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Mazinger Z – Infinity (Mazinger Z) (2018)

Posted in Animación, Ciencia ficción, Cine, Reseña on 22 enero, 2018 by belakarloff

Cuando el maligno doctor Infierno vuelve a atacar a la humanidad, Mazinger Z debe volver a salir de los hangares para combatir al pérfido genio del mal…

 Dirección: Junji Shimizu. Producción: Toei Studios. Productores: Yutaka Kanamaru, Kazuomi Nagai. Guion: Takahiro Ozawa, según el manga de Gô Nagai. Música: Toshiyuki Watanabe. Diseño de personajes: Hiroya Iijima. Diseños mecánicos: Takayuki Yanase. Direción artística: Makoto Ujiie (GREEN). Dirección de CG: Daiki Nakazawa, Tomohiko Takahashi. Ayudante de dirección: Yo Nakano. Intérpretes: Dibujos animados, con las voces (en la VO) de Showtaro Morikubo (Koji Kabuto), Ai Kayano (Sayaka Yumi), Sumire Uesaka (Lisa), Unshō Ishizuka (Dr. Infierno), Natsuki Hanae (Shiro Kabuto), Junpei Morita (primer ministro Yumi), Wataru Takagi (Boss), Toshihiko Seki (Tetsuya Tsurugi), Bin Shimada (Dr. Nossori), Kôzô Shioya (Dr. Sewashi), Kappa Yamaguchi (Mucha)… Nacionalidad y año: Japón 2018. Duración y datos técnicos: 95 min. Color 1.85:1.


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Pacific Rim (Pacific Rim, 2013) demostró que el cine de robots gigantes podía ser espectacular, vibrante y lleno de energía. Puños mecánicos propulsados impactaban con la carne de enormes monstruos gigantes venidos de otra dimensión. Su director, Guillermo del Toro, había captado a la perfección las sensaciones que le habían influenciado durante su infancia la series de robots gigantes, y las había devuelto a la vida con una rabiosa potencia. Parecía el hombre ideal para llevar a cabo una versión cinematográfica en imagen real de las aventuras del robot Mazinger Z. De momento, eso no se ha producido, pero el éxito de este largometraje resultó esencial para revivir el cine de “Mechas”, o robots tripulados por personas, vertiente fundada por Gô Nagai.

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Otros factores, como el éxito que cosechó Dragon Ball Z: La batalla de los dioses (Dragon Ball Z: Doragon bôru Z – Kami to Kami, Masahiro Hosoda, 2013) a la hora de revivir otro anime de impacto mundial, y a la vez conectar con las nuevas generaciones, han propiciado la idea de insuflar nueva energía a Mazinger, aquel robot gigante que dejó marcados de por vida a toda una generación.

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Así ha llegado el presente largometraje de animación, que adecuadamente sigue la línea de continuidad no solo del anime original, sino también de su secuela, Gran Mazinger. De hecho, nada más empezar la acción nos ponemos en situación con el protagonista de aquella serie, el piloto Tetsuya Tsurugi, en una espectacular secuencia donde lo vemos defendiendo una central de energía en Texas ante el acoso de una horda descomunal de bestias mecánicas. Más adelante descubriremos la aparición de un enorme nuevo robot, al que bautizan como Mazinger Infinity, y a Lisa, la “llave” para hacerlo funcionar sirviéndose de su sistema cibernético. Además, la trama nos va presentando a los personajes de la serie original, diez años después del fin de aquella. Sumido todo el planeta en una paz global, vemos que Koji Kabuto se ha convertido en un prestigioso científico. Sayaka, antigua piloto de Afrodita A, es la directora del Instituto de Investigaciones Fotónicas, y su padre el actual primer ministro de Japón.

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Como vemos, la continuidad es uno de los elementos más reseñables de este Mazinger Z Infinity, algo que es de agradecer por los seguidores del anime clásico, y que reconforta a aquellos que han invertido su tiempo, y acicalado su infancia, con las aventuras de estos personajes. Es por ello que, aunque dentro de un orden, la película puede ser vista por cualquier neófito; en un primer instante este tipo de espectadores puede verse saturado por la aglomeración de personajes que ya tienen un pasado, y unos villanos deseosos de volver a esparcir el terror. No obstante, la película tiene su público muy enfocado, y son ellos, los seguidores de Mazinger, quienes más disfrutarán al ver a Shiro, el hermano pequeño de Koji, o al trio histriónico formado por Boss, Mucha y Nuke. Sin olvidar las múltiples referencias, algunas más evidentes que otras, a todo un pasado de destrucción urbana.

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Otro de los aspectos menos destacables, en opinión del que suscribe, es el discurrir de la primera mitad de la película, más expositiva, donde tienen lugar las conversaciones entre los personajes para informarnos de lo que está ocurriendo. Quizás por el contraste creado por las espectaculares batallas, amén de una narración descuidada, estas secuencias palidezcan de cierta forma, y den la sensación de estar más dilatadas de lo que debieran. En cuanto a la trama, no termina de estar bien explicados algunos elementos, especialmente todo lo referente al intercambio de dimensiones. La narración, en este sentido, queda levemente confusa. Igualmente, algunas salidas del tono “solemne” general pueden llegar a confundir, como las protagonizadas por las Mazin-Girls, o las maniobras llevadas a cabo por Robot Boss y los científicos Sewashi y Nossori. Esto es algo inherente al producto original, que también estaba aderezado con estos brotes cómicos. En cambio, ese tono “sosegado” de algunas de las secuencias antes mencionado, aunque necesario para un largometraje, choca contra la acción trepidante encapsulada en la serie.

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Asimismo, en el filme podemos encontrar una serie de mensajes, algunos más sutiles que otros, que pueden llamar la atención en mayor o menor grado dependiendo del grado de tolerancia del espectador. Por ejemplo, encontramos un marcado sentimiento “pro-familia”, una vertiente ecológica, la incapacidad del ser humano por convivir en paz, o quizás el más interesante, aquel sobre aprovechar el tiempo que se nos ha dado.

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Estéticamente, la animación se basa por un lado en la vertiente “humana”, realizada de forma más clásica, acorde con los estándares actuales del anime por interpolación, creando a su vez un extraño círculo de retroalimentación, influenciada por productos evolucionados del manga de Nagai como Neon Genesis Evangelion (Shin Seiki Evangerion, Hideaki Anno, 1995). Por otra parte, las secuencias protagonizadas por los robots se han realizado con una estética más potenciada por la animación por ordenador. Si bien se echa en falta esos trazos fuertes para las bestias mecánicas, presentes en la animación original, y que le daban ese toque salvaje, añejo y visceral, ciertamente estas nuevas visuales de los robots potencian su espectacularidad.

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En este sentido, se ha de mencionar, en opinión del que suscribe, la secuencia más deslumbrante de toda la película. Y es aquella en que Koji se pone de nuevo a los mandos de Mazinger, vuelve a surcar los cielos, y termina enfrentándose contra todos los fantasmas de su pasado robótico. Todo es vertiginoso, los planos son frenéticos, la violencia colosal despide impactos por doquier, y volvemos de golpe a ese estado de la niñez donde nos sorprendíamos y maravillábamos por las aventuras de nuestros héroes.

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Por supuesto, en eso tiene mucho que ver la banda sonora compuesta para la película por Toshiyuki Watanabe, hijo de Michiaki Watanabe, el compositor original de las series Mazinger Z y Gran Mazinger. Su vástago ya demostró su dominio musical a la hora de enmarcar a bestias gigantes, como demuestra sus excelentes composiciones para la trilogía de Mothra de los años noventa (lo mejor de aquellas películas, sin duda), y aquí subraya ese control. Con algunas melodías más suaves para momentos más cálidos, la verdadera fiereza de Toshiyuki se desata cuando rescata las melodías de su padre, dotándolas de un vigor inaudito, y que, al ver despegar de nuevo al Planeador, todos nuestros recuerdos afloren súbitamente, como si la llave que los contuviese dependiera de una contraseña musical. Posteriormente, durante la batalla, mientras Koji exclama en voz alta el uso de sus armas, y maldice de nuevo a alguno de sus antiguos contrincantes, la catarsis musical es total.

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En conclusión, con un desarrollo y espíritu tradicional, la película no pretende innovar. Su misión es revivir al gigante de hierro, con las mismas condicionantes que lo llevaron a la cima del anime. Por tanto, tal como cierra la película, Mazinger Z Infinity va dirigida a aquellos niños que disfrutaron con rocambolescas montañas de metal, que aún pueden emocionarse viendo espectaculares batallas contra el cielo azul mientras enérgicas melodías vitorean sus hazañas.

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Anécdotas

  • Lanzada aprovechando el 45 aniversario del estreno del anime original, Mazinger Z (Majingâ Zetto; 1972-1974).
  • Hay momentos del film en que se ven brevemente planos de la Sagrada Familia de Barcelona, la Torre de Pisa en Italia y la Torre Eiffel de París. Se supone que son guiños para los fans españoles, italianos y franceses.
  • Estrenada en Japón el 13 de enero de 2018. En España se estrenó el 19 de enero (tras un pre-estreno en Barcelona el pasado 13 de diciembre de 2017).

 

Octavio López Sanjuán (Alicante. España)

 

CALIFICACIÓN: ***

  • bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

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First Man Into Space [tv: El primer hombre en el espacio] (1959)

Posted in Ciencia ficción, Cine, Reseña on 18 enero, 2018 by belakarloff

Durante unas pruebas de vuelo por parte de la aviación estadounidense, el piloto a cargo de ello se entusiasma y decide seguir el ascenso, para convertirse en el primer hombre en el espacio. Lo consigue, a costa de que la nave se estrelle. Sin embargo, él ha sobrevivido, pero convertido en algo deforme con ansias asesinas…

Dirección: Robert Day. Producción: Amalgamated Productions. Productores: John Croydon, Charles F. Vetter. Productor ejecutivo: Richard Gordon. Guion: John C. Cooper [John Croydon], Lance Z. Hargreaves [Charles F. Vetter], según un argumento de Wyott Ordung. Fotografía: Geoffrey Faithfull. Música: Buxton Orr. Montaje: Peter Mayhew. Dirección artística: Denys Pavitt. Efectos especiales: Flo Nordhoff, Karl-Ludwig Ruppel. Intérpretes: Marshall Thompson (comandante Charles Ernest Prescott), Marla Landi (Tia Francesca), Bill Edwards (teniente Dan Milton Prescott), Robert Ayres (capitán Ben Richards), Bill Nagy (jefe de policía Wilson), Carl Jaffe (Dr. Paul von Essen), Roger Delgado (cónsul mexicano, Ramón de Guerrera), John McLaren (Harold Atkins), Spencer Teakle, Chuck Keyser, John Fabian, Richard Shaw, Bill Nick, Helen Forrest, Roland Brand, Barry Shawzin, Mark Sheldon, Michael Bell, Sheree Winton, Franklyn Fox, Larry Taylor… Nacionalidad y año: Reino Unido 1959. Duración y datos técnicos: 77 min. B/N 1.66:1.

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En 1958 el actor estadounidense Marshall Thompson (Cult of the Cobra, It! The Terror from Beyond Space) trabajó para la productora británica Amalgamated Productions[1] en la película Fiend Without a Face (1958), de Arthur Crabtree. Era un intento de realizar un film que se hiciera pasar por norteamericano en el mercado internacional, y en particular en los propios Estados Unidos. Idéntica idea anima First Man Into Space [tv: El primer hombre en el espacio, 1959], ahora realizada por Robert Day (n. en 1922), veterano realizador británico iniciado pocos años antes con la comedia The Green Man (1956), co-dirigida con Basil Dearden, y que a lo largo de los años se haría cargo de títulos con esos mismos visos internacionales, como su largo ciclo de filmes de Tarzán, y que aportaría a la Hammer uno de sus clásicos con La diosa de fuego (She, 1965).

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El arranque de la presente película parece intentar emular a otras cintas de la época que buscaban reflejar de un modo más o menos realista la conquista espacial, tal como pudiera ser Con destino a la Luna (Destination: Moon, 1950), de Irving Pichel, o Riders to the Stars [tv: Viajeros a las estrellas, 1954], debut en la dirección del actor Richard Carlson, ayudado por Herbert L. Strock. Así, tenemos una serie de pruebas de vuelo por parte de la aviación norteamericana con el fin de estudiar la altitud que puede alcanzar un modelo experimental llamado Y-13. Sin embargo, el piloto, el teniente Dan Milton Prescott, algo alocado e inconsciente —tal como el Hal Jordan de la reciente Green Lantern (Green Lantern, 2011), de Martin Campbell— intenta convertirse en el primer hombre en el espacio, por lo cual toma vuelo ascendente para atravesar la ionosfera.

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Todo ello consume la media hora inicial de su metraje. A partir de ahí, y a consecuencia de los rayos cósmicos y polvo de meteoro, el piloto regresa convertido en un ser deforme, que ha de succionar la sangre de los seres vivos (y en especial de los humanos, faltaría más) para subsistir. La apariencia del monstruo semeja la víctima de un agresivo fuego, con todo el cuerpo ennegrecido y arrugado[2]. Esta parte de la trama es una copia evidente de la mítica El experimento del doctor Quatermass (The Quatermass Xperiment, 1955), de Val Guest. Aunque cabe decir que después sería inspiración para un clásico menor como es Viscosidad (The Incredible Melting Man, 1977), de William Sachs.

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En todo caso, resulta curioso y sorprendente comprobar cómo, una vez más, da la impresión de que este film debió sin duda ser visto por el guionista de cómic Stan Lee y utilizado como inspiración para una de sus creaciones. En esta ocasión se trata de Los Cuatro Fantásticos (Fantastic Four), que apareció en el número 1 de la revista del mismo nombre publicada por Marvel con fecha de noviembre de 1961. Así, aquí tenemos un astronauta con el ansia de ser el primer hombre en el espacio, actitud que anima de igual modo a Reed Richards. Y la misión acaba con un accidente, con el vehículo estrellado y su tripulación alterada por motivo de los rayos cósmicos. El protagonista de este film verá su cuerpo deformado y convertido en un monstruo, al igual que el Ben Grimm del supergrupo. Para mayor claridad, uno de los personajes de la película se llama Ben Richards, cuyo nombre y apellido daría apelativo a ambos héroes de la Marvel.

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Por lo demás, se trata de un film sencillito y efectivo, no demasiado estimulante pero tampoco despreciable, dirigida sin especial brillo pero tampoco con defectos llamativos. Un típico ejemplar de cine comercial de la época, ni mejor ni peor que muchos de entonces, pero que se deja ver con moderado interés.

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Anécdotas

  • Título de rodaje: Satellite of Blood.
  • Título en México: El primer piloto del espacio.
  • El presupuesto del film fue de cien mil libras.
  • El actor Bill Edwards está doblado en la versión original.
  • Las escenas de vuelo son imágenes de archivo donde se identifica a Chuck Yaeger, primer piloto en romper la barrera de sonido.
  • Estrenada en el Reino Unido en febrero de 1959. En España quedó inédita, hasta un pase televisivo.

 

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

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[1] La escasa filmografía de la productora, creada por John Croydon (1907-1994), está conformada por el film de aventuras West of Suez (1957), de Keefe Brasselle (aunque en las copias británicas se acreditó a Arthur Crabtree), los terrores Grip of the Strangler [tv: El estrangulador fantasma, 1958], y Corridors of Blood [tv: Corredores de sangre/Pasillos de sangre, 1959], de Robert Day, y el thriller The Secret Man (1958), de Ronald Kinnoch, también protagonizado por Marshall. Y los dos aquí referidos, desde luego.

[2] El director, Robert Day, no estaba contento con esta particularidad. Sugirió que el piloto volviera del espacio trastornado psíquicamente, pero los productores preferían ofrecer a un monstruo.

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Gran jugada en la Costa Azul (Mélodie en sous-sol) (1963)

Posted in Cine, Reseña, thriller on 16 enero, 2018 by belakarloff

Charles acaba de salir de la cárcel. Su mujer le propone montar un negocio en la Costa Azul y así empezar una nueva vida. Pero Charles, que ya no es joven, no se conforma con poco y desea dar un último gran golpe que le permita retirarse a lo grande. Para ello tiene un plan perfecto para acceder a la caja fuerte de un casino en Cannes, que guarda una gran suma de dinero. Para llevar a cabo el mismo necesita alguien que lo ejecute, y para ello cuenta con la complicidad de Francis, un joven compañero de prisión.

Dirección: Henri Verneuil Producción: Cité Films, Compagnia Cinematografica Mondiale, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques. Productores: Jacques Bar, Jacques Juranville. Guion: Albert Simonin, Michel Audiard, según la novela de John Trinian [Zekial Marko]. Fotografía: Louis Page Música: Michel Magne Howard Montaje: Françoise Bonnot. Diseño de producción: Robert Clavel Intérpretes: Jean Gabin (Charles), Alain Delon (Francis Verlot), Claude Cerval (comisario de policía), Viviane Romance (Ginette), Henri Virlojeux (Mario), Jean Carmet (barman), José Luis de Vilallonga (M. Grimp), Rita Cadillac (Liliane), Jimmy Davis (Sam), Dominique Davray (Léone), Dora Doll (condesa Doublianoff), Germaine Montero (Mme. Verlot), Maurice Biraud (Louis Naudin), Carla Marlier (Brigitte)… Nacionalidad y año: Francia, 1963. Duración y datos técnicos: 118 min. B/N. 2,35:1

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“Billares Olympic Club, calle de la Jetée, con cinco fotos de carné, a poder ser con corbata”. Estas son las palabras que suelta Charles, un magnífico y ya otoñal Jean Gabin, que se ha tirado a la sombra cinco años en su última visita a prisión y que parece traerse algo entre manos como para poder retirarse; su tiempo ha tenido para calcularlo bien. Al otro lado del teléfono, Francis, un jovencito Alain Delon, ex compañero de Charles en el trullo, es la otra pieza que falta del puzle.

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Henri Verneuil viene de dirigir Un mono en invierno (Un singer en hiver, 1962) y anteriormente El presidente (Le président, 1961), ambas protagonizadas por Jean Gabin precisamente (en la primera de ellas también aparece Jean-Paul Belmondo, con el que trabajaría bastante). Repiten Michel Audiard en las labores de guion y Louis Page en la de fotografía. Más tarde, Gabin, Delon y Verneuil se volverían a ver las caras en El clan de los sicilianos (Le clan des siciliens, 1969).

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El film del cineasta de I…como Ícaro (I… comme Icare, 1979) está estructurado, tal como lo suelen estar este tipo de películas, en una primera parte de presentación y búsqueda de los integrantes del equipo, una parte central donde se lleva a cabo la planificación del golpe y una tercera donde se ejecuta el mismo, sin olvidar la resolución.

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Hay escenas y comentarios verdaderamente gozosos. Cabe destacar la escena donde se revelan las argucias por parte de Charles para poner a prueba al cuñado de Francis y saber si es un tío de fiar y con aguante. O aquel momento en que Francis recaba información al camarero de la piscina del hotel; la situación está llena de comentarios chispeantes y ciertamente divertidos.

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No te dejes maravillar por el mar, siempre estuvo allí”, “No te sorprendas de la piscina, ya que te diste tu primer chapuzón a los dos años”, son solo un par de las gemas que escupe el personaje del Jean Gabin cuando le enumera algunas de las bondades del hotel donde se va a alojar Francis para llevar a cabo su plan (voz en off y acción en paralelo por parte de Francis en la localización, frente por frente al objetivo del futuro atraco).

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Memorable escena aquella donde el trío se encuentra reunido en la habitación de un hotel para ultimar bien los detalles del plan. El protagonista de La gran ilusión (La grande illusion, Jean Renoir, 1937) aparece enfundado en un pragmático y llamativo pijama mientras da las últimas instrucciones. Comentarios punzantes soltados con desdén y cierta sensación de hastío en ellos.

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El cometido de Francis, el de poder acceder entre bastidores a través del acceso a un espectáculo que se está preparando, entronca muy bien con el físico del actor, lo que aprovecha el film, dando pie al Delon más seductor y canalla que tiene que lidiar y codearse con el mundillo de los artistas para ganarse el acceso y así aprovecharlo en el instante adecuado, llegando a intimar lo suficiente con una corista para soltarle algunas perlas: “Si le doy una patada a una palmera caen cincuenta zorras como tú” o “A las putas, a medida que se acerca el invierno, les gustan más las pieles“.

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Hablando del mundillo, y como anécdota, comentar que el espectáculo que se lleva preparando a lo largo de todo el filme, a la hora de mostrarse luce poco glamuroso, con poca chispa. Uno no sabe muy bien si es por el tiempo de la película (no creo, ya que he visto películas mucho más antiguas con números de lo más efervescentes) o porque de alguna manera ese rancio es buscado a propósito.

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La ejecución del robo debe marchar como una pieza de relojería. Charles pone el cerebro y Francis pone el físico. El sigilo, los antifaces, alguna que otra acrobacia, la parquedad en palabras y alguna arma en ristre parece ser la conjunción perfecta para que todo salga bien. El robo, que se desarrolla a lo largo de un buen puñado de minutos, trascurre sin apenas diálogos, fiel a la tradición de un clasicazo como es Rififi (Rififi, 1955) de Jules Dassin.

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Todo desemboca en un clímax imponente, con unos minutos finales casi insoportables por la tensión generada y donde la fatalidad hace acto de presencia, primero en forma de periódico y luego pervirtiendo de alguna forma ese lugar de diversión en el que sus protagonistas aspiran a abandonarse para siempre, y que se torna en puro reverso. Todo ello muy contenido y con una excelente planificación, que lo convierte en uno de esos finales que dejan verdadera huella.

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A nivel interpretativo, tenemos a un Alain Delon que, como hemos dicho, se encuentra en su salsa, más que correcto; sale airoso y con nota en el papel de ese pillo guaperas y seductor. Por otro lado, tenemos a un Jean Gabin que es todo laconismo, ironía y cuyo personaje denota cierto hastío, todo ello desde una gran economía interpretativa, valorándose mucho más.

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Una excelente fotografía en blanco y negro por parte de Louis Page, que junto a un lustroso Cinemascope, realza especialmente ese glamuroso ambiente del Cannes de los años sesenta. En el apartado de la música tenemos a Michel Magne, un compositor de cierto recorrido que tiene en su haber casi un centenar de composiciones para el cine, y que aporta eficacia al mismo.

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La cinta está trufada de suculentos detalles y recursos técnicos, especialmente la fantástica planificación que se hace en el uso de los espejos a lo largo de todo el film o ese travelling que recorre parte de la piscina y que finaliza enmarcando la silueta de Delon usando esa especie de ojo de buey de la propia base del trampolín. Y es que se aprovecha muchos de los instantes para enmarcar determinados elementos (por ejemplo, otro también ayudándose del brazo en jarras del propio Francis para encuadrar a su futura “presa”). El uso de picados y contrapicados, especialmente entre los bastidores, adelantando la dificultad de la misión o en las escenas del robo, o aquel efecto en el que el actor que protagonizó El silencio de un hombre (Le samourai, 1967) de Melville, cierra los ojos mientras va en coche.

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Anécdotas: 

  • En los EEUU, se llamó Any Number Can Win y en el Reino Unido, The Big Snatch. En Francia salió con Mélodie en sous-sol (Melodía en el sótano). Por su parte, el título para Latinoamérica: Cualquiera puede ganar.
  • La novela original de Zekial Marko lleva de nombre The Big Grab (1960), y que fue escrita bajo el seudónimo de John Trinian.
  • Henry Verneuil fue uno de los directores que estuvo en el punto de mira de los críticos (luego algunos ya directores de la nouvelle vague), siendo repudiado.
  • Existe una versión coloreada de la película, que además elimina 13 minutos de metraje.
  • La edición de DVD de Impulso, que es la que he podido comprobar, tiene una calidad de imagen bastante buena y respeta la proporción de imagen original, aunque tiene el defecto que contiene subtítulos en castellano solo en aquellas escenas que fueron censuradas en su época y que ahora han sido añadidas para la edición del DVD. Una auténtica pena. Parece ser que La casa del cine para todos sacó una edición que sí contiene subtítulos en castellano; eso sí, desconozco si con el metraje completo.
  • Estrenada en Francia el 19 de marzo de 1963. En España se estrenó el 7 de octubre de 1963, en Madrid.

 

Jesús Mayoral Velázquez de Castro

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Black Mirror: “USS Callister” (2017) [episodio serie TV]

Posted in Ciencia ficción, Reseña, Televisión on 5 enero, 2018 by belakarloff

En un futuro cercano, una mujer entra a trabajar en una empresa de juegos de ordenador, en especial porque admira al programador y co-propietario de la compañía, Robert Dale. Pero este se revela como un sociópata que tiene una copia privada de un juego, inspirado en una serie de ciencia ficción de los sesenta, y donde introduce clones informáticos de sus compañeros de trabajo que conservan recuerdos de sus previas existencias. Ella será la siguiente…

Dirección: Toby Haynes. Distribución: Netflix. Productoras: Annabel Jones, Louise Sutton. Co-productor: Ian Hogan. Productor ejecutivo: Charlie Brooker. Guion: William Bridges & Charlie Brooker. Fotografía: Stephan Pehrsson. Música: Daniel Pemberton. Montaje: Selina Macarthur. Diseño de producción: Phil Sims. FX: Matthew Smith (diseño de prótesis), Russell Dodgson (supervisor de efectos visuales). Intérpretes: Jesse Plemons (Robert Daly), Cristin Milioti (Nanette Cole), Jimmi Simpson (Walton), Michaela Coel (Shania), Billy Magnussen (Valdack), Milanka Brooks (Elena Tulaska), Osy Ikhile (Nate Packer), Paul G. Raymond (Kabir Dudani), Hammed Animashaun (repartidor de pizzas), Tom Mulheron (Tommy), Aaron Paul (Gamer691 [voz]), Kirsten Dunst (empleada de Callister)… Nacionalidad y año: RU 2017. Duración y datos técnicos: 76 min. Color 2.20:1 – 1.33:1 (algunas escenas).

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La serie británica Black Mirror, emitida a través de Netflix, ofrece episodios independientes, pero tienen la peculiaridad en su mayoría de ambientarse en un futuro muy próximo, y suponer alegorías sociales centradas en taras de nuestro entorno que han sufrido un leve giro hacia el enfoque fantacientífico. El resultado es bastante irregular, según sea el episodio, todos ellos escritos (solo o en compañía) por Charlie Brooker, creador de la serie, quien tiene una amplia carrera en la televisión británica, con gran parte de su obra desconocida en nuestro país debido a la mediocre y virada programación de nuestros canales. Destaquemos, sin embargo, la mini-serie, célebre en su día, Dead Set: Muerte en directo (Dead Set, 2008), mezcla entre el programa Gran hermano y las películas de zombis.

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Este episodio, el primero de la cuarta temporada, arranca de un modo que hace sospechar un radical cambio de rumbo en la serie, pero una vez pasado ese prólogo en formato 1.33:1 e imagen desvaída, para emular las series de ciencia ficción de los años sesenta del pasado siglo (y, en especial, Star Trek, lo cual no disimula en modo alguno), una vez pasado ese prólogo, decía, vuelve a adoptar el ambiente de otros episodios de Black Mirror, con ese futuro que casi puede vislumbrarse a la vuelta de la esquina, salvo ciertos elementos más vanguardistas.

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Después comprobamos que Brooker —en unión a su co-guionista en esta ocasión, William Bridges[1]— lo que intenta es contraponer dos conceptos de ciencia ficción, digamos el de space opera tradicional por un lado y el de la anticipación con mensaje, aunque ello ya lo ofrecía la propia serie Star Trek, pero entendámonos: en el concepto de lo que hoy día se entiende como ciencia ficción inteligente, hard.

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Lo más interesante lo representa el personaje protagonista, encarnado por Jesse Plemons, habitual de la serie Fargo (Fargo; 2014-…), y a quien vimos a las órdenes de Steven Spielberg en la estupenda El puente de los espías (Bridge of Spies, 2015), y con quien repetirá en breves semanas en Los archivos del Pentágono (The Post, 2017). En su estado “civil”, digamos, Robert Daly es un personaje mediocre y acomplejado en el entorno social, aunque sea luego brillante en el aspecto profesional. Esas carencias emocionales las cubre con su alter ego, el capitán Daly de la USS Callister, nave de la Flota Estelar con la que recorre el cosmos en una misión de explorar audazmente nuevos mundos. Por medio de ese capitán da rienda suelta a su carácter reprimido. Y es que ese capitán Daly podría ser algo así como una mezcla entre el capitán James Tyberius Kirk y algunos villanos propios del universo Trek. De Kirk toma su chulería machista, llevándola hacia un nivel superlativo, aunque hay momentos que resultan muy divertidos, como cuando hace uso de uno de sus subordinados —su socio en la compañía en la vida real— para apoyar los pies.

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Sobre el villano hay que efectuar determinadas matizaciones. Se ha leído por ahí que el episodio bebe abundantemente de uno de los sketches de la película En los límites de la realidad (Twilight Zone: The Movie, 1983), la del niño con poderes que aplica su propia dictadura en el entorno familiar, esto es, el segmento “It’s a Good Life”, dirigido por Joe Dante, en concreto por el motivo en el que Daly elimina todas las facciones del rostro de su subordinada —en la película originaria solo elimina la boca de una de sus hermanas—. Cabe recordar que ese sketch es un remake del episodio homónimo de la serie La dimensión desconocida (The Twilight Zone; 1959-1964), basado en un relato de Jerome Bixby. Y que Bixby después fue activo colaborador en la serie original de Star Trek/Viaje a las estrellas/La conquista del espacio (Star Trek; 1966-1969), la cual está caracterizada también por la inclusión de seres todopoderosos, como podría ser Charlie X, el Trelane de “El escudero de Gothos” (“The Squire of Gothos”, 1967) o Q, ya en Star Trek: la nueva generación (Star Trek: The Next Generation; 1987-1994). Tal como en estos personajes, el capitán Daly es un ser omnipotente, un dios colérico y cruel que maneja el mundo que ha creado y a sus moradores para satisfacer su mero y vano capricho. De ese modo, la psicopatía del personaje real se proyecta sobre su avatar, y crea un personaje complejo y cautivante, dentro de su perversión. Mientras, sus criaturas se verán estimuladas por la llegada de una nueva víctima, y decidirán rebelarse y destruir a Dios, para conseguir su propio albedrío.

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Siquiera sea mínimamente, cabe resaltar también la presencia de un “villano” más estandarizado dentro del universo “ficticio”, un malvado que ríe a carcajadas mientras comete iniquidades, y que en nada remite a los habituales de Star Trek, estando más cerca de los de los seriales de los años cuarenta o de la series de dibujos animados. Es, supongo, un elemento secundario para aportar humor, sin más trascendencia, puesto que el resto de los elementos se perciben propiciatoriamente cómplices con la creación de Gene Roddenberry.

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La puesta en escena de Toby Haynes[2] consigue separar en tono y estilo ambos universos, percibiéndose que los momentos Trek intentan ser fieles en estética a los originales, resaltando los planos de la muchacha negra que supone un émulo de Uhura, y que semeja un calco. Efectos de sonido reproducen también otros de la serie, y la música procura recordar en ocasiones algunos de los compases clásicos de la misma.

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El final representa un simpático quiebro a todo lo narrado, y deja un final abierto que podría derivar en más aventuras del equipo de exploradores espaciales. De hecho, corre por ahí el rumor de que, debido al éxito del episodio, se está planteando un spin-off. No estaría nada mal…

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Anécdotas

  • Kirsten Dunst aparece en un breve cameo. Estaba de visita a su pareja Jesse Plemons y no se planeó su aparición.
  • Episodio 1º de la 4ª temporada de la serie. Estrenado originalmente, junto al resto de la temporada, el 29 de diciembre de 2017.

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

CALIFICACIÓN: ***

  • bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

[1] También participó en otro episodio de la serie, “Shut Up and Dance” [3.3], y tiene una breve carrera, inédita en España, para variar.

[2] Es su primera aportación a la serie. Con anterioridad dirigió episodios para Doctor Who, Sherlock y Jonathan Strange & Mr Norrell, entre otras.

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Van Helsing (Van Helsing) (2004)

Posted in Aventuras, Cine, Reseña, Terror on 3 enero, 2018 by belakarloff

En Transilvania, el doctor Frankenstein da vida a su monstruo ante el control del Conde Drácula. Un año después, Van Helsing, tras acabar con Mr. Hyde en París, es requerido por la curia vaticana, para la cual trabaja luchando contra el mal, para hacer frente al vampiro y sus afanes de conquista…

Director: Stephen Sommers. Producción: Carpathian Pictures, Universal, Stillking Films, The Sommers Co. Productores: Bob Ducsay, Stephen Sommers. Productor ejectuvo: Sam Mercer. Productores asociados: David Minkowski, Artist W. Robinson, Matthew Stillman. Guion: Stephen Sommers. Fotografía: Allen Daviau. Música: Alan Silvestri. Efectos especiales: Grez Cannom, ILM. Montaje: Bob Ducsay. Diseño de producción: Allan Cameron. Intérpretes: Hugh Jackman (Van Helsing), Kate Beckinsale (Anna Valerious), Richard Roxburgh (Conde Vladislaus Drácula), David Wenham (Carl), Will Kemp (Velkan), Shuler Hensley (monstruo de Frankenstein), Elena Anaya (Aleera), Silvia Colloca (Verona), Martin Klebba (Dwerger), Josie Maran (Marishka), Kevin J. O’Connor (Igor), Samuel West (Dr. Victor Frankenstein), Robbie Coltrane (Mr. Hyde), Stephen Fisher (Dr. Jekyll), Alun Armstrong, Tom Fisher, Dana Moravková, Zuzana Durdinova, Samantha Sommers… Nacionalidad y año: Estados Unidos 2004. Duración y datos técnicos: 132′ C 1.85:1.

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En sus inicios como director, Stephen Sommers abordó sendas adaptaciones de la literatura infantil/juvenil, como son Las aventuras de Huckleberry Finn de Mark Twain y El libro de la selva de Rudyard Kipling. Producciones sencillas y efectivas, no lograron hacer olvidar las previas versiones fílmicas que existen, pero al menos fueron obras honestas sin mayores pretensiones. Después Sommers escribiría y dirigiría un gran bodrio fílmico, Deep Rising – El misterio de las profundidades (Deep Rising, 1997), que supondría un claro indicio de por dónde iban los tiros en los alardes de autoría de nuestro hombre: revisión de los arquetipos clásicos del género fantástico, inclusión de un desmesurado e infantil sentido del humor y una capacidad para la acción característica del cine contemporáneo, más anclado por la sobresaturación de ruido (explosiones sin par, música a mayores decibelios de los permisibles al oído humano) y un epiléptico montaje que por la aptitud auténtica de crear verdadero ritmo con la narración.

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Durante la década de los noventa la Universal planeó una nueva versión de su magistral clásico La momia (The Mummy, 1932), y muchos directores (y guionistas) entraron y salieron de los preparativos; entre los nombres que se barajaron y fueron eliminados figura un artista tan interesante como Clive Barker, que fue excluido porque su plan derivaba en exceso terrorífico, y se buscaba una perspectiva más ligera, para un público más amplio (más comercial, en definitiva). Esa perspectiva les cayó como llovida del cielo con Sommers, que les consiguió un tremendo blockbuster con su versión rodada en 1999, y donde se detectan débilmente rastros de la trama del clásico de Karl Freund, y que pudo contar con una secuela en 2000 que respondería al evidente título de El regreso de la momia (The Mummy Returns). Los ingredientes para este mega-éxito eran los mismos que los de Deep Rising, aunados a una revisión del cine de aventuras más apoyado en el recuerdo de la trilogía Indiana Jones del tándem Lucas/Spielberg que en la rica tradición literaria y cinematográfica existente.

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Tras cometer ese ramplón sacrilegio con el personaje del faraón venido del reino de los muertos, Sommers echó el ojo al resto de criaturas del panteón terrorífico de la Universal, en concreto Frankenstein, Drácula y el hombre lobo. Para unir a estos personajes buscó como eje vertebrador a Van Helsing, personaje creado por Bram Stoker para su novela Drácula (Dracula, 1897), y que aparecería infinidad de veces en la pantalla, en la Universal por parte del actor Edward Van Sloan, y para la Hammer encarnado por Peter Cushing, quien, a mi juicio, es el mejor actor que ha dado vida a la némesis del conde Drácula.

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Para sus planes de representar a Van Helsing, Sommers buscó al joven actor Hugh Jackman, recién salido del éxito del díptico (hasta aquel momento) X-Men rodado por Bryan Singer en 2000 y 2003, y donde encarnaba al personaje de Lobezno (Wolverine), con el cual, curiosamente, tendrá más de un punto de contacto el héroe de esta película.

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El arranque del film se ofrece en blanco y negro, y supone un mini-remake de las escenas de la creación y el final en el molino de El doctor Frankenstein (Frankenstein, 1931), de James Whale, con la inclusión de dos novedades: por un lado, el conde Drácula rige los movimientos del científico que osó retar a Dios, y por otro, no paran de haber explosiones sin cuento en todo momento. A continuación, ya en color, se nos traslada a París, donde Sommers efectúa un plagio/homenaje a un mediocrísimo mega-éxito del momento, La liga de los hombres extraordinarios (The League of Extraordinary Gentlemen, 2003), de Stephen Norrington, y después, sin parar, hasta el final. Y es que el guion de Sommers hace que los perpetrados más de medio siglo atrás por Edward T. Lowe para los cócteles de monstruos de la Universal semejen debidos a Joseph L. Mankiewicz o algún otro genio en la materia, dado el escaso rendimiento que le da a los elementos de los que dispone. Así pues, la película deriva en una continuada persecución de unos personajes sobre otros, mezclados con aparatosas explosiones e interminables incendios —uno no deja de sorprenderse por la facilidad que tiene todo en este film para arder—, amalgamado con diálogos ultra-pueriles declamados con la mayor de las trascendencias.

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Así pues, la película deriva en un aburrido y sobresaturado film de acción, más cercano a una atracción de un parque temático que a algo relacionado con el cine —más allá del soporte de celuloide sobre el cual está impreso—, y donde da auténtica lástima el destino al que han sido orientados nuestros adorables monstruos. El golpe de honor lo recibe el conde Drácula, que aquí es representado como la peor versión de toda la historia fílmica (hasta Michael Pataki otorga más dignidad en sus engendros de serie Z de los setenta a la creación de Stoker), representado por el flojo actor Richard Roxburgh como si de una reina del glam se tratase, sin otorgarle misterio, malignidad, señorío…

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Por su parte, el hombre lobo está supeditado a caer incesantemente en un río cercano, o a sufrir continuados coitus interruptus en sus accesos de conversión, pues cada vez que una nube tapa la luna llena, recupera la forma humana, y viceversa, a conveniencia de un guion caprichoso como pocos (el elemento de curación de la licantropía debido a una vulgar jeringuilla de la que dispone Drácula es ignorado totalmente por una abnegada hermana ante el sufrimiento de su pariente, para después ser usado como recurso final). El monstruo de Frankenstein, en definitiva, es una figura patética en el más amplio de los sentidos, indeciso entre la imagen tradicional karloffiana y el tono shakespeariano que le otorgó Kenneth Branagh en su discutible versión.

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Si hemos mencionado al actor que representa a Drácula, en verdad nefasto, no puede decirse que el resto del elenco sobresalga en sus cometidos, pues todo el reparto, en su integridad, resulta pésimo en su labor, con un Hugh Jackman distante y escéptico y una Kate Beckinsale insulsa e inexpresiva; si bien, en verdad, poco pueden hacer con unos personajes definidos en el guion meramente por el nombre, pues no hay ahondamiento en ellos más allá de su presentación y sus acciones físicas. Y es que el libreto no es otra cosa que una concatenación de ocho o diez escenas de acción estiradas hasta más allá de la lógica progresión narrativa e interconectadas por una sucesión de casualidad y caprichos del demiurgo Sommers.

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Así, nos encontramos ante un ejercicio de marketing destinado a que los adolescentes sientan vibrar su adrenalina para después, una vez llegados a casa, sigan remedando el film luchando de nuevo contra los monstruos en el conveniente juego de ordenador destinado a tal efecto. No hay otro objetivo en esta mareante noria de ruido y furia.

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Anécdotas

  • Título en Argentina: Van Helsing: El cazador de monstruos. Título en México y Venezuela: Van Helsing: Cazador de monstruos.
  • En un inicio, el papel de Carl lo iba a haber hecho Paul Hogan…
  • Estuvo previsto un spin-off a modo de serie televisiva, por parte de la NBC, llamada Transylvania y protagonizada por un sheriff del Salvaje Oeste luchando en Europa con monstruos, y con ocasionales apariciones como invitado de Hugh Jackman. Sin embargo, se canceló por motivos presupuestarios.
  • Michael Bay estuvo previsto para dirigir el film, pero prefirió en su lugar hacer La isla (2005).
  • Precuela: Van Helsing: Misión en Londres (Van Helsing: The London Assignment, 2004, Sharon Bridgeman). Mediometraje de animación directo a DVD.
  • Estrenada en Estados Unidos el 7 de mayo de 2004, al igual que en España.

 

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

CALIFICACIÓN: *

  • bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

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El último escalón (Stir of Echoes) (1999)

Posted in Cine, Reseña, Terror on 22 diciembre, 2017 by belakarloff

Tom Witzky es un tipo de clase obrera que vive con su mujer y su hijo pequeño. Una noche en una fiesta en casa de unos vecinos accede a ser hipnotizado. A partir de ese momento, Tom comienza a tener unas visiones extrañas de la que una chica es protagonista.

Dirección: David Koepp. Producción: Artisan Entertainment. Productores: Judy Hofflund, Gavin Polone. Productor ejecutivo: Michele Weisler. Guion: David Koepp, según la novela de Richard Matheson. Fotografía: Fred Murphy. Música: James Newton Howard. Montaje: Jill Savitt. Diseño de producción: Nelson Coates. Efectos especiales: Roger Barski, Rodman Kiser, John D. Milinac, David Simone, Roy Unger, Mark Weidling Intérpretes: Kevin Bacon (Tom), Kathryn Erbe (Maggie), Illeana Douglas (Lisa), Kevin Dunn (Frank), Liza Weil (Debbie, la niñera), Jennifer Morrison (Samantha), Zachary David Cope (Jake), Conor O’Farrell (Harry)… Nacionalidad y año: Estados Unidos 1999. Duración y datos técnicos: 99 min. Color. 1.85:1.

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Si hiciésemos una lista de aquellas películas que injustamente permanecieron casi en el ostracismo en el momento de su estreno debido a que otra le hiciese sombra, El último escalón se hallaría por méritos propios en la misma, y que no hace justicia para nada a esta estupenda película. Y es que tuvo la mala fortuna de coincidir con la sorprendente ópera prima de M. Night Shyamalan, El sexto sentido (The Sixth Sense, 1999). Incluso fue tachada de plagio de esta, una absoluta incongruencia, ya que está basada en una novela que se escribió muchos años antes.

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Nuestro protagonista, Tom, es un tipo corriente que trabaja en una empresa de mantenimiento del tendido telefónico de la ciudad, se siente un donnadie y sueña con hacer algo importante en su vida. Habita en un barrio obrero de Chicago y, a pesar de que uno de los vecinos recalque el pedigrí del mismo, el paso del metro por un paso elevado cada poco tiempo parece hacer hincapié en todo lo contrario.

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Precisamente será a partir de haber sido hipnotizado cuando su vida cambia por completo como no hubiese imaginado entonces. Es cierto que no es algo que coja por sorpresa, ya que desde la primera escena, donde aparece su hijito bañándose, la historia pone las cartas sobre la mesa y más o menos deja ver a las claras por dónde van a ir los tiros.

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Tras su estupendo debut con El efecto dominó (The Trigger Effect, 1996), David Koepp se vuelve a poner detrás de las cámaras, adaptando él mismo la novela del gran Richard Matheson. Ya en su haber tenía algún que otro guion suculento. como el de Jurassic Park – Parque Jurásico (Jurassic Park, 1992), Malas influencias (Bad Infuence, 1990), notable e infravalorado thriller del cineasta de L.A. Confidential (L.A. Confidential, 1997) u otros para Brian De Palma, como el de Ojos de serpiente (Snakes Eyes, 1998) o el de la soberbia Atrapado por su pasado (Carlito’s Way, 1993).

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El filme tiene fuerza y una historia estupendamente pergeñada (sin duda en parte gracias a su fuente original), que nos facilita adentrarnos en este peculiar viaje, en cierta forma teledirigido, que padece el protagonista. Hay algún elemento que disloca un poco, como la secuencia del cementerio. Y es que el encuentro, fortuito o no, del hijo con el soldado de color en un entierro resulta algo forzada. El mismo recuerda en cierta forma a aquel encuentro que tenía el niño con aquel guarda del hotel también de raza negra en El resplandor (The Shinning, 1980), de Stanley Kubrick.

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Hablando de ciertas semejanzas, la naturaleza de la casa en la que viven Tom y su familia tiene ciertas concomitancias con aquella(s) en Poltergeist, fenómenos extraños (Poltergeist, 1982). No es el único parecido con la película de Tobe Hooper: también tenemos cierto episodio pesadillesco que sufre el protagonista ante el espejo del baño.

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Conforme avanza la película, las experiencias extrasensoriales se van a haciendo más patentes e incluso más virulentas, y con ello la pérdida de control es cada vez más progresiva por parte del protagonista. Tom empieza a creer que todo parece formar parte de un plan urdido, volcándose de lleno en ello. Incluso a su mujer llega a decirle que es lo más importante que ha tenido entre manos en su vida.

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Como anécdota, en un momento dado el hijo está viendo por televisión The Mummy’s Shroud, [tv/vd/dvd: El sudario de la momia, 1967] cuando automáticamente se cambia a otro canal donde emiten La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1968). Tiene su gracia, sobre todo cuando, a pesar de que ambas películas están solamente separadas por un año, se sabe de la gran diferencia que hay entre ambas y lo que significó la aparición de la cinta del cineasta de Martin [tv/dvd: Martin; vd: El regreso de los vampiros vivientes, 1977] para el panorama del cine de terror.

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Uno de los puntos fuertes del filme, junto a la propia historia, son las imágenes ligadas a ese mundo sobrenatural o pesadillas, algunas creando algún que otro buen sobresalto, o aquellas tan sugerentes ligadas a la escena de la hipnosis, que conforme la mente de Tom va plegándose a las palabras y los designios de la hipnotizadora, se modifica poco a poco ese escenario mental creado (como esas paredes ornamentadas cambiando de color al ser bañadas de negro) en el que se encuentra sumido el hipnotizado. O aquel recuerdo de dicha sesión, donde el protagonista sentado en una butaca levita hacia esa pantalla de cine iluminada mostrándole una clave, que aportan mucha fuerza visual.

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Todos los personajes están muy bien construidos, aunque algunos, como el personaje de la cuñada, tiene un papel más o menos relevante al principio con esa función digamos de “disparador” de la situación, para luego casi desaparecer. Mención especial a Kevin Bacon, que realiza una gran interpretación aportando mucha fuerza y credibilidad a ese personaje torturado que anda sumergido en una espiral de locura que no llega a comprender.

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Se podría hablar de una historia sobre justicia sobrenatural, que habla sobre esqueletos guardados en el armario, sobre la podredumbre que se encuentra bajo la fachada de un buen vecindario, un barrio que se encuentra podrido hasta el tuétano.

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Anécdotas

  • Título en Argentina, México y Venezuela: Ecos mortales.
  • En el año 1999 tuvo un premio especial por parte del National Board of Review. En 2000, la International Horror Guild la premió como mejor película, y fue galardonada con el gran premio en el Festival de Cine de Gérardmer.
  • El director, David Koepp, es habitual colaborador de Steven Spielberg como guionista (ha escrito los guiones de Parque Jurásico y La guerra de los mundos entre otras).
  • Jennifer Morrison, la actriz que da vida a la fantasma, es la protagonista de la película Leyenda urbana 2 (Urban Legends: Final Cut, 2000). También trabaja en la serie House.
  • La canción que suena hacia el final en el radiocasete, en un momento importante de la película, es la clásica Paint it Black de The Rolling Stones, versionada por Gob.
  • El libro que lee la canguro es El increíble hombre menguante, precisamente de Richard Matheson.
  • El guion fue retocado Andrew Kevin Walker, aunque la Writers Guild of America le denegó la acreditación en el film, por lo cual aparece en el apartado de agradecimientos.
  • El número de la casa de Tom y Maggie, cambia en los distintos flashbacks.
  • Secuela: El último escalón 2 (Stir of Echoes: The Homecoming, 2007, Ernie Barbarash) [telefilm].
  • Estrenada en Estados Unidos el 10 de septiembre de 1999. En España se estrenó el 14 de julio de 2000.

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Bibliografía

  • El último escalón; por Richard Matheson; traducción, Isabel Merino Bodes. Arganda del Rey (Madrid): La Factoría de Ideas, 2004. Colección: Terror; nº 11. T.O.: A Stir of Echoes (1958).

 

Jesús Mayoral Velázquez de Castro (Sevilla. España)

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Wonder Wheel (Wonder Wheel) (2017)

Posted in Cine, Otros géneros, Reseña on 22 diciembre, 2017 by belakarloff

Años cincuenta, en Coney Island, Nueva York. Humpty recibe la visita de su hija, Carolina, que ha abandonado a su marido, un gángster. Al principio, él la rechaza, pero al poco accede a acogerla. La esposa de Humpty, Gimmy, que tiene un lío con Mickey, un salvavidas con aspiraciones a escritor, no lo ve con buenos ojos…

Dirección: Woody Allen. Producción: Amazon Studios, Gravier Productions. Productores: Erika Aronson, Letty Aronson, Edward Walson. Co-productora: Helen Robin. Productores ejecutivos: Mark Attanasio, Ron Chez, Adam B. Stern. Guion: Woody Allen. Fotografía: Vittorio Storaro. Montaje: Alisa Lepselter. Diseño de producción: Santo Loquasto. Intérpretes: Jim Belushi (Humpty), Juno Temple (Carolina), Justin Timberlake (Mickey), Kate Winslet (Ginny), Max Casella (Ryan), Jack Gore (Richie), David Krumholtz (Jake), Robert C. Kirk, Tommy Nohilly, Tony Sirico, Steve Schirripa, John Doumanian, Tom Guiry, Gregory Dann, Bobby Slayton, Michael Zegarski, Geneva Carr, Ed Jewett, Debi Mazar, Danielle Ferland, Maddie Corman, Jacob Berger, Jenna Stern, Michael Striano, John Mainieri… Nacionalidad y año: Estados Unidos 2017. Duración y datos técnicos: 101 min. color 2.00:1.

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Desde que Woody Allen debutó como director en 1969 con Toma el dinero y corre (Take the Money and Run) ha llovido mucho, y en todo ese tiempo el autor de Manhattan (Manhattan, 1979) ha variado no pocas veces de estilo. Para mí, su mejor etapa es la que circunda a esa obra maestra que he citado en segundo lugar, y desde hace unos años he perdido la antigua costumbre de acudir puntualmente a cada uno de sus estrenos. Sus películas más recientes no son malas, pero han perdido la capacidad de hechizar y emocionar; esos filmes, además, transmiten una sensación inevitable de deja vu y de estar dando vueltas sobre unas constantes que, diríase, son siempre las mismas, sin solución de renovación. De vez en cuando surgen, empero, algunos títulos que incitan la frase por parte de algunos de “esta es como las de antes”.

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Wonder Wheel (Wonder Wheel, 2017), no es “como las de antes”, pero tiene bastante buen cine dentro. Tarda un tanto en arrancar, como si Allen tuviese dudas a la hora de colocar las piezas sobre el tablero de ajedrez y empezar la partida. Sus seguidores reconocerán determinados leit motivs que caracterizan su obra. La novedad aquí, en cierta manera, lo representa su ambientación. La acción tiene lugar en Coney Island, una zona de Nueva York caracterizada por su playa y por su parque de atracciones. Como es norma desde hace un tiempo, el director de fotografía es Vittorio Storaro, y Allen se apoya ampliamente en él para otorgar al film gran parte de su encanto, aportando una visualidad deslumbrante. El arranque de la cinta es en la playa, y las imágenes recuerdan enormemente al principio de Imitación a la vida (Imitation of Life, 1959, Douglas Sirk).

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Como también es norma en Allen, la narración en primera persona proviene de un personaje que representa una especie de alter ego del propio director, cuando este no aparece como actor. Desde un tiempo a esta parte emplea actores jóvenes, tratando, acaso, de rejuvenecer la imagen que de sí mismo ofrece, e incluso los intérpretes elegidos tenían un cierto parecido físico a él mismo. Aquí, sin embargo, emplea a Justin Timberlake, que esta vez no se le parece nada; acaso intente esta vez idealizar un poco esa imagen referida, no solo haciéndola más joven, sino también más agraciada físicamente.

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Justin Timberlake es Mickey, que trabaja en la playa de salvavidas, pero que tiene la intención de convertirse en un gran escritor. Está liado con una madura pero atractiva mujer, Ginny (Kate Winslet), que trabaja de camarera y tiene un hijo pequeño que padece manías incendiarias. Ginny, a su vez, está casada con Humpty (Jim Belushi), un hombre rudo. A todo esto, llega al lugar la hija de este último (Carolina: Juno Temple), con quien no se habla desde que ella decidió entregar su vida a un gángster. Ahora, ella huye de este, al fin consciente de lo que ha hecho. La trama pivotará alrededor de todos estos personajes, menos de lo que es norma en el cine de su autor. Es, también, un drama de relaciones, que intenta aportar una imagen de esperanza: todos los personajes tienen una ambición diríase inalcanzable. También la brillante y colorida fotografía de Storaro intenta contribuir a ese tono de ilusión. Sin embargo, en el fondo se trata de una historia árida, desesperanzada y trágica. En un momento dado Mickey regala a Carolina un libro con obras de Eugene O’Neill y, si se analiza a fondo, la historia que todos esos personajes viven podría asemejarse a alguna de las tragedias de ese gran autor norteamericano.

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Al fondo de la imagen, en muchos momentos, vislumbramos la Wonder Wheel, la rueda de la maravilla, una noria que hay en ese parque de atracciones. Se trata de un emblema de esos anhelos que rigen la vida de esos personajes, que están por encima y más allá de ellos, y que no pueden aprehender entre las manos. Ellos, aunque no lo deseen, se ven abocados a las miserias de sus vidas. Están atrapados en unas existencias de las que no pueden escapar.

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Anécdotas

  • Título en Argentina y México: La rueda de la maravilla.
  • En los premios Hollywood Film de 2007 Kate Winslet consiguió el galardón de “actriz del año”. Vittorio Storaro fue nominado a la mejor fotografía por el Círculo de Críticos de de Cine de San Francisco, el Camerimage y la Asociación de Críticos de Cine de St. Louis.
  • Estrenada en Estados Unidos el 1 de diciembre de 2017 (cumpleaños de Woody Allen). En España se estrenó el 22 de diciembre.

 

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)