el film dentro de las coordenadas del cine de fantasía heroica, abriendo un poco el margen del mismo.

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Guest aplica a las imágenes un tono telúrico, primitivo, pese al aspecto atractivo y actual de la mayoría de las mujeres (y hombres) que aparecen en la cinta. Para ello no cabe duda de que gran ayuda recibe por parte de Mario Nascimbene, quien, al igual que en Hace un millón de años, compone una partitura musical acompañada de percusiones primitivas y unos coros que contribuyen a crear un aura sobrenatural, como en la estremecedora escena de la ceremonia funeraria, donde el muerto es abandonado a la deriva en el mar en una balsa ardiente[5].

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El gran Jim Danforth, discípulo de Ray Harryhausen, realiza la labor de director de segunda unidad, y de igual modo encabeza los efectos visuales (ayudado por otro grande, el desaparecido Dave Allen), diseñando y dirigiendo los efectos, realizando la animación por stop-motion, las pinturas matte, los efectos de cámara y retroproyección. Su labor es extraordinaria[6], dispensando una impresionante credibilidad a los dinosaurios que concibe, otorgándoles el mismo grado de personalidad que le enseñó Harryhausen, así la hembra que adopta a Victoria Vetri. Cabe destacar, con todo, los apasionantes cangrejos que crea para los momentos finales, cuando la formación del tsunami provoca una playa interminable de la que brotan los crustáceos, a los que otorga una apariencia peculiar; ello, unido a la apocalíptica fotografía de Dick Bush, otro habitual de los estudios, tributa a esos instantes un aire estremecedoramente irreal.

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Esos momentos extraños, inquietantes, alienígenas diríase, se ven también distinguidos por los instantes donde la nueva Luna se va forjando. El contrapunto lo ponen los intervalos humorísticos con Sanna disfrutando de su familia de adopción, los dinosaurios que la acogen como una más del grupo.

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Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra es, en definitiva, una delicia, una maravillosa fantasía de una época inexistente donde el ser humano se mostraba en toda su belleza pero, al tiempo, estaba delimitado a una existencia primitiva, en la cual la propia naturaleza, animal, vegetal y mineral, suponía un peligro a cada paso.

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Anécdotas

  • Título de rodaje: When Dinosaurs Ruled the World.
  • Candidata a los Oscar en 1972 en la categoría de efectos especiales.
  • En marzo de 1971 la Warner distribuyó la película en Estados Unidos en programa doble con The Valley of Gwangi [tv/dvd: El valle de Gwangi, 1969), de Jim O’Connolly, con efectos especiales de Ray Harryhausen.
  • La versión inglesa incluye algunos planos de desnudos, con una toma de una troglodita a la que un hombre arranca el sujetador, una escena de amor dentro de una cueva entre Sanna y Tara, y un baño de ambos; en su distribución internacional fueron cortados. Sin embargo, cuando se estrenó en el Reino Unido se eliminaron algunos planos violentos, como la lucha con la serpiente, el pterodáctilo y la planta gigante. La versión que hay actualmente en DVD está completa del todo.
  • El rodaje tuvo lugar en Gran Canaria y Fuerteventura, Islas Canarias. Los interiores se hicieron en los Estudios Shepperton de Londres, y ocupó desde el 14 de octubre de 1968 a principios de enero de 1969.
  • Victoria Vetri, con su nombre real de Angela Dorian, fue Playmate del mes de septiembre de 1967 y después Playmate del año en 1968.
  • Los planos de los dinosaurios peleando (dos lagartos con aletas falsas) están tomados del film El mundo perdido (The Lost World, 1960), de Irwin Allen. Como esa película se rodó en formato panorámico, aparecen ligeramente comprimidos, para ajustarse al formato. Los planos de archivo de los buitres volando también tienen el mismo defecto de formato.
  • El tríptico de cine prehistórico de la Hammer se completa con Criaturas olvidadas del mundo (Creatures the World Forgot, 1971, Don Chaffey), donde retorna Toomak pero no hay aparición de dinosaurios.
  • El lenguaje troglodita del film se supone basado en el fenicio, latín y sánscrito, y está formado por veintisiete palabras; he aquí el sucinto diccionario prehomínido-castellano: neecha: “alto” o “vuelve”; zak: “ido” o “desaparecido”; akita: “mira” o “ahí”; neecro: “malo” o “maligno”; m’kan: “matar” o “asesinado”; mata: “muerto”; yo kita: “ir”.
  • Estrenada en el Reino Unido el 25 de octubre de 1970. En España se estrenó el 21 de febrero de 1972.

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

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[1] Anthony Burgess (1917-1993) fue el autor de la novela La naranja mecánica (A Clockwork Orange, 1962). En ella experimentó con el lenguaje creando un argot llamado nadsat, derivado del ruso.

[2] James Graham Ballard (1930-2009) fue autor de obras como El mundo de cristal (The Crystal World, 1966), La exhibición de atrocidades (The Atrocity Exhibition, 1969), Crash (Crash, 1973), La isla de cemento (Concrete Island, 1974) o El imperio del sol (Empire of the Sun, 1984), entre otras.

[3] Valmond Guest (1911-2006) dirigió para la Hammer El experimento del doctor Quatermass (The Quatermass Xperiment, 1955), The Abominable Snowman [tv/dvd: El abominable hombre de las nieves, 1957] o Ayer enemigos (Yesterday’s Enemy, 1959), entre otras. También dirigió un clásico de la ciencia ficción como The Day the Earth Caught Fire [tv: El día que la Tierra se incendió, 1961], y fue de igual modo un consumado director de filmes de suspense. Por lo general, también era guionista.

[4] Esta edad es calculada a partir de la datación del isótopo de las rocas lunares.

[5] Casi un precedente, pues, de un entierro vikingo. Curiosamente, Nascimbene también puso música a la estupenda Los vikingos (The Vikings, 1958, Richard Fleischer), donde había una escena muy similar.

[6] Pese a ello, se le escapa un defecto: cuando un dinosaurio asola el poblado y es asediado por medio del fuego, en un momento determinado la imagen del monstruo se ve reflejada en el cristal trasero.

 

The Airship Destroyer (1909)

Posted in Ciencia ficción, Cine, Cine mudo, Reseña on 5 octubre, 2017 by belakarloff

Un inventor pretende a una muchacha, pero su padre lo rechaza violentamente. Entonces, una flotilla de zeppelines de una potencia extranjera ataca el Reino Unido. El inventor hará uso de sus ingenios científicos para contraatacar.

Dirección: Walter R. Booth. Producción: Charles Urban Trading Company. Productor: Charles Urban. Guion: Walter R. Booth, según una historia de Jules Verne. Efectos especiales: Walter R. Booth. Nacionalidad y año: Reino Unido 1909. Duración y datos técnicos: 20/11/7 min. B/N tintado 1.33:1.

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Walter Robert Booth (1869-1938) fue un mago inglés que, con el nacimiento del cine, se inclinó hacia este nuevo arte. Primero trabajó con el productor Robert W. Paul, y más adelante con Charles Urban, responsable del presente film pionero de la ciencia ficción. La mayoría de las películas que realizó Booth eran de “trucos”, lo que en inglés se denominaba “trick films”, esto es, cortos de inicios del cine centrados en efectos especiales innovadores.

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Booth comenzó trabajando en la industria de la porcelana, siguiendo a su padre, pero pronto se volcó profesionalmente al mundo de la magia, a la cual era aficionado. Se supone que, mientras actuaba en el Egyptian Hall de Piccadilly, Londres, conoció a Robert W. Paul, que comenzaba a exhibir sus primeras producciones cinematográficas en 1896. Nuestro hombre empezó a trabajar para Paul ideando cortos de trucos, y más tarde dirigiéndolos, comenzando con The Miser’s Doom y Upside Down; or, the Human Flies (ambos de 1899). Algunos de los cortos eran de trucos escénicos, al estilo de los de Méliès, y en otros comenzó a trabajar con modelos a escala, como es el caso de A Railway Collision (1900). Más adelante haría Scrooge, or, Marley’s Ghost (1901), una breve adaptación del Cuento de Navidad de Dickens, o el cuento de hadas medieval The Magic Sword; or, A Medieval Mystery / Magical Sword (1901).

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En 1906 Booth pasó a trabajar con Urban, para quien construyó su propio estudio en el patio trasero de Neville Lodge, Woodlands, Isleworth, Londres. Allí, en colaboración con F. Harold Bastick, realizó The Hand of the Artist (1906), que es considerado el primer film británico de animación. En esa etapa rodó cerca de quince películas por año, algunas de las cuales eran de imagen real, pero con los efectos especiales realizados por animación. Entre sus films se cuentan cintas de trucos a lo Méliès, como The Sorcerer’s Scissors o When the Devil Drives (ambos de 1907), o pioneros de la ciencia ficción como The Aerial Submarine (1910), The Automatic Motorist (1911) o el que nos ocupa.

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Más adelante produjo películas publicitarias e inventó un método denominado Flashing Film Ads, descrito como “efectos de color únicos en luz y movimiento”. Poco más se sabe de su vida, y murió en algún momento de 1938 en Birmingham.

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The Airship Destroyer (1909) es un film de lenguaje aún primitivo. Los planos son fijos, no se acercan a los personajes y no se realizan cortes para mostrar imágenes detalladas. Pero esos planos fijos son breves, aportando ritmo a la narración. Los efectos especiales consisten en dibujos en cartón, recortados y movidos a mano, así los zeppelines que atacan la ciudad, o una maqueta, de cartón también, ardiendo, cuando se bombardea la ciudad. Existe un plano de una casa derrumbada, y al protagonista rescatando a una mujer y después extrayendo de las ruinas el cadáver de su marido, bastante impactante. Desde los cánones actuales, por supuesto, está obsoleto, pero viéndolo desde la perspectiva pertinente es una obra atractiva, vigorosa y de valor histórico y lúdico.

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Según parece, alguna versión más completa incorpora una secuencia inicial donde el protagonista sueña todo lo que acontece, tras presenciar el regreso de un navío aéreo a su escuadrón. La resumida copia alemana que hoy día puede presenciarse procede de un coleccionista privado, que lo donó a la Deutsche Kinemathek en la década de 1960. Más adelante, fue telecinada por el estudio británico Studio Cine, usando un sistema de restauración del color en 2003, por lo cual también se puede ver en una copia con tintados.

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En la época en que se hizo esta película estaban bastante de moda las narraciones sobre ataques aéreos a las ciudades, sin duda presagiando el inminente comienzo de la Primera Guerra Mundial. Existen diversos films pioneros con esas características, como el de Booth, ya citado, Aerial Submarine. A Startling Forecast. Piracy in Sea and Air (1910) o, también suyos, The Aerial Anarchists (1911) y The Menace of the Air (1915). E incluso en literatura hay precedentes como The Battle of Dorking (1871) de George Tomkyns Chesney, The Invasion of 1910 (1906) de William Le Queux y La guerra en el aire (The War in the Air, 1908) de H. G. Wells.

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Charles Urban, el productor

El film se anuncia como basado en una narración de Jules Verne, sin que sepamos muy bien de cuál se trata; suponemos que se refiere al “universo futurista” global del autor de Robur el conquistador (Robur-le-Conquérant, 1886), aunque tal vez la citada obra de Wells supusiera una inspiración más evidente.

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Anécdotas

  • Estrenada en el Reino Unido en octubre de 1909. En Estados Unidos se estrenó el 29 de diciembre de 1909.
  • Repuesta en el Reino Unido durante la Primera Guerra Mundial, en enero de 1915, como The Aerial Torpedo.
  • En Estados Unidos se estrenó con el título de The Battle in the Clouds, en una única bobina aunado a Le cascate di Caserta (1909), un documental italiano sobre un parque.
  • Existe una copia con el título alemán de Der Luftkrieg Der Zukunft, que es la que actualmente se puede conseguir, con la menor de las duraciones que se consignan.

 

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

 

 

Sunset in El Dorado (1945)

Posted in Cine, Reseña, Western on 3 octubre, 2017 by belakarloff

Una muchacha que trabaja en una agencia que organiza viajes al Oeste está aburrida de su vida y escapa, dirigiéndose precisamente al Oeste. Es interceptada por su tía y su prometido cuando está llegando a El Dorado, una ciudad fantasma que ella desea visitar, pues su abuela vivió allí. Un flashback nos ubica en aquellos días…

Dirección: Frank McDonald. Producción: Republic Pictures. Productor asociado: Louis Gray. Guion: John K. Butler, según argumento de   Leon Abrams. Fotografía: William Bradford. Música: R. Dale Butts, Mort Glickman, Joseph Dubin. Montaje: Tony Martinelli. Dirección artística: Frank Hotaling. Efectos especiales: Howard Lydecker, Theodore Lydecker. Intérpretes: Roy Rogers (Roy Rogers), Trigger (Trigger), George ‘Gabby’ Hayes (Gabby), Dale Evans (Lucille Wiley / Kansas Kate), Hardie Albright (Cecil Phelps / Cyril Earle), Margaret Dumont (tía Dolly / tía Arabella), Roy Barcroft (Buster Welch), Tom London (sheriff Gridley), Stanley Price (Lyle Fish), Robert J. Wilke (Curley Roberts), Ed Cassidy (U. S. Marshal), Dorothy Granger (Maisie), Bob Nolan (Bob, líder de los Sons of the Pioneers), Sons of the Pioneers (músicos), George Chesebro, Edmund Cobb, Tex Cooper, Franklyn Farnum, Timmy Hawkins, Fred Howard, Jack Kirk, Frank O’Connor, Lucille Vance… Nacionalidad y año: Estados Unidos 1945. Duración y datos técnicos: 65/54 min. B/N 1.37:1.

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Dale Evans es la protagonista absoluta de esta película, aunque figura la cuarta en el reparto, por debajo incluso ¡de un caballo! Al fin y al cabo, esta película es del Oeste, y por aquella época este tipo de productos iban dirigidos casi en exclusiva al público masculino, que tenía a Roy Rogers como ídolo, y en particular a la chiquillería, que adoraba a Trigger, “el caballo más listo del cine”, como solía ser anunciado. El elemento femenino era obligado por tradición, y así además las novias y esposas no se mostraban renuentes a presenciar una cinta donde preponderaban los papeles masculinos. Por lo general, la “chica” de la película era un personaje prescindible, para meter dos o tres escenas de amor, o para ser rescatada. Sin embargo, aquí es ella la que conduce toda la historia.

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La referida Dale Evans (1912-2001) fue una actriz asidua a los westerns musicales de esa época, muchos protagonizados por Roy Rogers, y de hecho acabó protagonizando al lado de este la serie Roy Rogers (The Roy Rogers Show; 1951-1957), ambos con sus propios nombres como personajes –algo habitual en los westerns de serie B de la época de este en los héroes masculinos–. Roy Rogers (1911-1998), por su parte, fue uno de los actores y vocalistas más famosos de su generación. Debutó como cantante en varios grupos de los años treinta, hasta que en 1934 se incorporó a Sons of the Pioners. Formando parte del conjunto apareció en la película Rhythm on the Range (1936, Norman Taurog), con Bing Crosby a la cabeza del reparto. En 1937 abandonó el grupo, y en 1938 protagonizó su primer western, Under Western Stars (1938, Joseph Kane). Sus películas solían incorporar tramas muy sencillas y canciones, en muchas de las cuales reaparecían sus compañeros de Sons of the Pioners. En Estados Unidos fue todo un mito, pero en España apenas se le conoció; pocas de sus películas se estrenaron, si bien después la citada serie televisiva apareció en nuestros televisores. Más conocido, diríase, fue por los tebeos que se distribuyeron de él, editados por la mexicana editorial Novaro.

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La presente es una más de las muchas películas que protagonizó. Se caracteriza por el hecho de estar narrada en dos tiempos: el presente (de la época de rodaje) y el pasado del Oeste dorado. La historia del pasado supone una trama muy elemental, con un malvado dueño de saloon que roba a un buscador de oro el mapa de una mina que ha localizado. Entre ambos extremos se hallan dos amigos del viejo (el entrañable George ‘Gabby’ Hayes), por un lado la cantante del saloon, Kansas Kate, y por el otro el vaquero Roy Rogers. Todo se resuelve según los cánones conocidos, con muy sositas escenas de acción.

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Como es norma en películas de esta estructura, los actores repiten personajes en las diferentas épocas en que se ambienta. Queda claro que Kansas Kate fue la abuela de la actual Lucille Wiley, pero nada queda claro respecto a los demás personajes: si, como queda obvio, al final Kansas Kate se casó con el Roy Rogers del pasado, el actual sería el nieto, y por ende Lucille se liaría con un pariente. También parece insinuarse que Gabby comienza un idilio con la tía Arabella (la gran Margaret Dumont de las películas de los hermanos Marx), y luego ambos también están en el presente. En realidad, todo es un juego cinematográfico, para identificar los roles de los personajes sin mayor complicación.

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El resultado es un western de serie B sin más trascendencia, que al menos en la versión resumida que parece pervivir ha eliminado algunas de las aburridas canciones que solían ilustrar estas cintas.

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Anécdotas

  • El coordinador de especialistas es el habitual Yakima Canutt. El doble de Roy Rogers es Joe Yrigoyen, y el de Roy Barcroft, Fred Graham.
  • Estrenada en Estados Unidos el 29 de septiembre de 1945. En España jamás se ha visto.

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

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Kingsman: El círculo de oro (Kingsman: The Golden Circle) (2017)

Posted in Aventuras, Ciencia ficción, Cine, Humor, Parodia, Reseña, thriller on 29 septiembre, 2017 by belakarloff

La malvada Poppy destruye los cuarteles generales de Kingsman. Eggsy viaja a los Estados Unidos para buscar la colaboración de Statesman, otra organización secreta que controla la paz mundial, para que le ayuden a detener a la pérfida tratante de drogas, que pretende provocar un holocausto mundial aprovechando la adicción de muchas personas.

Dirección: Matthew Vaughn. Producción: Twentieth Century Fox Film Corporation, Marv Films, Shangri-La Entertainment, TSG Entertainment. Productores: Adam Bohling, David Reid, Matthew Vaughn. Productores ejecutivos: Dave Gibbons, Pierre Lagrange, Stephen Marks, Mark Millar, Claudia Schiffer. Guion: Jane Goldman, Matthew Vaughn, según el cómic The Secret Service de Mark Millar y Dave Gibbons. Fotografía: George Richmond. Música: Henry Jackman, Matthew Margeson. Montaje: Eddie Hamilton. Diseño de producción: Darren Gilford. Efectos especiales: 4DMax, BUF, Blind, Clear Angle Studios, Efficacy4D, Framestore, Mark Roberts Motion Control, Moving Picture Company, The Senate Visual Effects, Snow Business International, Sony Pictures Imageworks. Intérpretes: Taron Egerton (Eggsy), Edward Holcroft (Charlie), Gordon Alexander (chófer de Kingsman), Mark Strong (Merlin), Hanna Alström (princesa Tilde), Calvin Demba (Brandon), Thomas Turgoose (Liam), Tobi Bakare (Jamal), Julianne Moore (Poppy), Keith Allen (Charles), Tom Benedict Knight (Angel), Colin Firth (Harry Hart), Michael Gambon (Arthur), Sophie Cookson (Roxy), Björn Granath (rey de Suecia), Lena Endre (reina de Suecia), Samantha Coughlan (guía turística), Channing Tatum (Tequila), Halle Berry (Ginger), Elton John (Elton John), Jeff Bridges (Champ), Pedro Pascal (Whiskey), Martyn Ford, Poppy Delevingne, Grant Gillespie… Nacionalidad y año: Reino Unido, Estados Unidos 2017. Duración y datos técnicos: 141 min. Color 2.39:1.

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Oro de baratillo

Mientras asistía al visionado de Kingsman: El círculo de oro (Kingsman: The Golden Circle, 2017, Matthew Vaughn) no podía dejar de pensar en otra película, Kick Ass 2: Con un par (Kick-Ass 2, 2013, Jeff Wadlow). Ambas coinciden en bastantes aspectos: son secuelas de sendas películas que parodiaban los estereotipos de determinado tipo de cine con frescura, humor malicioso y vigor. Ambas, también, caen en el error en las que no cayeron sus predecesoras, siendo además continuaciones muy inferiores a sus originales.

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Kingsman: El círculo de oro recicla en cierta manera la estructura dramática de su predecesora, como también suele ser habitual en las secuelas; de este modo, el espectador distingue rasgos aparecidos con anterioridad y se siente seguro, reconoce las reglas del juego. Aquí, por poner un ejemplo palpable, tenemos la repetición de la escena de la pelea en el pub (aquí taberna) con un grupo de chulos engreídos. Pero esa repetición se extiende a todo lo que es el esqueleto dramático principal del film, reemplazando personajes, lugares y demás “adornos” externos.

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La película, como es norma, empieza con una escena super-trepidante. Después, la narración cae en picado y ya no levanta vuelo. Las escenas se dilatan en exceso, se hacen cansinas y, en realidad, muchas de ellas nada aportan. Todo funciona a base de acumulación, siendo este el único recurso expresivo utilizado para aportar un supuesto interés. Esa es otra de las cláusulas que parecen exigir las secuelas: repetir todo, pero centuplicado. Más acción, más explosiones, más chistes… Son como un remake hipertrofiado, amén de maquillado para aparentar ser otra cosa.

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Otro problema son los actores. Tiempo atrás, el crítico de cine Peter Bogdanovich rodó una película titulada ¿Qué me pasa, doctor? (What’s Up, Doc?, 1972), que pretendía ser un homenaje a La fiera de mi niña (Bringing Up Baby, 1938). Rodados los primeros días y revisado el material, Bogdanovich comprobó que la cosa no funcionaba, no sabía muy bien porqué. Invitó a un pase a Howard Hawks, director del film homenajeado, y este le respondió: “Para que una película cómica funcione, los actores se lo han de tomar en serio”. Vueltas a rodar las escenas con ese criterio, ya todo fue mejor. Y ese es el problema de esta película: que muchos de los actores se toman a pitorreo sus cometidos, efectúan una interpretación sin creerse sus personajes. Matrícula de honor –en el aspecto negativo–, para dos actores tan excelentes por norma como Julianne Moore y Jeff Bridges, que se abordan sus papeles con una desidia que muestra una total falta de profesionalidad. Otros, sencillamente, son mediocres, como Pedro Pascal, una especie de Burt Reynolds de segunda (que ya es decir). Solo cabe destacar en el lado positivo a Mark Strong, Colin Firth y, sobre todo, Bruce Greenwood como un presidente de los Estados Unidos de aspecto kennedyano y carácter trumpero. Greenwood, además, es de los pocos que saben transmitir vis cómica sin efectuar una interpretación chusca.

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Hay puntos positivos, pero desperdigados aquí y allá en algo que no logra una unidad consecuente. Para los aficionados al pulp resultan muy placenteros los elementos de ciencia ficción, así los dispositivos robóticos de los que dispone la mala: un acólito con un brazo cibernético, una androide y, en especial, una pareja de perros sabuesos mecánicos. O ese plano de resonancias apocalípticas, con todos los infectados amontonados en jaulas. O algunos gags dispersos. No tiene gracia, empero, aunque insisten machaconamente en ello, en sacar a Elton John soltando palabrotas de continuo. Si hubiera sido un cantante más estirado… Elton John, por cierto, se muestra muy simpático (y muy viejo), pero queda evidente que no es un actor ni de lejos.

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La trama es casi un calco del film previo, solo que a los protagonistas se les une otro grupo, esos agentes estadounidenses, con el fin de americanizar el producto, y que los espectadores de aquel país se sientan más en casa. Es una cinta de humor y acción muy elemental y trivial, que pretende aparentar ser cáustica, pero que se queda muy corta en todos los aspectos. A mí se me hizo inclusive aburrida, pecado mortal en el que nunca debería caer una película de esta índole.

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Anécdotas

  • Título en Argentina y Chile: Kingsman: El círculo dorado.
  • Secuela de Kingsman: Servicio secreto (Kingsman: The Secret Service, 2014), de Matthew Vaughn.
  • El montaje original sumaba ochenta minutos más al metraje definitivo.
  • Tercera vez que Bruce Greenwood interpreta al presidente de los Estados Unidos. La primera vez fue en 13 días (Thirteen Days, 2000, Roger Donaldson), donde hacía de Kennedy, y la segunda en La búsqueda: El diario secreto (National Treasure: Book of Secrets, 2007, Jon Turteltaub), donde era un presidente ficticio.
  • Estrenada en el Reino Unido el 20 de septiembre de 2017; en Estados Unidos y en España se estrenó el 22.

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

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madre! (mother!) (2017)

Posted in Cine, Otros géneros, Reseña, Terror on 29 septiembre, 2017 by belakarloff

Ambos viven aislados en una casa. Él publicó en tiempos un libro, y ahora está intentando crear otro. Al lugar acude un hombre, en apariencia despistado, pero que en realidad es un admirador, que se queda a vivir con ellos. Al poco, el visitante invita a su esposa a sumarse.

Dirección: Darren Aronofsky. Producción: Protozoa Pictures. Productores: Darren Aronofsky, Scott Franklin, Ari Handel. Productor asociado: Dylan Golden. Productores ejecutivos: Mark Heyman, Josh Stern, Jeff G. Waxman. Guion: Darren Aronofsky. Fotografía: Matthew Libatique. Montaje: Andrew Weisblum. Diseño de producción: Philip Messina. Efectos especiales: Hybride Technologies, Industrial Light & Magic. Intérpretes: Jennifer Lawrence (madre), Javier Bardem (él), Ed Harris (hombre), Michelle Pfeiffer (mujer), Brian Gleeson (hermano menor), Domhnall Gleeson (hermano mayor), Jovan Adepo, Amanda Chiu, Patricia Summersett, Eric Davis, Raphael Grosz-Harvey, Emily Hampshire, Abraham Aronofsky, Luis Oliva, Stephanie Ng Wan, Chris Gartin, Stephen McHattie, Ambrosio De Luca, Gregg Bello, Arthur Holden, Henry Wai Ciu Kwok… Nacionalidad y año: Estados Unidos 2017. Duración y datos técnicos: 121 min. color 2.35:1.

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Viaje en torno a la musa…raña

Hace no mucho tiempo Darren Aronofsky logró cierto prestigio crítico con sus primeras películas, Pi, fe en el caos (Pi, 1998) y Réquiem por un sueño (Requiem for a Dream, 2000), principalmente. Pero de forma paulatina el prestigio que había logrado fue desinflándose poco a poco por medio de películas a mitad de camino entre la pretenciosidad y la falta de sentido del ridículo. Su penúltima película hasta ahora, Cisne negro (Black Swan, 2010), suponía un buen ejemplo de su forma de ver el cine, una cinta hueca pero llena de pretensiones, claro ejemplo de paleto americano que se cree que está haciendo algo muy trascendente porque trata el artístico mundo del ballet, amén de plagiar con todo descaro una obra maestra como Las zapatillas rojas (The Red Shoes, 1948, Michael Powell, Emeric Pressburger). Aunque, si bien esta logró cierto equilibrio crítico, no fue así con la siguiente, Noé (Noah, 2014), presunta adaptación bíblica que fue sistemáticamente repudiada, pero que yo disfruté por verla meramente como un film postapocalíptico al estilo de, por ejemplo, Roma 2072 D.C. – Los gladiadores (I guerrieri dell’anno 2072, 1984, Lucio Fulci).

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Con esta nueva cinta se ha superado en un esfuerzo que merece digna recompensa. Esta vez su punto vista se centra en el cine intelectual de los años sesenta y setenta, con el ojo puesto en cineastas como Luis Buñuel, Wojciech Has o Alain Resnais. Es decir, madre! (mother!, 2017) –sí: curioso el modo de presentar el título en castellano– es cine metafórico, simbólico, abstracto, que pretende lanzar grandes y complejas ideas. Solo que lo hace con una torpeza que puede despertar tanto el desconcierto como la carcajada. Aronofsky ha declarado que para esta su nueva opera magna se ha inspirado en películas como La semilla del diablo (Rosemary’s Baby, 1968, Roman Polanski) o El ángel exterminador (El ángel exterminador, 1962, Luis Buñuel), y algo de ello hay, cierto –poco de la primera y algo más de la segunda–, junto a otros treinta y siete filmes más. Sabido de sobra es el aprecio que Aronofsky siente por fagocitar ideas e imágenes de películas previas, y aquí no se corta un pelo, habiendo incluso planos que copian literalmente ideas de directores como Dario Argento –de un momento de Tenebre (Tenebrae, 1982), por concretar–. El director de El luchador (The Wrestler, 2008) sufre aquí un empacho e indigestión del cine que ha deglutido, pero en el proceso ha asimilado poco, lanzando un cacao de ideas que, en realidad, son pocas, se contradicen entre sí, y se agotan a los cuarenta y cinco minutos de comenzar.

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Si intentamos encuadrar la película en un género concreto, podríamos definirlo algo así como un melodrama de horror. Así, es una cinta de relaciones de pareja, donde paulatinamente se va involucrando algo inquietante. Al principio semeja que incluso se trata de algo coherente, con una pareja viviendo en un caserón apartado; parecen quererse, pero en sus miradas se percibe un resentimiento oculto. El punto de vista se centra en todo momento en el personaje de ella (Jennifer Lawrence), con la cámara persiguiéndola en todo momento y encuadrándola a menudo en primer plano; los demás personajes, incluido su marido (Javier Bardem), se hallan más lejanos, y solo se aproximan a la cámara cuando es a ella a la que se acercan. Dentro de ese contexto aparece un personaje (Ed Harris), que parece haber llegado allí mal indicado, pero luego se percibe que ha venido a propósito: es un fan del marido, escritor de prestigio, y que está intentando pergeñar su segunda gran obra. El marido, impulsado por su ego, le convida a quedarse, y al poco aparece la esposa del fan (Michelle Pfeiffer), al que éste ha invitado por toda la jeta. El fan se está muriendo de cáncer de pulmón (es un fumador compulsivo) y en un momento dado la protagonista lo halla tosiendo de forma incontenible sobre la taza del váter, luciendo en un costado algo que parece un estigma. Después, del retrete asoma una cosa carnosa y tumefacta, que suelta un aullido lastimero, antes de que ella lo arrastre con el agua. Podría interpretarse como una encarnación física del cáncer, o algo igual de profundo.

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Todo lo que precede, en realidad, nada aporta, y es una artimaña de Aronofsky de tocar muchos palos en su intento de aparentar que está narrando algo consistente. De hecho, la visita de esa pareja –a la que continuará la aparición de los dos hijos de esta– es un modo de mostrar la intromisión en el hogar donde, hasta ahora, los protagonistas habitaban plácidamente. Estos moraban un microcosmos seguro, donde la intrusión de lo ajeno desmorona el hábitat que hasta entonces existía. Después, esos visitantes desaparecen y no vuelven a hacer acto de presencia, olvidándose el director de ellos. Poco después, se plantea de nuevo otra intrusión, de similar carácter: ahora toda una pléyade de admiradores del escritor, en lo que es una redundancia con respecto a la primera aparición.

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Así, madre! comienza a convertirse en un cúmulo de pleonasmos visuales, donde, de todas maneras, ese enfoque antes referido, el de la intrusión en el hogar, tampoco es la clave última sobre la cual se articula el discurso del autor. Así, toda esa amalgama no sería, en definitiva, sino una metáfora sobre el proceso de creación, donde no resulta difícil ver en el personaje de Javier Bardem un trasunto del propio Aronofsky, en una visión que tendría no poco de egocentrismo. Así, el autor se debe, sobre todo, a su público, y debe sufrir sacrificios en aras de su posteridad. Y también ha de luchar para alcanzar el favor de la musa, para luego apartarla de sí. Una vez esta ha dado a luz la idea primigenia, aquélla ya no es necesaria y es abandonada.

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Todo ello, desde luego, es una mezcolanza confusa y obvia a un tiempo, redundante y contradictoria, que da vueltas sobre sí misma de un modo constante. Es un film pedante y vacío en el sentido más llano de la expresión, un viaje al ego de un autor que está más enamorado de sí mismo que del cine, un cineasta que pretende aludir metafóricamente al tema de la creación, de la musa, pero que acaba mirando las musarañas.

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Anécdotas

  • Título de rodaje: Day 6.
  • Michelle Pfeiffer reconoce que no entendió el guion la primera vez que lo leyó, considerándolo “esotérico”. De todas maneras, quedó atraída por su personaje.
  • Rodado en 16 mm y luego hinchado.
  • Aronofsky escribió el primer borrador en cinco días.
  • Rodado con un presupuesto estimado de 33 millones de dólares.
  • Estrenado en Estados Unidos el 13 de septiembre de 2017, en una premiere en Nueva York, y luego masivamente el 15. En Madrid se estrenó el 29 de septiembre.

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

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