Archive for the Western Category

Sunset in El Dorado (1945)

Posted in Cine, Reseña, Western on 3 octubre, 2017 by belakarloff

Una muchacha que trabaja en una agencia que organiza viajes al Oeste está aburrida de su vida y escapa, dirigiéndose precisamente al Oeste. Es interceptada por su tía y su prometido cuando está llegando a El Dorado, una ciudad fantasma que ella desea visitar, pues su abuela vivió allí. Un flashback nos ubica en aquellos días…

Dirección: Frank McDonald. Producción: Republic Pictures. Productor asociado: Louis Gray. Guion: John K. Butler, según argumento de   Leon Abrams. Fotografía: William Bradford. Música: R. Dale Butts, Mort Glickman, Joseph Dubin. Montaje: Tony Martinelli. Dirección artística: Frank Hotaling. Efectos especiales: Howard Lydecker, Theodore Lydecker. Intérpretes: Roy Rogers (Roy Rogers), Trigger (Trigger), George ‘Gabby’ Hayes (Gabby), Dale Evans (Lucille Wiley / Kansas Kate), Hardie Albright (Cecil Phelps / Cyril Earle), Margaret Dumont (tía Dolly / tía Arabella), Roy Barcroft (Buster Welch), Tom London (sheriff Gridley), Stanley Price (Lyle Fish), Robert J. Wilke (Curley Roberts), Ed Cassidy (U. S. Marshal), Dorothy Granger (Maisie), Bob Nolan (Bob, líder de los Sons of the Pioneers), Sons of the Pioneers (músicos), George Chesebro, Edmund Cobb, Tex Cooper, Franklyn Farnum, Timmy Hawkins, Fred Howard, Jack Kirk, Frank O’Connor, Lucille Vance… Nacionalidad y año: Estados Unidos 1945. Duración y datos técnicos: 65/54 min. B/N 1.37:1.

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Dale Evans es la protagonista absoluta de esta película, aunque figura la cuarta en el reparto, por debajo incluso ¡de un caballo! Al fin y al cabo, esta película es del Oeste, y por aquella época este tipo de productos iban dirigidos casi en exclusiva al público masculino, que tenía a Roy Rogers como ídolo, y en particular a la chiquillería, que adoraba a Trigger, “el caballo más listo del cine”, como solía ser anunciado. El elemento femenino era obligado por tradición, y así además las novias y esposas no se mostraban renuentes a presenciar una cinta donde preponderaban los papeles masculinos. Por lo general, la “chica” de la película era un personaje prescindible, para meter dos o tres escenas de amor, o para ser rescatada. Sin embargo, aquí es ella la que conduce toda la historia.

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La referida Dale Evans (1912-2001) fue una actriz asidua a los westerns musicales de esa época, muchos protagonizados por Roy Rogers, y de hecho acabó protagonizando al lado de este la serie Roy Rogers (The Roy Rogers Show; 1951-1957), ambos con sus propios nombres como personajes –algo habitual en los westerns de serie B de la época de este en los héroes masculinos–. Roy Rogers (1911-1998), por su parte, fue uno de los actores y vocalistas más famosos de su generación. Debutó como cantante en varios grupos de los años treinta, hasta que en 1934 se incorporó a Sons of the Pioners. Formando parte del conjunto apareció en la película Rhythm on the Range (1936, Norman Taurog), con Bing Crosby a la cabeza del reparto. En 1937 abandonó el grupo, y en 1938 protagonizó su primer western, Under Western Stars (1938, Joseph Kane). Sus películas solían incorporar tramas muy sencillas y canciones, en muchas de las cuales reaparecían sus compañeros de Sons of the Pioners. En Estados Unidos fue todo un mito, pero en España apenas se le conoció; pocas de sus películas se estrenaron, si bien después la citada serie televisiva apareció en nuestros televisores. Más conocido, diríase, fue por los tebeos que se distribuyeron de él, editados por la mexicana editorial Novaro.

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La presente es una más de las muchas películas que protagonizó. Se caracteriza por el hecho de estar narrada en dos tiempos: el presente (de la época de rodaje) y el pasado del Oeste dorado. La historia del pasado supone una trama muy elemental, con un malvado dueño de saloon que roba a un buscador de oro el mapa de una mina que ha localizado. Entre ambos extremos se hallan dos amigos del viejo (el entrañable George ‘Gabby’ Hayes), por un lado la cantante del saloon, Kansas Kate, y por el otro el vaquero Roy Rogers. Todo se resuelve según los cánones conocidos, con muy sositas escenas de acción.

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Como es norma en películas de esta estructura, los actores repiten personajes en las diferentas épocas en que se ambienta. Queda claro que Kansas Kate fue la abuela de la actual Lucille Wiley, pero nada queda claro respecto a los demás personajes: si, como queda obvio, al final Kansas Kate se casó con el Roy Rogers del pasado, el actual sería el nieto, y por ende Lucille se liaría con un pariente. También parece insinuarse que Gabby comienza un idilio con la tía Arabella (la gran Margaret Dumont de las películas de los hermanos Marx), y luego ambos también están en el presente. En realidad, todo es un juego cinematográfico, para identificar los roles de los personajes sin mayor complicación.

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El resultado es un western de serie B sin más trascendencia, que al menos en la versión resumida que parece pervivir ha eliminado algunas de las aburridas canciones que solían ilustrar estas cintas.

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Anécdotas

  • El coordinador de especialistas es el habitual Yakima Canutt. El doble de Roy Rogers es Joe Yrigoyen, y el de Roy Barcroft, Fred Graham.
  • Estrenada en Estados Unidos el 29 de septiembre de 1945. En España jamás se ha visto.

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

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Parada en el infierno / Stop Over in Hell (2016)

Posted in Cine, Reseña, Terror, Western on 1 septiembre, 2017 by belakarloff

Black Hell es el nombre de una compañía de diligencias, una de cuyas paradas en el camino está regida por un viejo y un joven. Al poco de detenerse un vehículo con un conjunto de pasajeros llega al lugar un grupo de forajidos comandado por el Coronel, un sádico desalmado que esperará a la llegada de un transporte de oro…

Dirección: Víctor Matellano. Producción: Parada en el infierno AIE, La bala que dobló la esquina. Productores: Francisco Alcón, Ánvaro Fernández, Francisco Sorroche. Productor ejecutivo: Andrés Acevedo. Guion: Antonio Durán, Juan Gabriel García, Víctor Matellano. Fotografía: Daniel Salas Alberola. Música: José Ignacio Arrufat; canciones: Javier de la Morena. Montaje: Abián Molina. Dirección artística: Javier de la Morena, Verónica Díaz. Efectos especiales: Colin Arthur (efectos de maquillaje), Daniel Fumero (efectos visuales). Intérpretes: Tania Watson (Liz), Veki Velilla (Anne), Denis Rafter (Ernest), Pablo Scola (el Coronel), Maarten Dannenberg (Red), Armando Buika (Cuba), Andrea Bronston (Miss Whitman), Antonio Mayans (alguacil), Tábata Cerezo (mestiza), Víctor Vidal (Chris), Nadia de Santiago (Rose), Guillermo Montesinos (Joe), Ramón Langa (vigilante del oro / narrador), Manuel Bandera (Tim Rogers), Enzo G. Castellari (Zingarelli), Karlos Klaumannsmoller, Marta Fenollar, Jorge Quesada, Fernando Valdivielso, Elvira Moliterno, Armando Buika, Gabriel Matellano, Larry Tayles… Nacionalidad y año: España 2016. Duración y datos técnicos: 91 min. color 2.35:1.

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Los buitres se comerán tus ojos

Cuando Víctor Matellano anunció que su próxima película sería un western, algunos aficionados nos sentimos algo sorprendidos, dado que todo lo anterior que había efectuado como realizador era de carácter fantástico. Pero no debería sorprender, puesto que Matellano es, ante todo, un cinéfilo, y el cine del Oeste es otra de esas modalidades que forjó su infancia los sábados por la tarde delante del televisor (cuando ponían buenas películas en horarios normales).

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Sin embargo, una vez vista la cinta, el cambio tampoco ha resultado tan abrupto. No, no es una cinta fantástica, no es un weird west en el sentido tradicional del término. Pero sí se podría identificar como un survival ambientado en el Oeste, es decir, una cinta de terror con todas las claves de ese subgénero.

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Eso sí, a cualquier aficionado al género la sinopsis le hará recordar un clásico como es El correo del infierno (Rawhide, 1951, Henry Hathaway), con Víctor Vidal asumiendo, más o menos, el rol de Tyrone Power, y Pablo Scola el del gran Jack Elam. Y, en verdad, de cierta manera esta película casi podría considerarse un remake muy libre del film del autor de Los cuatro hijos de Katie Elder (The Sons of Katie Elder, 1965). Incluso determinado momentos recuerdan esa joya de la serie B que es The Tall T [tv/dvd: Los cautivos, 1957, Bud Boetticher]. Sin embargo, el tono de Parada en el infierno –título internacional, Stop Over in Hell– (2016) para nada remite al clásico western americano, al de John Ford, Howard Hawks o Delmer Daves, por matizar, sino que sería una mezcla del tan socorrido spaghetti-western, junto al cine del Oeste más actual, que suele utilizar ese tratamiento visual a base de virados electrónicos, donde el etalonaje adquiere un matiz esteticista que hace perder la atmósfera realista.

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En efecto, como ya se ha dicho, la trama tiende hacia el survival por medio de ese forajido psicópata –militar renegado, tan caro a tantos westerns, tanto americanos como europeos– que se detendrá en esa parada de diligencias y, para matar el rato, mientras espera la llegada del cargamento del oro, se dedicará a torturar a algunos de los allí convocados. Así, paulatinamente, el clima se va haciendo cada vez más incómodo, y determinados planos podrían proceder de títulos como Saw, por poner un ejemplo. También se le otorga un leve clímax feminista, apuntado nada más aparecer los personajes, cuando son las mujeres en el momento final quienes rematan la trama, en cierta manera.

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Lo primero que se ve en el film es una bandada de buitres, posados sobre un peñasco. A lo largo del metraje reparamos en ellos ocasionalmente, y en algún momento la música que les acompaña se distorsiona, convirtiéndose en ruidos inquietantes, más propios para un film de terror. Esos buitres suponen un presagio fatal que aletea sobre la película en su totalidad, y el final se consumirá de nuevo con esos agoreros animales. Un bucle, de principio a fin.

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Es una lástima, con todo, que el resultado no esté a la altura de las expectativas esperadas. En primer lugar, cabría vislumbrar cierto desajuste entre forma y fondo. Así, a un tratamiento tan cafre se le otorga un tono muy solemne, donde los personajes, más que conversar, proclaman dogmas, en especial el personaje del psicópata Coronel, que pretende soltar verdades como puños. Hubiera sido deseable que en el guion los diálogos fueran menos enfáticos y más naturalistas. A ello tampoco ayudan unas interpretaciones no demasiado trabajadas –Pablo Scola como el Coronel subraya cada frase que declama con pomposos gestos con las manos, lo que le hace semejar más un entrevistado en un programa de televisión–, sumado a un doblaje que saca por completo de situación (pese a ser la película de nacionalidad española, la versión original se ha rodado en inglés).

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El problema es que el tono asfixiante y la tensión paulatina que debiera dar cuerpo a la película no acaban de terminar de asomar, e incluso algunos instantes pueden parecer auto-paródicos. Es una lástima, porque sobre el papel parecía un proyecto muy estimulante, pero los resultados no terminan de tomar forma.

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Anécdotas

  • Exhibida con anterioridad a su estreno en el Almería Western Film Festival (9 de octubre de 2016) y en la Muestra SyFy de Madrid (3 de marzo de 2017).
  • Rodada en las localidades de Colmenar Viejo, Titulcia y Manzanares del Real, en Madrid, así como en Granada y Almería.
  • El estreno en España es el 1 de septiembre de 2017.

 

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

Comanche Station [tv/dvd: Estación Comanche] (1960)

Posted in Reseña, Western on 26 junio, 2017 by belakarloff

Dirección: Budd Boetticher. Producción: Ranown Pictures Corp. para Columbia Pictures. Productores: Budd Boetticher, Randolph Scott. Productor ejecutivo: Harry Joe Brown. Guion: Burt Kennedy. Música: Mischa Bakaleinikoff, y temas de stock de Gerard Carbonara, George Duning, George Greeley, Leigh Harline, Heinz Roemheld, Paul Sawtell, Max Steiner. Fotografía: Charles Lawton Jr. Dirección artística: Carl Anderson. Montaje: Edwin H. Bryant. Efectos especiales: . Intérpretes: Randolph Scott (Jefferson Cody), Nancy Gates (Nancy Lowe), Claude Akins (Ben Lane), Skip Homeier (Frank), Richard Rust (Dobie), Rand Brooks (hombre de la estación), Dyke Johnson (John Lowe), P. Holland (muchacho), Foster Hood (comanche con la lanza), Joe Molina (jefe comanche), Vince St. Cyr (guerrero). Nacionalidad y año: Estados Unidos 1960. Duración y datos técnicos: 74 min. Color 2.35:1.

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Comanche Station (1960) fue la última entrega del ciclo de westerns protagonizados por Randolph Scott y dirigidos por Budd Boetticher, e integrada en su totalidad por Seven Men from Now [dvd: Tras la pista de los asesinos, 1956], The Tall T [tv/dvd: Los cautivos, 1957], Decision at Sundown [tv/dvd: Cita en Sundown, 1957], Buchanan Rides Alone [tv: Buchanan cabalga solo; tv/dvd: Buchanan cabalga de nuevo, 1958], Westbound [tv/dvd: Nacida en el Oeste, 1959) y Ride Lonesome [tv: Cabalgando en el desierto; tv/dvd: Cabalgar en solitario, 1959]. Todas ellas comparten esas dos características (actor y director) en común, pues luego algunas no coinciden en la producción ejecutiva del mítico Harry Joe Brown con destino a la productora Ranown de la cual eran propietarios él y Randolph Scott, por lo cual el ciclo –dejando a un margen Westbound, producida por la Warner– también es conocido con el apelativo Ranown.

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En cierta manera, Estación Comanche comparte determinados elementos en común con The Tall T. Vuelve a contar en los créditos con el estupendo guionista Burt Kennedy, y la estructura es similar a la de aquélla. Aquí tenemos a Jefferson Cody (Randolph Scott), un personaje que podría definirse como una versión algo humanizada del Ethan Edwards encarnado por John Wayne en la excepcional Centauros del desierto (The Searchers, 1956), de John Ford. Cody se dedica a rescatar mujeres blancas que averigua están en posesión de los comanches, a las que intercambia por rifles. Acaba de rescatar a Nancy Lowe (Nancy Gates) y se dirige a Lordsburg con ella cuando han de detenerse en Estación Comanche, una parada de postas donde confluyen repentinamente tres hombres perseguidos por los indios. Uno de ellos es el líder, el adusto Ben Lane (magnífico Claude Akins), a quien Cody conoció en el ejército y expulsó, por regodearse en el asesinato de indios inocentes. Lo acompañan dos jóvenes pistoleros, Frank (encarnado por Skip Homeier, que ya aparecía en Los cautivos) y Dobie (Richard Rust); ambos se dedican a delinquir con el fin de no esforzarse en trabajar, y son algo limitados intelectualmente, aunque sus diálogos ofrecen auténticas perlas para el espectador; de hecho, en ese sentido el guion de Kennedy está sembrado.

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Así pues, estos cinco personajes habrán de atravesar territorio comanche, con estos en pie de guerra, para llegar a Lordsburg. El grupo de Lane se desvelará como dedicado a rescatar mujeres secuestradas por los indios con el fin de conseguir la recompensa que por ellas den; por Nancy Lowe, de hecho, su marido ofrece cinco mil dólares, y Lane pretende arrebatárselo a Cody del modo que fuera. El personaje del marido, por cierto, semeja afín al que aparecía en The Tall T, despreocupado por su esposa a tal punto que ofrece una recompensa en lugar de ir él mismo a rescatarla; al final, sin embargo, el guion ofrecerá un espléndido golpe de efecto en ese sentido.

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Rodado en doce días, y con prácticamente solo esos personajes sosteniendo un metraje de 72 minutos, el film expone un itinerario físico que hace evolucionar los personajes, mostrando sus contradicciones, sus pesares y un pasado tortuoso que arrostran. El personaje de Randolph Scott es, probablemente, el más complejo de los que encarnó, y vamos viendo cómo de un modo paulatino adquiere rasgos que lo van humanizando. Y los forajidos exhiben la riqueza habitual de los guiones de Kennedy, con un cruel y pletórico Atkins, que busca el momento de acabar con su compañero, pero que lo salva de los indios: “No disfrutaría de los cinco mil dólares eliminándote de ese modo”.

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Boetticher vuelve a dar muestras de austeridad narrativa, si bien en esta ocasión añade travellings de aproximación a los personajes con el fin de potenciar su individualidad. El reparto funciona excelentemente, y la magnífica fotografía de Charles Lawton Jr. (que ya se encargó de Los cautivos, pero también retrató otros westerns de Randolph Scott, así como títulos de la calidad de Los últimos comanches, Tres horas para vivir, Jubal, El tren de las 3:10, Cowboy, El salario de la violencia o Dos cabalgan juntos, este último con ciertos puntos de contacto con el presente), toda ella rodada en exteriores, aporta al paisaje la dimensión de un personaje más.

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Tras la presente película, Randolph Scott abandonó el cine, pero decidió regresar excepcionalmente a requerimiento de Sam Peckinpah para interpretar la primordial Duelo en la Alta Sierra (Ride the High Country, 1962), director este que sin lugar a dudas debe mucho a Budd Boetticher, así como a otro grande, John Ford.

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El estremecedor final de Estación Comanche representa una alegoría sobre la propia particularidad del western, donde Randolph Scott simboliza el personaje nómada, desarraigado, que durante unos instantes creyó capturar una esencia de esa civilización a la que ya no pertenece, y cuyo destino es cabalgar de nuevo en solitario, más allá del horizonte.

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Anécdotas

  • El rodaje tuvo lugar en Alabama Hills, Lone Pine, en California.
  • Estrenada en Estados Unidos en marzo de 1960. En España permaneció inédita, hasta ser exhibida por TVE el sábado 17 de abril de 1982. Después se ha vuelto a emitir en otras ocasiones, y se ha editado en DVD.

Carlos Díaz Maroto

 

Adelanto del plan editorial de Dlorean para 2017

Posted in Aventuras, Ciencia ficción, Criminal, Fantasía, Literatura, Noticias, Terror, thriller, Western on 19 diciembre, 2016 by belakarloff

Estos son los planes que Dlorean Ediciones tiene previstos a lo largo del próximo año.  No será un año cualquiera para la editorial, pues se cumplen cinco años de la puesta en marcha de este loco proyecto en el que se embarcaron. Por eso, desean seguir ofreciendo lo mejor del Neo-pulp español, así como la recuperación de clásicos imprescindibles de la literatura popular y los bolsilibros. Varios de los títulos son obras que, por motivos varios, no han podido salir este 2016, pero que serán de los primeros en ver la luz en este nuevo año, trasladándose al nuevo plan editorial.

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 – Weird West Vol. 4 de Lem Ryan, Raúl Montesdeoca, Julio M. Freixa y Pako Domínguez.

El esperado cuarto volumen de la serie del western sobrenatural por fin verá la luz, con nuevas y apasionantes historias:
El Misterio de las Cinco Puntas por Lem Ryan, El Incidente Pittsburgh por Raúl Montesdeoca, Dos Monstruos y un Destino por Julio M. Freixa y El Cofre por Pako Domínguez. En El Misterio de las Cinco Puntas, el creador del original Cazadores de vampiros regresa, trayendo de vuelta a Jonathan McIntire, Shi Kwei y algunos invitados de excepción que son viejos/nuevos conocidos del gran público, y que volverán a enfrentarse a un apasionante y terrible misterio que se mueve entre las sombras de la populosa ciudad de Nueva York. En El Incidente Pittsburgh, Raúl Montesdeoca nos desvela, por fin, qué demonios sucedió en Pittsburgh, con la presencia de Mort y Mala, Clay Jules, Nathaniel Winchester y la mayoría de personajes del universo Weird West. En Dos Monstruos y un Destino, Julio M. Freixa nos presenta a dos nuevos personajes que darán que hablar: Garland Faust y Judas el Miserable, Y por último, pero no menos importante, en El Cofre cruzarán sus caminos Nathaniel Winchester, Alex Hellstorm y Grave O’Hara (y por Tras mucho tiempo de espera, por fin podréis disfrutar de la segunda entrega de El Dirigible.supuesto, Castiel) en una trepidante aventura. No os preocupéis, que habrá más volúmenes de la serie a lo largo del año.
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Action Tales: Antología Pulp Vol. 2
La antología que enmarca a todos los sub-géneros del pulp. Historias repletas del más puro y genuino estilo pulp: Héroes enmascarados, detectives, pistoleros intrépidos, aventureros, héroes de la jungla y mucho más en una selección de autores de auténtico lujo: Francisco M. Espinosa, Luis Guillermo del Corral, Josué Ramos, Julio M. Freixa, Raúl Montesdeoca, Ana Morán, Joaquín Sanjuán, Miguel Ángel Naharro, Néstor Allende, Carlos J. Eguren, Alexis Brito, Pako Domínguez, Jerónimo Thompson, David Ruiz del Portal, Adolfo Rodríguez, Calaveradiablo, Juanma  Aguilera, Daniel Medina, Cecilia GF, José Baixauli, Conrado Martín, Roberto Cruz, Angelito Bernuy, Néstor Allende, entre otros muchos.
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El Sumergible de Joseph Remesar
Tras mucho tiempo de espera, por fin podréis disfrutar de la segunda entrega de El Dirigible con esta segunda entrega de las aventuras del inspector de Scotland Yard James Usera-Brackpool. En un mundo movido por la Tercera Revolución Industrial, donde máquinas de vapor de inverosímiles prestaciones no parecen tener límite; donde la ciencia opaca a la religión con asombrosos avances en medicina, genética y química, y los ingenieros se afanan por diseñar y construir cada vez más complejas obras, James y sus compañeros serán testigos de la más sofisticadas de las creaciones, un buque capaz de sumergirse bajo las profundas aguas del océano y alterar el balance de poder entre imperios: el sumergible.
 Gimrod de Miguel Ángel Naharro
Un veterano astronauta llamado Brad J. Gimrod es transportado a años luz de distancia de nuestro Sistema Solar, terminando en un extraño lugar al que sus habitantes conocen como Korudus. Se trata de un mundo inhóspito y cruel, poblado por diversas y fascinantes razas, pueblos y facciones que luchan entre sí. Acompañado de dos nativos del planeta alienígena con los que hará lazos de amistad tratará de sobrevivir entre los mercaderes de esclavos, los señores de la guerra y las imponentes naves de color ébano que sobrevuelan sus cielos, sembrando  a su paso la muerte y la destrucción.
Miguel Ángel Naharro (La Maldición de la Diosa Araña) nos trae una aventura de sword & planet a nuestros días. Una historia en la línea de John Eric Stark de Leigh Brackett, Almuric de Robert E. Howard, John Carter de Marte de Edgar Rice Burroughs o Warlord de Mike Grell.

Ciudad de Rabia de Luis Guillermo del Corral
Perseguido por la ley, temido por el inframundo del crimen, Dark Spider deja su terrible sello en aquellos que hacen de los indefensos y desamparados sus presas. Harry Page, respetable miembro de la alta sociedad de Nueva York es en secreto la Némesis del Inframundo, librando una solitaria guerra contra aquellos que hacen del crimen su modo de vida y del hampa su hogar. Sus únicos aliados son Rita, su prometida, Neil Cuervo, su sirviente navajo y Noah, su chofer. Cuando una ola de brutales ataques deja un rastro de sangre y muerte a lo largo y ancho de la ciudad, Dark Spider deja que los criminales conozcan el único lenguaje que son capaces de entender. ¡El lenguaje de la muerte!
Una historia de acción frenética y plomo ardiente en la tradición de autores como Norvell W. Page y Walter Gibson.
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Sandokán y El Ojo del Dragón de Lem Ryan
El pirata más famoso de todos los tiempos volverá a surcar los mares, esta vez con una compañía de lujo. Asia, finales del siglo XIX. Tiempos turbulentos, con los viejos imperios tambaleándose ante el empuje imparable de hombres sin miedo, dispuestos a matar y a morir con tal de expulsar al odiado invasor. Hombres a los que llamaban asesinos… y piratas, sólo por reclamar su libertad, y cuyo recuerdo se intentó borrar de la historia pero, sin embargo, permanece en las leyendas.
El maestro del pulp, Lem Ryan (La Leyenda de Katham, Sherlock Holmes: Donde Nadie ha llegado), nos presenta su nueva y espectacular obra.
La Emperatriz de las Ratas de Andrés Díaz Sánchez

La emperatriz de las ratas es un libro compuesto de relatos y de la novela corta de horror que da nombre al libro, finalista del II Premio de Novela Corta de Terror Ciudad de Utrera (2014). Todas las historias del libro tienen dos puntos en común: el Terror y la Aventura. Así, en ellas encontraremos narraciones de angustia urbana, muertos vivientes, aventureros de capa y espada, criaturas espeluznantes del espacio exterior, pistoleros misteriosos del Salvaje Oeste, recreaciones terroríficas de cuentos populares, espectros, sucesos extraños en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, violencia y honor en la Revolución Mexicana y una espiral de miedo y muerte en las entrañas subterráneas y los túneles de la gran ciudad. Sangre, épica y acción, todo ello salpimentado de elementos macabros, eso es lo que el lector va a encontrar en este libro de Andrés Díaz Sánchez (Argar Hijo del Demonio, La Maza Sagrada).
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Vindius el Feroz  de Luis Guillermo del Corral
Con su tercera novela, Luis Guillermo del Corral nos trae de vuelta al cántabro guerrero  del norte. La meta del guerrero es alcanzar la Ciudad de las Siete Colinas y lograr la inmortal fama del guerrero en ella. Pero quien tiene por enemigo al mismo Poseidón encuentra constantes obstáculos en su camino. Tras una accidentada travesía marítima, Vindius alcanza el puerto de Ostia. Sin embargo, algo sucede que le impide continuar su viaje como deseaba: la ciudad se halla bajo un maleficio que impide abandonarla a todo aquel que se adentre en sus calles. La negra alma responsable pronto descubrirá que hacer un enemigo de aquel que es llamado la Muerte Blanca es un error que solo los muertos y los malditos lamentan.
El Secreto del Abismo de Miguel Ángel Naharro (La Garra 3 )


¡Una nueva aventura de La Garra! La tercera novela del intrépido arqueólogo y aventurero creado por Miguel Ángel Naharro.

Jonathan Baker, la alemana Walkyria, y el excéntrico profesor Henry Drummond se verán envueltos en una peligrosa aventura donde tendrán que enfrentarse a la sangrienta y terrorífica Hermandad de la Gran Madre, un culto que procede de épocas anteriores al hombre. La secta  y La Garra se hallan en la búsqueda de una caverna mítica anterior a la misma Hiperbórea, nombrada en innumerables leyendas y mitos de diversas culturas. Las historias contaban que se adentraba hasta un abismo insondable, ocultando en su interior la existencia de poderes ignotos e inimaginables. Sorteando todo tipo de adversidades, a cuál más difícil de superar, teniendo enfrente el poder de los elementos, antiguos misterios increíbles, con aliados y enemigos de lo más inesperado, peligros insondables y terrores primigenios, la Garra luchará para evitar que el sanguinario culto logre su terrible propósito… Y desvelar los secretos que se ocultan en el Abismo.

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Las Aventuras de La Garra: Antología
Una interesante antología, donde se podrán encontrar historias de Jonathan Baker y el universo creado en las novelas del aventurero. Una recopilación de historias para celebrar los cinco años desde la publicación de la primera novela del personaje de “La Garra”, La Maldición de la Diosa Araña. El mismo creador de la serie, Miguel Ángel Naharro y una serie de estupendos autores, que le acompañan en la conmemoración de este quinto aniversario, para contar nuevas aventuras de La Garra, Walkyria, Morodo y compañía, desde el estilo y el punto de vista particular de cada escritor.
Luis Guillermo del Corral (Vindius el Guerrero del Norte), Raúl Montesdeoca (El Templo Celestial), Néstor Allende (Weird West), Julio M. Freixa (Tex Hardigan: Crónicas de Mundo Guerra), Ana Morán (Weird West), Pako Domínguez (La Cruz de Hierro) e ilustradores como José Baixauli, Juanma Aguilera, Roberto Cruz, Néstor Allende, Pako Domínguez y Julio M. Freixa.

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 – Wolfrath: Los hijos de Xah’al de Raúl Baixauli
También tendremos, cómo no,  la secuela de Wolfrath de Raúl Baixauli. El bárbaro llega a Valadria, el último de los reinos al sur del continente, donde se verá envuelto en una conspiración que pondrá en peligro no solo su vida, sino el mismísimo trono del reino. Grandes ejércitos y seres sobrenaturales no faltarán a la cita en una novela repleta de acción. De nuevo con ilustraciones del excelente José Baixauli para ilustrar esta extraordinaria novela.
– CLÁSICOS DE LA LITERATURA POPULAR

Dlorean sigue apostando por recuperar grandes obras olvidadas de los bolsilibros o literatura popular, para que tanto los aficionados de siempre como las nuevas generaciones puedan disfrutar por igual de ellas. A través de campañas de crowfundings, como ya se ha hecho con Espada y Brujería y Los Tres Dragones de Oro de Curtis Garland, es la manera en la cual se publicarán.
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El Galante Aventurero de Arnaldo Visconti Vol. 1 al 3
En una Córcega codiciada por genoveses y franceses, gobernada por diversos nobles y sometida al imperio de diversos bandidos se nos presenta a Luys Gallardo, un trovador español que ha llegado a Córcega casualmente y se acabará viendo envuelto en trepidantes aventuras en la isla.
Bandidos, espadachines, romances, robos, batallas, todo ello en una de las más celebres sagas de novelas de la novela popular española y de Arnaldo Visconti, quien creó, junto al Pirata Negro, su mejor obra. Saldrán en tres estupendos volúmenes.
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Piratas de Curtis Garland Vol. 1 y 2
Juan Gallardo Muñoz, con el seudónimo en esta ocasión de Donald Curtis, realizó una incursión en el género de los piratas, que publicó en varias novelas la editorial Astri. Unas novelas de género puramente de piratas, con todo lo que uno pueda imaginar: aventuras, piratas, experimentos malévolos y retorcidos, amor, intrigas… Con tramas muy originales y, sobre todo, muy entretenidas y disfrutables. Unas historias que por fin serán recopiladas todas juntas y donde podremos leer estos inolvidables bolsilibros que nos retrotraerán a la época donde el mar estaba plagado de peligros, piratas y mucha aventura, de la mano del maestro Curtis Garland. Serán dos volúmenes que recopilarán todas las novelas que escribió el autor sobre el género.
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Baby Espía Mortal Vol. 2 de Lou Carrigan
Regresa la espía más sexy y letal de la literatura popular, con más números de la colección de Baby Espía Mortal del gran Lou Carrigan. En su segundo volumen, con dos nuevas y estupendas novelas: El Espía Alemán y Siempre surge la Muerte.
El plan editorial aquí ofrecido está sujeto a posibles cambios, cancelaciones e incorporaciones, debido a la antelación con la que se elabora el avance. Pero estos son los planes que, si no pasa nada, veréis de parte de Dlorean en el 2017. Sin olvidarnos de más sorpresas que tendréis a buen seguro.
Por supuesto, tendréis más Negroponte, más números de la revista Planeta Neo Pulp y mucho más.

Los siete magníficos (The Magnificent Seven) (2016)

Posted in Cine, Reseña, Western on 27 septiembre, 2016 by belakarloff

La población de Rose Creek está bajo el poder de un corrupto hombre de negocios, que explota a los granjeros. Una pequeña representación irá en busca de un puñado de hombres para que les ayuden a combatirlos.

Dirección: Antoine Fuqua. Producción: Metro-Goldwyn-Mayer, Columbia Pictures, LStar Capital, Village Roadshow Pictures, Pin High Productions, Escape Artists. Productores: Roger Birnbaum, Todd Black. Co-productor: Kat Samick. Productores ejecutivos: Bruce Berman, Antoine Fuqua, Walter Mirisch, Ben Waisbren. Guion: Nic Pizzolatto, Richard Wenk, según el guion de Akira Kurosawa, Shinobu Hashimoto, Hideo Oguni. Música: James Horner, Simon Franglen. Fotografía: Mauro Fiore. Diseño de producción: Derek R. Hill. Montaje: John Refoua. Intérpretes: Denzel Washington (Chisolm), Chris Pratt (Josh Faraday), Ethan Hawke (Goodnight Robicheaux), Vincent D’Onofrio (Jack Horne), Byung-hun Lee (Billy Rocks), Manuel García-Rulfo (Vasquez), Martin Sensmeier (Red Harvest), Haley Bennett (Emma Cullen), Peter Sarsgaard (Bartholomew Bogue), Luke Grimes (Teddy Q), Matt Bomer (Matthew Cullen), Jonathan Joss, Cam Gigandet, Emil Beheshti, Mark Ashworth, Billy Slaughter, Dodge Prince, Matthew Posey, Carrie Lazar, Jody Mullins, Clint James, Dane Rhodes, Ritchie Montgomery, Sean Bridgers… Nacionalidad y año: Estados Unidos 2016. Duración y datos técnicos: 132 min. Color 2.35:1.

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Cuando Robert Aldrich rodó Veracruz (Vera Cruz, 1954) en México tuvo bastantes problemas por el modo en que representó a la población autóctona. A la hora de rodar allí Los siete magníficos (The Magnificent Seven, 1960), John Sturges hubo de luchar mucho con la censura mexicana, atenta a que no volviera a suceder lo mismo. En los tiempos actuales, tan políticamente correctos, plantear a una pobre población mexicana, sin capacidad de auto-defensa, y que los aguerridos norteamericanos vinieran a auxiliarles debió parecerles improcedente, así pues se ha alterado la idea, y ahora es una población estadounidense la que sufre las iras del malvado. No solo eso: para auxiliarles se convoca un espectro variado de grupos étnicos, así pues entre ellos tenemos un negro, un mexicano, un oriental y un indio. Y de regalo, ayudando al septeto, hay una mujer aguerrida y auto-suficiente. No me explico cómo a los creadores del casting no se les ocurrió contar con Peter Dinklage entre los magníficos para que la representación fuese aún más variada. Por supuesto que esto arroja lecturas políticas inevitables con el contexto actual, donde parece plantearse que Estados Unidos precisa la ayuda del entorno internacional para hacer frente a los recientes atentados terroristas. Pero nuestro análisis no irá por esos caminos…

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A primera vista, uno diría que el guion de la presente se ha confeccionado a partir de un mero resumen de seis u ocho líneas de la cinta previa. De todas maneras, tenemos algunas citas en los diálogos que remiten al film de Sturges: Denzel Washington comenta “Me han contratado muchas veces, pero no por todo lo que tienen”, igual que hacía Yul Brynner; Chris Pratt dice “Tan lejos, tan bueno”, que es lo que decía Steve McQueen; y otro de los magníficos narra el chiste del tipo cayéndose de lo alto de un edificio, el mismo que narraba Vladimir Sokoloff, aunque aquí se añade una frase adicional, explicando la broma, por si algún espectador no lo había captado. Por lo demás, en lo que cabe a los personajes, podría decirse que el Chisolm de Denzel Washington es más o menos el Chris de Yul Brynner; si bien Chris era un pistolero a sueldo, mientras que aquí es un representante del gobierno, digamos para legitimar los actos que él y sus contratados efectuarán. Chris Pratt podría ser más o menos el personaje de Horst Buchholz, el jovencito chistoso. Ethan Hawke viene a ser algo así a como era Robert Vaughn en la cinta anterior, si bien la cobardía de este quedaba en una ambigüedad sugerente, y aquí está todo sobre-explicado. En cuanto a Billy Rocks, interpretado por el coreano Byung-hun Lee, viene a ser el que encarnaba James Coburn, el lanzador de cuchillos. Los demás digamos que son más o menos originales.

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Así pues, como se ha dicho, se nos replantea la historia en otros términos, creando una narración un tanto distinta. Aquí tenemos, pues, el arquetipo de tantos westerns de la clásica población del Oeste dominada por un cacique, y al que el/los héroe/s hace/n frente. Ello provoca que el déjà vu sea constante hacia otros clásicos del género de diversas épocas, y uno recuerda sobre toda la obra maestra de Clint Eastwood Sin perdón (Unforgiven, 1992). Aunque realmente lo curioso son las similitudes con un film como La ira de Dios (The Wrath of God, 1972), de Ralph Nelson, donde un trío de personajes ha de combatir a un cacique local en un pueblo mexicano, a tal punto que el film se podría retitular “Los tres magníficos”. Las coincidencias entre esa irregular pero curiosa cinta son varias; así, las referencias religiosas entre los malos de ambas películas; en un momento dado, tanto en una como en otra uno de los héroes, herido de muerte, se auto-inmola con un explosivo, llevándose por delante algún malo; y en el clímax final, y el malo muere de idéntica forma en ambas películas.

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El film también hace, si bien de rebote, algún homenaje a la obra anterior de la que la de Sturges era a su vez remake, esto es, Los siete valientes / Los siete samurais (Shichinin no samurai, 1954), de Akira Kurosawa, mencionando otras obras de su director. Por un lado, el indio se llama Red Harvest, esto es, Cosecha Roja, título de una novela de Dashiell Hammett publicada en 1929, y que sirvió de base para la película Yojimbo – El mercenario (Yôjinbô, 1961). Y la muerte de determinado personaje aquí es muy similar a la del protagonista de Trono de sangre (Kumonosu-jô, 1957).

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Respecto a los actores, Denzel Washington ofrece la solidez característica a la que nos tiene acostumbrados, si bien en ningún momento nos provoca el asombro o la admiración. Ethan Hawke está de un sobreactuado que asusta, y a veces parece que esté intentando recrear a Doc Holliday. El que está sencillamente magistral es Vincent D’Onofrio como Jack Horne –una especie de Grizzly Adams, para que nos entandamos–, donde el magnífico actor, amén de su lenguaje corporal, efectúa una transformación de su habitual modo de hablar asombroso. Peter Sarsgaard como Bartholomew Bogue ofrece el característico papel de villano tan habitual en el cine contemporáneo, lleno de muecas, mohines y perfil caricaturizado; y también parece estar afectado de tuberculosis, por cierto. Los demás no resaltan ni positiva ni negativamente.

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La estructura de la historia se mantiene, al igual que en su precedente, en tres etapas: la primera con la selección de los “magníficos”; la segunda, con la preparación del pueblo y sus habitantes para hacer frente al peligro; y la tercera, con el enfrentamiento entre ambos bandos. Como es de esperar, aquí la tercera etapa se alarga y alarga, mostrando infinidad de escenas de acción, interrumpidas de un modo constante para saltar de una situación a otra y alterar de ese modo el tempo atmosférico. El guion de Nic Pizzolatto –True Detective– y Richard Wenk –16 calles, Los mercenarios 2– intenta aportar algo de contenido al meollo, pero el perfil de los personajes, pese a que intenta profundizar en ellos, se muestra desdibujado y elemental. La puesta en escena de Antoine Fuqua –realizador habitual en la filmografía de Denzel Washington– es plana, sin relieve, meramente ilustrativa. Los siete magníficos, versión 2016, cumple perfectamente sus objetivos, que no son otros que ser un típico producto de consumo de centro comercial, de un lustre aparente, pero sin verdadera esencia cinematográfica, y que tan pronto como se ve se olvida.

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Anécdotas

  • A Christian Bale, Tom Cruise y Jason Momoa se le ofrecieron sendos personajes. El papel de Vasquez fue ofrecido en un inicio a Wagner Moura.
  • Se especula que el presupuesto del film está entre noventa y noventa y cinco millones de dólares.
  • Rodada en Baton Rouge, Louisiana, y San Francisco Peaks y Coconino National Forest, en Arizona.
  • Estrenada en Estados Unidos el 23 de septiembre de 2016. En España se estrenó el mismo día (aunque estaba previsto el 30).

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

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La venganza de Jane (Jane Got a Gun) (2013)

Posted in Cine, Crítica, Western on 6 mayo, 2016 by belakarloff

Bill, el marido de Jane, regresa a la granja gravemente herido. Ha sido tiroteado por la banda de McCann, y sabe que vendrán tras él. Jane acudiría a Dan, un antiguo amor, para pedirle ayuda en el inminente enfrentamiento…

Dirección: Gavin O’Connor. Producción: 1821 Pictures, Boies / Schiller Film Group, Handsomecharlie Films, Scott Pictures, Straight Up Films, Unanimous Pictures, WeatherVane Productions. Productores: Terry Dougas, Aleen Keshishian, Scott LaStaiti, Natalie Portman, Mary Regency Boies, Zack Schiller, Scott Steindorff. Co-productores: Katherine S. Chang, Kate Cohen, Marisa Polvino. Productores ejecutivos: David Boies, Chris Coen, Ryan Kavanaugh, Paris Kasidokostas Latsis, Jason Rose, Dylan Russell, Tucker Tooley, Bob Weinstein, Harvey Weinstein. Co-productores ejecutivos: Jason Beckman, Ron Burkle, Jason Colodne, Peter Fruchtman, Ross Marroso, Ben McConley, Jason Van Eman. Productores asociados: Kim Barton, Ivan J. Fonseca, Andrew Melting, Zack Morgenroth. Guion: Brian Duffield, Anthony Tambakis, Joel Edgerton, según argumento de B. Duffield. Música: Lisa Gerrard, Marcello De Francisci. Fotografía: Mandy Walker. Diseño de producción: Tim Grimes, James F. Oberlander. Montaje: Alan Cody. Efectos especiales: Greg Cannom (efectos de maquillaje). Intérpretes: Natalie Portman (Jane Hammond), Joel Edgerton (Dan Frost), Ewan McGregor (Colin McCann), Rodrigo Santoro (Fitchum), Noah Emmerich (Bill Hammond), Boyd Holbrook (Vic), Alex Manette (Buck), Todd Stashwick (O’Dowd), James Burnett (Cunny Charlie), Sam Quinn (Slow Jeremiah), Chad Brummett (Theodore), Boots Southerland (Marshal), Nash Edgerton, Robb Janov, James Blackburn, Nicoletta Chapman, Billy Fuessel, Wynema Gonzagowski, Kristin Hansen, Sean Helean, Darlene Kellum, Jahan Khalili, Rodger Larance, Ricky Lee, Robb Moon, Martin Palmer, Lauren Poole, Jaime Powers, Giuseppe Quinn, Kendra Tuthill, Mia Wagenman… Nacionalidad y año: Estados Unidos 2013. Duración y datos técnicos: 98 min. Color 2.35:1.

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El western no ha muerto. En Estados Unidos se siguen haciendo ejemplares, algunos de los cuales inclusive llegan en ocasiones a nuestro país, y además la televisión ha supuesto un buen refugio para el género, donde, por ejemplo, las adaptaciones de la obra de Louis L’Amour son constantes.

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La presente película se rodó en 2013, aunque no se ha estrenado hasta 2016 por ciertos oscuros problemas de producción. Tras abandonar el rodaje la directora Lynne Ramsay –Tenemos que hablar de Kevin (We Need to Talk About Kevin, 2011)–, tomó las riendas Gavin O’Connor –El milagro (Miracle, 2004), Cuestión de honor (Pride and Glory, 2008)–. En ese lapso, además, el actor Joel Edgerton, que también colabora en el guion, debutó como director y guionista en solitario con la recientemente estrenada El regalo (The Gift, 2015).

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Pese a que El regalo es un thriller, comparte con la presente sus errores de guion; o más bien cabría denominarlos trampas, pues de eso realmente se trata. Por un lado, tenemos una trama muy elemental, a la que se intenta otorgar apariencia de complejidad con el recurso de hacerla arrancar in media res, cuando la historia está hacia la mitad, para después, por medio de breves y constantes flash-backs irnos informando acerca de qué pasa y porqué. Ello ayuda, por supuesto, a que los guionistas suministren y oculten información a conveniencia, transformando lo que pudiera ser una opción por medio del punto de vista en una narración caprichosa y antojadiza, donde inclusive el muy inteligente héroe será capaz de inventar el cóctel molotov muchos años antes de hacerse oficialmente. En cuanto al recurso de hacer de la protagonista femenina un personaje con recursos, resolutiva y autosuficiente, es algo bastante obvio de cara a parecer “modernos”, sin tener presente que en el western este tipo de personajes ya surgieron antes de que fueran moneda común en otros géneros, y algunas actrices, como Barbara Stanwyck o Jean Arthur, fueron habituales en cometidos de esta potencia.

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La puesta en escena, por su parte, no ayuda a aportar algo de dimensión a la historia, debido a una planificación plagada de los vicios habitual del cine contemporáneo, donde abundan los planos desenfocados, y no me refiero a aquellos planos subjetivos del personaje de Bill Hammond, herido y que es incapaz de distinguir bien lo que hay frente a él, sino a planos objetivos donde la cámara muestra un paisaje desenfocado y, varios segundos después, entra en primer término algún personaje u objeto enfocado. Es irritante cómo ningún director contemporáneo parece capaz de tener una idea mínima acerca del uso de la profundidad de campo. Por lo demás, emplea el tópico recurso de la estética feísta del género tan habitual en el western contemporáneo, y roba alguna imagen a un clasicazo como La puerta del cielo (Heaven’s Gate, 1980), de Michael Cimino.

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Entendámonos: no es una mala película, ofrece cierta factura, y unas interpretaciones solventes (con un irreconocible Ewan McGregor a la cabeza como un malo muy malo que, al final, no resultará ser tan malo), pero este producto, a mitad de camino entre el cine independiente y el telefilm de lujo demuestra que, hace unos años, directores de segunda como Ray Nazarro o Burt Kennedy, por citar algunos sin excesivo prestigio, con los mismos ingredientes podrían haber dado origen a algo más vívido y conseguido.

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Anécdotas

 

  • El film fue rodado entre el 3 de abril y el 1 de junio de 2013, pero no se estrenó hasta enero de 2016.
  • El papel de Dan Frost lo iba a haber hecho Michael Fassbender, pero abandonó tras tener un choque con la directora Lynne Ramsay. Después, Ramsay también abandonó el proyecto.
  • Al papel de malo optaron Jude Law, Bradley Cooper, Tobey Maguire, Joseph Gordon-Levitt, Tom Hiddleston y Jake Gyllenhaal.
  • Rodada con un presupuesto estimado de veinticinco millones de dólares.
  • Estrenada en Estados Unidos el 29 de enero de 2016. En España se estrenó el 6 de mayo de 2016.

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

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Cabalgando hacia el Oeste: Un breve recorrido por la historia del western en el cine

Posted in Artículo, Cine, Western on 27 abril, 2016 by belakarloff

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Aunque parezca una obviedad, conviene señalar que el cine del oeste deriva de la literatura del oeste. A lo largo del siglo XIX se escribirían determinadas historias centradas en relatar el proceso de colonización de Estados Unidos. Por aquel entonces, ese tipo de literatura se inscribía dentro del género de aventuras, como pudiera ser la pionera El último mohicano / El último de los mohicanos (The Last of the Mohicans, 1826), de James Fenimore Cooper1. Este título, por lo demás, también presagia la diversidad temática del género, pues, aunque principalmente el western se centre en el proceso de colonización de la franja occidental a lo largo de Estados Unidos durante el siglo XIX, también habrá muestras que se focalicen, cronológicamente, antes y después de ese período, y geográficamente se extenderá hacia el norte, llegando a Alaska, o al sur, hasta México. Incluso estilísticamente habría westerns ambientados en lugares tan peregrinos, a priori, como Argentina o Australia. Después surgiría la literatura popular, en lo que se llamó en el período comprendido entre 1850 y 1900 como dime novel2, el precedente de la literatura pulp.

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La primera dime novel es considerada Malaeska; the Indian Wife of the White Hunter, aparecida en junio de 1860, cuyo título deja claros sus objetivos. A partir de ahí se publicarían novelitas que exponían, por lo general, las gestas épicas de los héroes de las praderas como Buffalo Bill, Wild Bill Hickok o Billy el Niño. Mientras este tipo de literatura se publicaba en Estados Unidos, en Alemania surgió un autor llamado Karl May (1842-1912), que popularizaría sus historias ambientadas en el oeste norteamericano, como la trilogía protagonizada por el indio Winnetou3. La primera novela en considerarse estrictamente como un western es The Virginian (1902), de Owen Wister4. A esta le seguiría el autor de novelas del oeste más popular de la historia, Zane Grey (1872-1939). Pese a empezar publicando en 1903, alcanzaría la fama con Los jinetes de la pradera roja (Riders of the Purple Sage, 1912). Simultáneamente, las revistas pulp, con publicaciones como Western Story Magazine, Star Western, West, Cowboy Stories o Ranch Romances acercarían el género a lectores de todas las edades y sensibilidades. Otros escritores importantes de literatura del oeste serían después Louis L’Amour (posiblemente el más popular después de Grey), A. B. Guthrie Jr., Elmore Leonard, Leigh Brackett, Larry McMurtry o muchos otros.

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En España, el mítico escritor José Mallorquí se adentraría con amplitud en el género, habiendo creado un personaje que bordea el mismo, El Coyote. Después, dentro también de la novela popular, contaríamos con autores como Marcial Lafuente Estefanía, Silver Kane [Francisco González Ledesma], Keith Luger [Miguel Oliveros Tovar] y otros muchos. Por supuesto, toda esta tradición habría de reflejarse en el cine, sea directamente como adaptaciones o reinterpretando toda la rica tradición que subyace en su narrativa.

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Se suele considerar el primer western cinematográfico Asalto y robo de un tren (The Great Train Robbery, 1903), de Edwin S. Porter, aunque con anterioridad Thomas Edison, por medio del kinetoscopio, también ofreció aportaciones de un par de minutos de duración. Después, comenzaron a aparecer los primeros títulos populares del género en la pantalla. Bronco Billy Anderson, que aparecía en el corto de Porter, sería el primer héroe; en primer lugar, simplemente protagonizando, pero después se implicaría más en las películas y acabó escribiendo los guiones y dirigiéndolas. Era representante de un cine popular y directo. Su más directo continuador sería William S. Hart, tanto en el sentido de estrella como director, y que podría considerarse el primer autor en el western cinematográfico. Inicialmente, podría verse como una sombra de Anderson, pero Hart aportó una visión propia al género, con una mirada límpida a la mítica del vaquero. Su película más importante sería la esencial El hijo de la pradera (Tumbleweeds, 1925).

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Mientras, por esas mismas fechas, apareció un director irlandés que firmaba inicialmente como Jack Ford. Comenzó a rodar westerns de dos bobinas, protagonizados muchos de ellos por Harry Carey; su primer largo fue A prueba de balas (Straight Shooting,  1917), y ya en los años veinte rodó dos obras maestras como son El caballo de hierro (The Iron Horse, 1924) y Tres hombres malos (3 Bad Men, 1926). Otro western mudo que cabría destacar en este breve recorrido es La caravana de Oregón (The Covered Wagon, 1923), de James Cruze. La llegada del sonoro parecía presagiar grandes cambios en el género. A la masiva producción de películas de caballistas durante el periodo mudo protagonizadas por héroes como Rod La Rocque, Charles Bickford, Hoot Gibson, Tom Mix, Tom Keene, Buck Jones, Jack Holt, Richard Dix o Tim McCoy, entre otros muchos, respondieron una serie de títulos un tanto diferentes. Cimarrón (Cimarron, 1931), de Wesley Ruggles, fue un gran éxito y ganó tres Oscars (entre ellos a mejor película) y optó a otras cuatro candidaturas. Además, se produjeron los filmes Billy the Kid o El terror de las praderas (Billy the Kid, 1930), de King Vidor, y La gran jornada (The Big Trail, 1930), de Raoul Walsh5, rodados en formato panorámico; mas estos fueron un fracaso, y supusieron el regreso del género a los cauces de la serie B y el olvido de la producción A dentro del mismo, salvo algún título disperso como Los conquistadores (The Conquerors, 1932), de William A. Wellman, Buffalo Bill (The Plainsman, 1936), de Cecil B. De Mille, o Milicias de paz (The Texas Rangers, 1936), de Vidor.

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 Gene Autry

 

Por tanto, llegó el relevo sonoro a la producción popular durante la etapa muda con un grupo de películas que llegaron a denominarse “de serie”. Eran producciones baratas, de alrededor de una hora de duración, y caracterizadas por el protagonismo de una estrella (o varias) del género; en algunas de ellas el personaje protagonista era fijo, y se repetía de film en film, sin continuidad dramática, aunque también era muy común que la estrella interpretara personajes diferentes (en nombre) pero bajo patrones casi clónicos. Actores de esa etapa, algunos oriundos del mudo, fueron Dick Foran, Gene Autry, Tim McCoy, George O’Brien, Rex Lease, Roy Rogers, William Boyd (con su mítico personaje Hopalong Cassidy), Buck Jones, Hoot Gibson, Tex Ritter o un principiante John Wayne. Es en 1939 (un año glorioso en la historia del cine norteamericano) cuando llega el cambio con una película titulada La diligencia (Stagecoach), del otrora llamado Jack Ford, ahora uno de los más importantes directores de la industria como John Ford. Ford realiza una aproximación al género no desde una perspectiva intelectualoide (tan cara a muchos cineastas actuales), sino desde las propias raíces del género, conociéndolo y amándolo. Toma los arquetipos genéricos (el pistolero de corazón noble, el forajido, el sheriff, la prostituta, el jugador…) y los ubica en un entorno cerrado para analizarlos, para convertir esos arquetipos en seres humanos complejos y poliédricos. Para ello es muy importante la figura de John Wayne, viejo conocido de Ford en tiempos del mudo; retoma todos los esquemas que este habían encarnado con anterioridad a las órdenes de mediocres directores como Robert N. Bradbury y lo convierte en toda una estrella, el westerner por excelencia. Si hay un actor indisolublemente vinculado al género, aunque incursionara en otros muchos, ese es John Wayne.

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La década de los cuarenta será una década de reubicación, donde van confluyendo diversas corrientes. Prosigue el western “de serie”, en algunos casos con la aportación del color; también procedente de la década anterior tenemos los seriales, aventuras de unos veinte minutos que acaban en un “continuará”, y que conforman una sola historia de unos doce capítulos, por lo general; la serie B va tomando pujanza, y aparecen actores característicos como Joel McCrea o Randolph Scott. Dentro de esa serie B surgen títulos estimables como Cuatro caras del oeste (Four Faces West, 1948), de Alfred E. Green, con el primero, o La calle de los conflictos (Abilene Town, 1946), de Edwin L. Marin, con el segundo. Si antes mencionábamos a Wayne como la estrella absoluta del género, un muy digno segundo puesto lo ocupará Randolph Scott.

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La diligencia (1939)

 

Pero por esos años ya los grandes directores del cine norteamericano se empiezan a interesar por el género. Ford, el mismo año que La diligencia, ya ofreció Corazones indomables (Drums Among the Mohawk), y a lo largo de los cuarenta brindará la magistral Pasión de los fuertes (My Darling Clementine, 1946), junto con Fort Apache (Fort Apache, 1948), 3 Godfathers [tv/dvd: Tres padrinos, 1948) y La legión invencible (She Wore a Yellow Ribbon, 1949). Su amigo Howard Hawks, por su parte, también toca el género sesgadamente en The Outlaw [tv/vd/dvd: El forajido, 1943] –sería despedido por Howard Hughes, quien la terminaría- y en la fundamental Río Rojo (Red River, 1948). Se suele referir que los cincuenta supusieron la irrupción del western psicológico, pero ya durante los cuarenta hay muestras que indudablemente cabe catalogarlas en esa condición, tales como las citadas Pasión de los fuertes y Río Rojo, a las que podría añadirse otras más, así The Ox-Bow Incident [tv: Incidente en Ox-Bow, 1943], y Cielo amarillo (Yellow Sky, 1948), ambas de de William A. Wellman. No conviene olvidar cineastas tan vitales como Raoul Walsh con Mando siniestro (Dark Command, 1940), Murieron con las botas puestas (They Died with Their Boots On, 1941) y Juntos hasta la muerte (Colorado Territory, 1949), amén de algunas más. Y añadamos una obra tan atípica como la macro-producción de David O. Selznick Duelo al sol (Duel in the Sun, 1946), donde se aúna melodrama exacerbado, épica y unos caracteres tormentosos. La dirección está acreditada al gran King Vidor, pero también participaron otros realizadores. Los cincuenta supondrán la eclosión y maduración del género, debido a esa aproximación psicológica que se ha mencionado. La cantidad de obras maestras que arrojará el género en esa etapa es apabullante, y citarlas todas supondría efectuar simplemente un largo listado; con todo, es obligado hacer mención, al menos, de Centauros del desierto (The Searchers, 1956), considerado por muchos estudiosos como el mejor western de toda la historia, y realizado por John Ford; su colega Hawks, por su parte, brindaría Río de sangre (The Big Sky, 1952) y la grandiosa Río Bravo (Rio Bravo, 1959), respuesta por su parte a los postulados de un western que no aprobaba moralmente, el sin embargo también excelente Solo ante el peligro (High Noon, 1952), de Fred Zinnemann.

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Winchester ’73 (1950)

 

Durante esa década surgieron nuevos directores especializados en el género, que alcanzarían cotas de maestría apabullantes. Anthony Mann nos legaría un conjunto de maravillas entre las cuales es difícil escoger: Winchester 73 (Winchester ’73, 1950), La puerta del diablo (Devil’s Doorway, 1950), Horizontes lejanos (Bend of the River, 1952), El hombre de Laramie (The Man from Laramie, 1955), El hombre del oeste (Man of the West, 1958) son algunos de ellos, pero aún hay más. Henry King aportaría una inteligente reflexión sobre la condición del pistolero que arrostra su pasado como una maldición con la película que, precisamente, adoptó el título de El pistolero (The Gunfighter, 1950). Delmer Daves brilló con especial fulgor en esa década, y aportó visiones muy distintas del universo westerniano; pese a aportaciones de valía, al menos es obligado citar una obra maestra como El tren de las 3:10 (3:10 to Yuma, 1957), adulta aproximación al personaje de forajido, y que resulta muy interesante contrastar con su reciente, vacuo y prepotente remake homónimo habido en 2007 por parte de James Mangold, que se dedica a rellenar lo que en el original eran austeras elipsis con superfluas escenas de acción y subrayados innecesarios. Nicholas Ray, por su parte, se interesó con más asiduidad por la temática, y puede que su obra maestra sea Johnny Guitar (Johnny Guitar, 1954), que con todo debe muchísimo a una obra previa como es Encubridora (Rancho Notorius, 1952), de Fritz Lang, cuya aportación al género merecería un estudio pormenorizado. John Sturges, por su parte, también se aproximaría al western proveniente desde la serie B, hasta brindar la reflexiva Duelo de titanes (Gunfight at the O.K. Corral, 1957) –aproximación muy distinta pero igualmente valiosa al evento que Ford narraba en Pasión de los fuertes– y la compleja Desafío en la ciudad muerta (The Law and Jake Wade, 1958). George Stevens no era un director especializado en el género, pero cuando se aproximó a este aportó una obra tan brillante como Raíces profundas (Shane, 1953), otro más de los acercamientos a la mítica westerniana desde perspectivas adultas. Un realizador más que se interesó momentáneamente por el género –aunque ya en los cuarenta brindó la brillante El forastero (The Westerner, 1940)– fue William Wyler con el macro-western Horizontes de grandeza (The Big Country, 1958), que bascula entre el intimismo y la espectacularidad de un modo portentoso.

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Comanche Station (1960)

 

Uno de los grandes nombres del género durante los cincuenta sería Budd Boetticher. Provenía de la serie B, y se circunscribió a esta toda su carrera. Sin embargo, de western eficaces como El desertor de El Álamo (The Man from the Alamo, 1953) acabó derivando en el excepcional ciclo protagonizado por Randolph Scott; aquí, su sentido de la abstracción, la economía expresiva y la profundización en los arquetipos llegó a tal nivel que creó una colección de joyas que muy bien forjaron el camino hacia la inmediata derivación del género a su condición crepuscular. De esa saga citemos, al menos, The Tall T [tv/dvd: Los cautivos, 1957] y Comanche Station [tv/dvd: Estación Comanche, 1960], ya inmersa en la década siguiente. También contaríamos con títulos que podrían ir a caballo (nunca mejor dicho) entre la serie A y B, como demuestra la estupenda Hondo (Hondo, 1953), de John Farrow, la intensa Del infierno a Texas (From Hell to Texas, 1958), de Henry Hathaway, o la abstracta Day of the Outlaw [tv/dvd: El día de los forajidos/El día del proscrito, 1959], de André De Toth, director este último más inmerso de por sí en la serie B, dentro de la cual destacaban títulos protagonizados por estrellas como los citados Randolph Scott y Joel McCrea, o realizadores todoterreno como Lesley Selander. Los sesenta suponen la dispersión temática. Poco a poco, en esa época comienza a languidecer el género, si bien también se dan algunos de sus títulos más importantes, curiosamente. El más importante, y para el que esto firma el mejor western de todos los tiempos, fue El hombre que mató a Liberty Valance (The Man Who Shot Liberty Valance, 1962) de John Ford, una aportación lírica y poliédrica, que supone al mismo tiempo una incursión en el mito y su propia desmitificación, el recuerdo del pasado y la mirada al futuro de un género. La perspectiva crepuscular del western se desarrollaría a lo largo de los sesenta, pero una de las principales piedras de toque para desarrollarlo sería la presente joya del género.

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Los siete magníficos (1960)

 

Los siete magníficos (The Magnificent Seven, 1960), de John Sturges, aún se apoyaba en el tono de la década previa, con un toque de macro-western, pero por esta época surgió un nombre que representaría como pocos el concepto de western crepuscular. Ese sería Sam Peckinpah, un hombre proveniente de la televisión, que amaba el género y que, sin embargo, se centró en su destrucción, como si así dijéramos, desde una óptica de reflexión de la desintegración de un mundo para ser reemplazado por otro totalmente distinto. Duelo en la Alta Sierra (Ride the High Country, 1962) está protagonizada por Randolph Scott y Joel McCrea (tras pensarse en Gary Cooper y John Wayne), y están utilizados con toda intención (tal como hizo Stevens con Alan Ladd en Raíces profundas), como representantes de un universo que se está desmoronando. Esa misma década Peckinpah aportó otro ejemplo con la intensa y telúrica Grupo Salvaje (The Wild Bunch, 1969), donde la forma de entender ese referido universo se va quedando atrás, como los dinosaurios que van siendo exterminados a lo largo de su metraje. Durante esa década, el western de serie A irá perdiéndose de un modo paulatino, y el de serie B, debido a los costes y la competencia de la televisión, se deslizará peligrosamente hacia cánones de serie C ó Z. Títulos aislados supondrán el excelente Río Conchos (Rio Conchos, 1964), de Gordon Douglas, que aunaba también el clasicismo con los nuevos rumbos que tomaba el género. También destaca el sobrevalorado Dos hombres y un destino (Butch Cassidy and the Sundance Kid, 1969), que parte de un complejo guión escrito por William Goldman que su realizador George Roy Hill desliza por los meandros de la superficialidad. O de igual modo contamos con la simpática La leyenda de la ciudad sin nombre (Paint Your Wagon, 1969), de Joshua Logan.

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Hasta que llegó su hora (1968)

 

El cine del oeste venía rodándose también en Europa desde los tiempos del cine mudo. Una industria como la italiana también lo hacía y, en general, su adscripción al cine de género fue constante. A mediados de los sesenta esa cinematografía tuvo una eclosión con Hércules (Le fatiche di Ercole, 1958), de Pietro Francisci, y durante lo que quedaba de década e inicios de los sesenta fue inundando el mercado de un género denominado peplum, y que ya existía en Italia, en todo caso. La sobresaturación impuso la agonía, y se hubo de fijar la atención en otros géneros. Había muchos, desde luego, como el poliziesco, el giallo, el terror o los seudobonds, pero el western fue también uno de los que se tocaron, y con gran éxito de público. Inicialmente, los productos que surgían de los estudios italianos imitaban los moldes americanos, y los mejores semejaban entregas de serie C provenientes del otro lado del Atlántico. Sin embargo, la irrupción de un director como Sergio Leone cambió el modo de entender el género. Leone realizó sus películas con un ojo puesto en la historia del Oeste americano, y el otro en los clásicos del género, en especial John Ford. Lo que innovó no fue tanto el fondo como la forma. Su sentido de la planificación, el tempo y la psicología que imprimió a sus personajes fueron los que crearon todo un subgénero denominado spaghetti-western, y que después muchos de sus imitadores hiperbolizaron hasta el límite de la parodia, consciente o inconsciente. El director ofreció títulos hoy esenciales como Por un puñado de dólares / Per un pugno di dollari (1964), La muerte tenía un precio / Per qualche dollaro in più (1965), El bueno, el feo y el malo / Il buono, il brutto, il cattivo (1966) y, en especial, Hasta que llegó su hora (C’era una volta il West/Once Upon a Time in the West, 1968), una fastuosa obra maestra plena de lirismo y personajes en el límite de la abstracción y el arquetipo.

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Cara a cara (1967)

 

Como se ha dicho, otros muchos aparecieron para proseguir, de un modo u otro, la estela forjada por Leone, aunque gran parte de este sub-género alcanzó límites caricaturescos. Sin embargo, conviene resaltar que junto a Sergio Leone aparecieron otros dos Sergios de interés. Por un lado, tenemos a Sergio Sollima, que aportó entregas como El halcón y la presa / La resa dei conti (1966), Cara a cara / Faccia a faccia (1967) y Corre, Cuchillo… ¡corre! (Corri uomo corri, 1968). Y por otro, Sergio Corbucci, responsable de, entre otras, Django (1966), Salario para matar / Il mercenario (1968) y, en especial, la poética Il grande silenzio [dvd: El gran silencio, 1968]. Conviene no olvidar que en España, lugar por antonomasia del rodaje de gran parte de este tipo de producciones (e incluso muchas norteamericanas) también se dio este fenómeno, en ocasiones por medio de la co-producción, como puede identificarse en algunos de los títulos previamente citados. Ya en los cincuenta nuestra cinematografía tocó (en serio) el género, por medio de las adaptaciones de la obra del gran José Mallorquí. En los sesenta conviene destacar a un cineasta como Joaquín Luis Romero Marchent, nombre, por cierto, detrás de algunas de esas versiones del creador de El Coyote mencionadas.

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Antes llega la muerte (1964)

 

Es digna de destacar su obra maestra Antes llega la muerte (1964), así como Aventura en el oeste (1965) y El sabor de la venganza (1966). Su hermano, Rafael Romero Marchent, también tocó el género, con resultados inferiores mas no desdeñables, en algunos casos. Añadamos aportaciones del lustre de Brandy – el sheriff de Losatumba (1964), de José Luis Borau (con Mallorquí también implicado, por cierto). Los setenta supusieron una prolongación de lo que representó la década anterior. El perfil crepuscular representado por Peckinpah proseguía en títulos como La balada de Cable Hogue (The Ballad of Cable Hogue, 1970) y Pat Garret y Billy The Kid (Pat Garret & Billy The Kid, 1973). Incluso directores clásicos se adscribían a este enfoque, como hizo el gran Joseph Leo Mankiewicz con El día de los tramposos (There Was a Crooked Man…, 1970), difícil equilibrio entre la ironía y la seriedad, la desmitificación y la ortodoxia. Por esos años abundaron las realizaciones de títulos crepusculares de muy distinto talante, y que merecerían un análisis concreto dentro de ese breve período de tiempo. Apuntemos títulos teñidos de desencanto, reflexión y melancolía como Dos hombres contra el Oeste (Wild Rovers, 1971), de Blake Edwards, Pistoleros en el infierno (Bad Company, 1972), de Robert Benton, Sin ley ni esperanza (The Great Northfield Minnesota Raid, 1972), de Philip Kaufman, Coraje, sudor y pólvora (The Culpepper Cattle Co., 1972), de Dick Richards, Tres forajidos y un pistolero (The Spikes Gang, 1974), de Richard Fleischer, y otros muchos.

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El fuera de la ley (1976)

 

Y también llegó el momento de la abstracción, como apunta la mexicana El Topo (El Topo, 1970), del polifacético Alejandro Jodorowsky. Sin embargo, por esas fechas surgió uno de los nombres fundamentales, y a día de hoy es uno de los cineastas más puros que perviven en Estados Unidos. Clint Eastwood logró la fama con su participación en el cine de Leone y, una vez regresado triunfal a los Estados Unidos, basculó entre el thriller y el western, principalmente, creando equipo con el excelente Don Siegel. Con esos dos directores como referentes en su carrera y, sobre todo, la rica tradición genérica existente (en especial el sempiterno y esencial John Ford), Eastwood debutó como director en los setenta. Su primera película del género fue la semi-fantástica Infierno de cobardes (High Plains Drifter, 1973), que llevaba un paso más allá los postulados del spaghetti-western. Una obra más reflexiva, y que retrotrae al cine de autores como Anthony Mann o Richard Brooks, sería El fuera de la ley (The Outlaw Josey Wales, 1976). Con todo, el Oeste languidecía, y pese a seguir haciéndose, cuantitativamente, aceptables muestras del mismo, los títulos de significación iban menguando. En los ochenta y noventa algunos directores intentan seguir manteniendo encendida la hoguera del género.

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Forajidos de leyenda (1980)

 

Así, Lawrence Kasdan, que nos aportará obras que tienen un pie en la reflexión metagenérica y otro en el tributo cinéfilo, con muestras como Silverado (Silverado, 1985) y Wyatt Earp (Wyatt Earp, 1994). Por su parte, un cineasta como Walter Hill daba muestras ocasionales de su tributo al género y su adscripción como continuador de Peckinpah, desde Forajidos de leyenda (The Long Riders, 1980), pasando por Gerónimo, una leyenda (Geronimo: An American Legend, 1993), y Wild Bill (Wild Bill, 1995), por no citar sus incursiones televisivas, que se apartan de los objetivos de este breve recorrido. Otro actor pasado a director, este con resultados menos inspirados, sería Kevin Costner, que en su debut en la materia, Bailando con Lobos (Dances with Wolves, 1990), logró un gran éxito popular, a rebufo de siete Oscars, una temática con mensaje, que hizo pensar a muchos que era la primera vez que el cine norteamericano ofrecía una visión pro-india, y una hermosa música compuesta por John Barry. Su segunda incursión en el género, sin embargo, Open Range (Open Range, 2003), se saldó con un sonoro fracaso. Pero, por supuesto, quien ha seguido manteniendo en alto el estandarte ha seguido siendo Clint Eastwood, que en todas sus aproximaciones al género ha brillado alto. El jinete pálido (Pale Rider, 1985) supone una relectura de Raíces profundas, potenciando los elementos fantásticos de su título inaugurador, y Sin perdón (Unforgiven, 1992) podría definirse como un tardío western crepuscular, suponiendo toda una reflexión sobre el devenir de los que forjaron una vez el oeste: el personaje que encarna Saul Rubinek, el del periodista que acompaña al forajido y va forjando la leyenda, era muy habitual en la época de la conquista de esos territorios6, y aquí se ve cómo esas leyendas fueron forjándose, a despecho de la realidad.

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Valor de ley (2010)

 

Los últimos años están ofreciendo aproximaciones al género de talante muy distinto, pero muchas de ellas con un carácter revisionista. El peculiar Jim Jarmush mostró su punto de vista en la semi-surrealista Dead Man (Dead Man, 1995), y acaso dudoso de sus intenciones se dedica a subrayar hasta la extenuación todas las alegorías que va forjando. Ya se mencionó la innecesaria revisión de El tren de las 3:10 (3:10 to Yuma, 2007), por parte de James Mangold. La diarreica El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford, 2007), de Andrew Dominik, ha de emplear 160 minutos para realizar un estudio sobre sus personajes cuando eso mismo ya lo hizo Sam Fuller en 1949 con Balas vengadoras (I Shot Jesse James), en solo 81 minutos, con mucha más precisión, hondura y claridad. El actor Ed Harris se aproxima al género por medio de Appaloosa (Appaloosa, 2008), y pese a diversas pérdidas de rumbo en más de una ocasión, al menos se percibe un conocimiento de los códigos que emplea. Los hermanos Joel y Ethan Coen retoman Valor de ley (True Grit, 2010), adaptando no tanto la novela original de Charles Portis, tal como anunciaron, sino reinterpretando desde otra óptica la valiosa visión que aportó en 1969 Henry Hathaway, y puede considerarse una de las aportaciones más interesantes que ha ofrecido ese espíritu revisionista que está asolando el género en los últimos años. Es de desear que Clint Eastwood regrese al género, el único, acaso, capacitado para llevar este hasta las más altas cotas artísticas sin por ello negarle el pálpito de vida y emoción que siempre lo ha caracterizado.

Carlos Díaz Maroto

 

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1  Esta es la más famosa novela de una saga del escritor protagonizada por el personaje común de Natty Bumppo. Las obras que componen ese ciclo son: El cazador de ciervos (The Deerslayer, 1841), El último mohicano, El buscador de pistas (The Pathfinder, 1840), Los pioneros / Los nacimientos del Susquehanna o Los primeros plantadores (The Pioners, 1823) y La pradera (The Prairie, 1827) [citados por su orden de lectura recomendado].

2  Literalmente, “novela de diez centavos”. Se suele traducir como “novela barata”.

3  Pese a que desde los años veinte se hicieron adaptaciones de su obra al cine, en 1958 se inició un amplio ciclo con Caravana de esclavos / Die Sklavenkaewane, de Georg Marishka y Ramón Torrado, pero fue en 1962, con El tesoro del lago de la plata (Der Schatz im Silbersee), de Harald Reinl, que la popularidad de este “oeste a la alemana” se extendió mundialmente.

4  No me consta que se haya publicado en español. Su popularidad vendría en nuestro país con una larga serie televisiva que la adaptaba, El virginiano (The Virginian; 1962-1971), aunque también con anterioridad se llevó al cine (y al teatro).

5  Aun no existiendo el doblaje, en España se estrenó inicialmente otra versión rodada en español, Horizontes nuevos (1931), dirigida por David Howard y Sam Schneider, y con Jorge Lewis [George J. Lewis] reemplazando a John Wayne como protagonista.

6  Un personaje de esas características aparecía en la valiosa El zurdo (The Left Handed Gun, 1958), de Arthur Penn, y Bob Dylan da vida a alguien de características muy similares en la citada Pat Garret y Billy The Kid.