La calle del Delfín Verde (Green Dolphin Street) (1947)

Posted in Aventuras, Cine, Otros géneros, Reseña on 6 junio, 2017 by belakarloff

A la calle del Delfín Verde llega el doctor Ozanne, antiguo amor de la señora Patourel, acompañado de su hijo, William. Pronto, las hijas de los Patourel, Marianne y Marguerite, comienzan a rondar a William. Mientras, Timothy está enamorado en secreto de Marianne, pero esta ni conoce su existencia. Marianne, además, es una fina manipuladora que no ceja en sus empeños…

Dirección: Victor Saville. Producción: Metro-Goldwyn-Mayer. Productor: Carey Wilson. Guion: Samson Raphaelson, [Carey Wilson, sin acreditar], según la novela Green Dolphin Country de Elizabeth Goudge. Fotografía: George J. Folsey. Música: Bronislau Kaper. Montaje: George White. Dirección artística: Cedric Gibbons, Malcolm Brown. Efectos especiales: A. Arnold Gillespie, Warren Newcombe (efectos visuales), Douglas Shearer, Michael Stenore (efectos de sonido). Intérpretes: Lana Turner (Marianne Patourel), Van Heflin (Timothy Haslam), Donna Reed (Marguerite Patourel), Richard Hart (William Ozanne), Frank Morgan (Dr. Edmond Ozanne), Edmund Gwenn (Octavius Patourel), Dame May Whitty (madre superiora), Reginald Owen (capitán O’Hara), Gladys Cooper (Sophie Patourel), Moyna MacGill (Mrs. Metivier), Linda Christian (Hine-Moa), Bernie Gozier, Patrick Aherne, Al Kikume, Edith Leslie, Gigi Perreau, Pedro de Córdoba, William Fawcett, Lamsden Hare, Douglas Walton… Nacionalidad y año: Estados Unidos 1947. Duración y datos técnicos: 141 min. B/N 1.37:1.

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Según parece, por lo que anuncian los créditos del film, así como el tráiler, MGM debió constituir un concurso literario, sin duda con fines de hacerse con los derechos del resultado y convertirlo en una película. Es curioso que fuera esta la obra premiada, porque, sin haber leído la novela, tiene toda la pinta de que esta fue masivamente resumida para su traslación a la pantalla[1]. Lo lógico hubiera sido tirar por algo más adaptable, aunque posiblemente buscaron escoger algo que mostrara espectacularidad amén de una historia que atrajera a una diversidad de público amplio. A primera vista, parece el típico melodrama para señoras, pero ofrece suficientes escenas de “acción” –entre ellas un terremoto que resulta apabullante– para que los hombres no se remuevan en el asiento.

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Lana Turner acababa de rodar la emblemática El cartero siempre llama dos veces (The Postman Always Rings Twice, 1946, Tay Garnett) cuando se puso al frente de esta cinta. Con anterioridad ya había hecho otros protagonistas –pocos–, y algunos de ellos en melodramas, pero podría decirse que este es el primer gran melodrama que protagoniza la que después sería conocida como dama del género. Su papel en el clásico de James M. Cain también prefigura su “especialización”, que aquí también se da, como fría calculadora, cuando no mala con todas las de la ley, personaje que se consolidaría con su espléndida Lady de Winter de Los tres mosqueteros (The Three Musketeers, 1948, George Sidney).

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Para la dirección del film la Metro optó por Victor Saville (1895-1979), un británico que había debutado en su país natal en tiempos del cine mudo. En 1940 se trasladó a los Estados Unidos, yendo a trabajar para la productora del león, donde comenzó dirigiendo las escenas de exteriores londinenses para The Earl of Chicago (1940, Richard Thorpe), amén de producir el film. Después, en el cargo de director, trabaja en el film colectivo Siempre y un día (Forever and a Day, 1943), teniendo como compañeros de realización a Edmund Goulding, el actor Cedric Hardwicke, Frank Lloyd, Robert Stevenson, Herbert Wilcox y René Clair, y al fin su nombre luce en solitario con el musical Esta noche y todas las noches (Tonight and Every Night, 1945).

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Saville dirigió pocas películas en esa etapa, hasta retirarse tras la muy poco valorada El cáliz de plata (The Silver Chalice, 1954), pero siempre aportó elegancia y refinamiento a sus cintas. La más recordada de sus obras puede que sea Kim de la India (Kim, 1950), según el clásico de Rudyard Kipling, cinta que, por cierto, comparte con la presente la inclusión de un sutil elemento fantástico; aquí tenemos una tribu de maoríes que tienen visiones: percibirán la llegada de una carta de William, así como la inminencia del terremoto.

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Saville juega mucho en La calle del Delfín Verde (Green Dolphin Street, 1947) con la espléndida fotografía en blanco y negro de George J. Folsey –recuérdese, sin embargo, su impresionante tratamiento del color para joyas como Meet Me in St. Louis [tv/dvd: Cita en St. Louis, 1944, Vincente Minnelli] o Planeta prohibido (Forbidden Planet, 1956, Fred M. Wilcox)–, creando efectos de sombras para reflejar estados emocionales, así ese apabullante plano de la pérfida china entre el entablillado de la persiana, para reflejar su turbiedad moral, o esos primeros planos, los cuales nos recuerdan el pésimo uso que se hace de ellos en la actualidad, simplemente para acercar al personaje. Por dos veces, además, repite un elemento muy interesante, como es mostrar un plano amplio con enfoque en todos sus detalles, incluido un primerísimo plano a un lado de un sobre sostenido por una mano, efecto realizado, sin duda, rodando cada toma por separado y luego fusionándolas por efectos visuales.

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El guion está escrito por Samson Raphaelson, quien trabajaría particularmente en comedias o musicales, pero que también colaboró en dramas tan potentes como Remordimiento (Broken Lullaby, 1932, Ernst Lubitsch) o Sospecha (Suspicion, 1941, Alfred Hitchcock). También el libreto ofrece aportaciones sin acreditar de Carey Wilson, el productor del film[2]. De nuevo he de acudir a mi desconocimiento del libro, pero el resumen del mismo queda muy patente cuando, a mitad de la película, y después del terremoto, un rótulo nos indica lo que sucedió en los años siguientes. Además, en el trailer se distinguen al menos dos momentos que no aparecen en el film. Con una duración de dos horas y cuarto, tiene toda la apariencia de que fue resumido con amplitud.

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El reparto, desde luego, luce a los actores habituales de la Metro, como Frank el mago de Oz Morgan, Reginald Owen, Dame May Whitty o Edmund Gwenn, quien ya trabajó con Saville en Inglaterra. Y se ofrece el debut de Richard Hart, actor de amplia trayectoria teatral, como William Ozanne. Fue este un actor muy sólido, pero trabajó solamente en tres películas más, pasando a televisión, donde fue el detective Ellery Queen en la serie de 1950. Murió con treinta y cinco años en 1951, de un ataque al corazón. En todo caso, en la presente aparenta una edad muy superior. La película luce un reparto espléndido, como es norma de la casa, y Lana Turner, una actriz que tuvo muchas limitaciones interpretativas, sin embargo da el perfil.

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Ya se ha mencionado varias veces el terremoto, el plato fuerte del film. Visto hoy en día sigue impresionando, y sorprende el espléndido nivel de detalle que ofrece, percibiéndose el esfuerzo en su confección, pues durando unos cinco minutos, su realización costó medio millón de dólares[3], siendo recompensado con un Oscar. Ofrece la peculiaridad de mostrar un seísmo en ambiente boscoso, e impresiona ver los enormes árboles precipitarse sobre los indígenas o brotar de las entrañas de la tierra. El terremoto está rodado mezclando grandes decorados a tamaño natural con maquetas y proyecciones, resultando de un realismo sorprendente. El efecto se completa con una riada igualmente espléndida.

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La calle del Delfín Verde es un melodrama que, como era norma en la época, insinúa muchas cosas pasando de puntillas sobre ellas. William sale del bazar chino para buscar a un marinero que lleve la carta de amor que ha escrito a Marguerite, para después regresar al local, con la indudable idea de acostarse con la muchacha china. Más tarde, William se casa por error con Marianne; por supuesto, todo lo que acontece a partir de la misma boda hasta tiempo después queda obviado, sin que tengamos muy claro qué clase de vida marital han desempeñado, pese al patente disgusto de él, hasta que se nos informa que ella está embarazada –como es norma en el cine de la época, no hay bombo a la vista ni siquiera pocos instantes antes del parto: la oficina Hays hizo mucho daño al cine norteamericano–. Y lo que peor trato recibe es el personaje de Timothy, interpretado por un esforzado Van Heflin, quien atraviesa la película sacrificándose sin que podamos percibir muy bien la lucha interna que se establece en él, para después deshacerse los guionistas del personaje de un modo muy fácil.

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Con todo, la mayor parte de la trama se sigue con interés, resultando menos atractiva la parte final, cuando el personaje de Marguerite, tras sufrir no pocos reveses, decide meterse a monja. El modo en que el guion retuerce los sucesos para hacernos creer que es feliz con esa decisión hace fruncir el ceño con escepticismo, y semeja el clásico arreglo que, en la época, la censura hacía retorcer las cosas, máxime en una productora conservadora como era la Metro-Goldwyn-Mayer.

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El todo caso, el resultado es un film muy sólido, un melodrama enérgico y ejemplar, con un toque de aventuras marinas y otro exótico, que acontece en Nueva Zelanda con unos maoríes que más semejan indios norteamericanos, y que además nos aporta una escena esencial para los amantes del cine catastrófico y que, como se ha dicho, también flirtea con el fantástico.

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Anécdotas

  • Ganadora en 1948 del Oscar a los mejores efectos especiales. También fue candidata en la categoría de fotografía en blanco y negro, montaje y sonido.
  • Pese a que en el trailer se anuncia que tomó dos años su rodaje, este ocupó entre septiembre de 1946 y enero de 1947.
  • El tema central de la película fue convertido en canción, “Green Dolphin Street” o también “On Green Dolphin Street”, con letra de Ned Washington, y se ha convertido en un estándar jazzístico, interpretado por artistas de la talla de Ella Fitzgerald, Miles Davis y Bill Evans.
  • Lana Turner, famosa por su (falso) pelo rubio, aquí luce su auténtico cabello castaño.
  • Para el papel de William optó Gregory Peck, y para el de Marguerite, Laraine Day y June Allyson.
  • Katharine Hepburn compró los derechos del libro con vistas a protagonizarlo.
  • El 19 de septiembre de 1949 se hizo una adaptación radiofónica de sesenta minutos para Lux Radio Theater, con Lana Turner y Van Heflin repitiendo sus papeles.
  • Estrenada en Estados Unidos el 15 de octubre de 1947 en Nueva York, y después el 5 de noviembre por el resto del país. En España se estrenó el 22 de noviembre de 1948.

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Bibliografía

El país del delfín verde; por Elizabeth Goudge; traducción, Guillermo Marigó Petit. Madrid: Aguilar, 2004. Colección: El novelón de la Ser; s/n. T.O.: Green Dolphin Country (1944). [La traducción procede de la primera edición española, en 1946, por Luis de Caralt].

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

 

[1] Una vez buscada información para consignar el apartado de “bibliografía” (véase abajo), confirmo que la reciente edición española tiene una extensión de 754 páginas, en un formato de 21 cm.

[2] Comenzó escribiendo guiones en 1920, pero a partir de 1935 diríase que el noventa por ciento de las películas en que participó su labor en ese cometido aparece sin acreditar. Se decía que era el guionista favorito de Louis B. Mayer.

[3] La película tuvo un gran éxito de público: en Estados Unidos y Canadá tuvo una taquilla superior a los cuatro millones de dólares (de la época), y casi tres millones a nivel mundial. Sin embargo, debido a lo alto de su presupuesto total, solo alcanzó 339.000 dólares de beneficios.

El Buque Maldito edita en DVD “Los muertos, la carne y el diablo”

Posted in Cine, DVD, Fantasía, Noticias on 5 junio, 2017 by belakarloff

EL BUQUE MALDITO presenta

LOS MUERTOS, LA CARNE Y EL DIABLO

una película de José María Oliveira

Los muertos, la carne y el Diablo (DVD)

“Un año después de debutar con Las flores del miedo, José María Oliveria recuperaría, ampliados y corregidos, los motivos temáticos, estéticos y narrativos presentados en aquella con la mucho más ambiciosa Los muertos, la carne y el diablo. Frente al equilibrio entre su envoltura de relato fantástico-terrorífico y las intenciones subyacentes de su ópera prima, esta delgada línea se difumina en esta su segunda película, concebido desde un principio como una fábula adoctrinante de orden espíritu-religioso. Para tal fin, Oliveira entremezcla La Divina Comedia con el mito de Orfeo, brindando un film que sobresale positivamente y por derecho propio de entre la media de la coetánea producción fantástica española, gracias al mimo puesto en su confección y, sobre todo, una estudiada puesta en escena rica en simbolismos y alegorías. En definitiva, una rara avis a reivindicar”.

José Luis Salvador Estébenez (La abadía de Berzano).

Sinopsis: Juan Ardenas (Carlos Estrada) es un escritor que ha decidido cambiar su vida. Ha dejado de ser un hombre inmoral y egoísta y se ha convertido en un auténtico cristiano. A su vez, ofrece conferencias sobre la supervivencia después de la muerte: piensa que los difuntos siguen viviendo en un mundo confeccionado de antimateria. Pero existe un problema: su esposa Luisa (Patricia Wright) no quiere seguir sus nuevas ideas.

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José María Oliveira (Huelva, 1934). Un año después de debutar en el largometraje con Las flores del miedo (1973) rescataba  nuevamente la religión y el reino de los espíritus para constituir su segunda y última película hasta la fecha: Los muertos, la carne y el diablo (1974), relato conectado con un cine fantástico insólito en nuestro país donde el infierno, los deseos carnales y la ciencia se unificaban. Al igual que sucedió con su debut, el film quedó relegado al olvido debido a la escasa difusión en su estreno y nula comercialización en formato doméstico.

 

En la vertiente de continuar recuperando y reivindicando un cine inusual de nuestra cinematografía, rescatamos la segunda obra de tan desconocido cineasta. Editada por primera vez en DVD a nivel mundial, la presente edición de Los muertos, la carne y el diablo se ha realizado a partir del máster original localizado en formato U-matic y dentro de las mejores condiciones posibles, conservando su versión original en inglés y añadiendo subtítulos en castellano.

Versión íntegra (UNCUT). Edición limitada.

LOS MUERTOS, LA CARNE Y EL DIABLO – EBM 005

Director: José María Oliveira

Intérpretes: Carlos Estrada, Patricia Wright, May Heatherly, Dennis Vaughn

Duración: 88 minutos

Año: 1974

Nacionalidad: España

Idiomas: Inglés (Stereo)

Subtítulos: Castellano

Imagen: Color

Formato: 4:3

Región: 0

Sistema: NTSC

Lanzamiento: 1 de junio de 2017

PVP: 10 € (gastos de envío incluidos)

CONTENIDO EXTRA:

-Entrevista con el director José María Oliveira

-Entrevista con la actriz Patricia Wright

-Pressbook estadounidense

PEDIDOS:

elbuquemaldito_zine@hotmail.com

TAMBIÉN DISPONIBLE:

FREAKS

C/. Ali Bei, nº10

Barcelona

Nagasaki, recuerdos de mi hijo (Haha to kuraseba) (2015)

Posted in Cine, Fantasía, Otros géneros, Reseña on 2 junio, 2017 by belakarloff

Nagasaki es bombardeada con la bomba atómica, y Koji, un joven estudiante de medicina, muere. Tres años más tarde, su madre Nobuko al fin acepta la muerte de su hijo, y es entonces cuando él se le aparece…

Dirección: Yôji Yamada. Producción: Asahi Broadcasting Corporation, GyaO, Hakuhodo DY Media Partners, Hakuhodo, Hokkaido Television Broadcasting Co., J Storm, Kinoshita Komuten, Komatsuza, Kyushu Asahi Broadcasting Co., Kôdansha, Nagasaki Cultural Telecasting Co., Nagasaki Shimbun, Nagoya Broadcasting Network, Nippon Shuppan Hanbai (Nippan) K.K., Shochiku Company, Shôchiku Broadcasting Co., Sumitomo Corporation, TV Asahi, Thr Yomiuri Shimbu. Productor: Nozomi Enoki. Guion: Yôji Yamada, Emiko Hiramatsu. Música: Ryuichi Sakamoto. Fotografía: Masashi Chikamori. Dirección artística: Mitsuo Degawa. Montaje: Iwao Ishii. Efectos especiales: Marza Animation Planet. Intérpretes: Sayuri Yoshinaga (Nobuko Fukuhara), Kazunari Ninomiya (Koji Fukuhara), Haru Kuroki (Machiko Sata), Ken’ichi Katô (el hombre de Shanghai), Yuriko Hirooka (Tomie), Tadanobu Asano (Kuroda), Miyu Honda (Tamiko), Isao Hashizume (profesor Kawakami), Nenji Kobayashi, Christopher McCombs, Wade Reed, Kazunaga Tsuji, Taiki Yoshida, Mikuu Yamada… Nacionalidad y año: Japón 2015. Duración y datos técnicos: 130 min. Color-B/N-sepia 1.85:1.

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Las cenizas de Nagasaki

A punto de cumplir los 77 años, Yôji Yamada (n. en 1931) es uno de los más veteranos realizadores nipones en activo, y considerado por gran parte de la crítica como el último de los clásicos. Se graduó en la universidad en 1954, y ese mismo año comienza a trabajar de ayudante de realización en Shochiku, compañía productora a la cual está ligado desde entonces. Como realizador debuta en 1961 con Nikai no tanin, y es responsable de “Tora-san”, la serie cinematográfica más longeva del mundo. En España poco se ha estrenado de él, teniendo como tiene 85 películas hasta el momento: El ocaso del samurái (Tasogare Seibei, 2002), The Hidden Blade: La espada oculta (Kakushi ken oni no tsume, 2004), Love and Honor – El catador de venenos (Bushi no ichibun, 2006), Una familia de Tokio (Tôkyô kazoku, 2013), La casa del tejado rojo (Chiisai ouchi, 2014) y Maravillosa familia de Tokio (Kazoku wa tsuraiyo, 2016)[1]. Su cine está caracterizado por una mirada íntima dentro del entorno familiar contemporáneo japonés, y está profundamente influido por el gran Yasujirô Ozu, al que cita de forma frecuente en sus películas.

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Ahora nos llega esta Nagasaki, recuerdos de mi hijo (Haha to kuraseba, 2015), rodada entre medias de las dos citadas cintas sobre la familia de Tokio[2]. Esta película refleja, en cierto modo, esa predilección por la familia a la que hacíamos referencia, aunque anclada esta vez en un pasado cercano, de resonancias históricas, y con el grupúsculo de interés notablemente reducido, de forma casi minimalista. Convertir la película en una obra teatral no sería en exceso difícil.

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Así, el filme podría considerarse una pieza de cámara, con breves salidas al exterior –el prólogo en blanco y negro, con el bombardeo, es muy sutil–, y con tres personajes pivotando unos alrededor de los otros. Tenemos en primer lugar a Nobuko (soberbia Sayuri Yoshinaga), la madre que queda repentinamente sola: su marido murió de tuberculosis años atrás, y su otro hijo cayó en el frente; por cierto, escalofriante la escena, a modo de flashback, en la cual el espectro de ese hijo se le aparece, y después se aleja junto a los otros fantasmas de los caídos en combate. Luego tenemos a Koji (Kazunari Ninomiya), un muchacho joven, ingenuo e idealista, que continuamente cambiaba de objetivos en la vida; incluso en una ocasión le apeteció convertirse en director de cine, momento que aprovecha Yamada para citar a Ozu. Y por último tenemos a Machiko (Haru Kuroki), prometida de Koji, que estaba a punto de casarse con él, y que ahora que la madre ha quedado sola la visita con cierta frecuencia. Trabaja como maestra, y en uno de los momentos más enternecedores acompaña a una alumna de diez años a buscar noticias de su padre desaparecido en la guerra.

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Junto a estos personajes tenemos otros que aparecen de fondo, como la vecina de Nobuko (Tomie, a quien encarna Yuriko Hirooka), o el llamado hombre de Shanghai (Ken’ichi Katô), un vendedor estraperlista que visita en ocasiones a la protagonista para hacerle llegar alimentos del mercado negro, a veces rebajándoselos o regalándoselos, porque en el fondo la ama y solo desea estar cerca de ella.

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Dentro de ese entorno, como se decía en la sinopsis, una vez Nobuko acoge ante sí misma la idea de la muerte de su hijo, este tendrá la capacidad de aparecérsele. No lo hace al modo de un fantasma escalofriante y terrible, tan caro al cine japonés de los últimos años. Simplemente surge vestido del modo al que lo hacía en vida, y conversa con su madre, rememorando instantes de la relación entre ambos, momentos que veremos por medio de flashbacks, a veces de un par de segundos, otras veces más largos.

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Podría parecer que el fantasma es únicamente un recurso estilístico para que el director ofrezca los recuerdos de la mujer de un modo más tangible, y algo de eso hay, pero al mismo tiempo es un elemento fantástico real, integrado a la narración. No olvidemos que el mundo de los fantasmas es acogido por el pueblo nipón de un modo que los occidentales no podemos entender. Las apariciones del fantasma son sutiles: la protagonista gira la cabeza, y ahí está él, como si ya estuviera antes en ese lugar. Cuando se pone triste, el fantasma desaparece, y entonces se disgrega en el aire en pocos segundos. A veces, durante unos instantes, vemos flotando en el aire algo que estaba sosteniendo, y que se desplaza unos momentos, hasta que al fin cae.

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Yamada utiliza una diversidad de tonos para narrar la relación entre los tres personajes citados, uno de los cuales ya está muerto. Así, pasa de un tono costumbrista a otro más evocador, uno que nos hace esbozar la sonrisa en los labios hasta otro donde las lágrimas nos corren a raudales por el rostro. Es un film sensible, melancólico, que en ocasiones nos ofrece esperanzas para ser en otras absolutamente desolador. Ambientado el film en 1948, la soberbia fotografía de Masashi Chikamori recrea a la perfección el cine de aquella época; en otras cintas donde se intenta emular ese tipo de fotografía únicamente se potencia la intensidad de los colores, sin embargo aquí los matices están recreados a la perfección. La agraciada partitura del famoso Ryuichi Sakamoto ayuda a conferir una belleza más calma al film. Y resaltemos el final, que recuerda enormemente –y no creo que ello sea casualidad– al de una joya como es El fantasma y la señora Muir (The Ghost and Mrs. Muir, 1947), de Joseph L. Mankiewicz. De esta manera, la conjunción plena de todos estos elementos conduce a la consecución de una hermosa obra maestra que merece mucho su contemplación.

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Anécdotas

  • Títulos anglosajones: Living with My Mother / Nagasaki: Memories of My Son.
  • En los premios de la Academia Japonesa de 2016 ganó en las categorías de mejor actor (K. Ninomiya) y actriz secundaria (H. Kuroki), y tuvo nominaciones como mejor película, guion, fotografía, dirección artística, sonido, montaje, iluminación, actriz (S. Yoshinaga) y actor secundario (T. Asano). En el Manichi Film Concours de 2015 ganó en las categorías de música y actor secundario (K. Katô).
  • Seleccionada por Japón para competir en los Oscar de 2017 en la categoría de ‘mejor película en lengua no inglesa’.
  • Estrenada en Japón el 12 de diciembre de 2015. En España se estrenó el 26 de mayo de 2017.

 

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

[1] Parece que en los últimos años las distribuidoras españolas le han echado el ojo. Sería interesante que rescataran algunas de las previas de mayor interés. En la actualidad, por cierto, acaba de terminar la secuela de Maravillosa familia de Tokio, que tuvo un enorme éxito mundial.

[2] Pese a las similitudes en los títulos españoles, Una familia de Tokio (Tôkyô kazoku, 2013) y Maravillosa familia de Tokio (Kazoku wa tsuraiyo, 2016) nada tienen que ver entre ellas, aunque en la segunda podemos vislumbrar el póster de la primera, en la escena de la escuela de escritura.

El efecto mariposa 2 (The Butterfly Effect 2) (2006)

Posted in Cine, Fantasía, Reseña on 2 junio, 2017 by belakarloff

Nick parece tenerlo todo en la vida: una novia maravillosa y unos amigos excepcionales. Pero un accidente de tráfico le deja solo. Aquejado de jaquecas, descubrirá que, mirando una foto de su pasado puede viajar a este… y cambiarlo.

Dirección: John R. Leonetti. Producción: New Line Cinema, FilmEngine, BenderSpink. Productores: Chris Bender, A. J. Dix, Anthony Rhulen, J.C. Spink. Co-productores: Brendan Ferguson, Michael Stirling. Productores ejecutivos: Kevin Kasha, William Shively. Guion: Michael D. Weiss, inspirado por John Frankenheimer. Fotografía: Brian Pearson. Música: Mike Suby. Montaje: Jacqueline Cambas, Chris Conlee. Dirección artística: Don Macaulay. Efectos especiales: Anthem Visual Effects (efectos visuales), Special Effects Shop (efectos especiales). Intérpretes: Eric Lively (Nick Larson), Erica Durance (Julie Miller), Dustin Milligan (Trevor Eastman), Gina Holden (Amanda), David Lewis (Dave Bristol), Andrew Airlie (Ron Callahan), Chris Gauthier (Ted), Susan Hogan (Katherine Larson), JR Bourne, Lindsay Maxwell, Zoran Vukelic, Jerry Wasserman, John Mann, Tom Bulmer, Veena Sood, Brad Kelly, Caeli MacAulay, Malcolm Stewart… Nacionalidad y año: Estados Unidos 2006. Duración y datos técnicos: 92 min. color 1.85:1.

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El efecto mariposa (The Butterfly Effect, 2004), escrita y dirigida por Eric Bress y J. Mackye Gruber, fue una grata sorpresa: pese a su temible apariencia de comedia sentimental con/para adolescentes, lograba subvertir ese enfoque y ser un curioso acercamiento, en tono y fondo, a la temática de las paradojas temporales.

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Ahora, esta segunda “entrega” hunde los logros de la previa y nos arroja una mediocre aportación, con el tono típico y falto de imaginación de los productos “directos a DVD”, donde da la impresión de que la palabra “esfuerzo” no estaba en el diccionario de sus responsables.

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Aquí tenemos nuevos personajes y una historia diferente, donde simplemente se nos narra otra situación en la que el protagonista, por misteriosos motivos espacio-temporales, logrará retroceder en el tiempo y enderezar situaciones aciagas de su existencia. Pero mientras en la entrega anterior todo estaba ingeniosamente hilvanado, jugando con las paradojas, y donde a cada desvío de la realidad originaria las cosas se iban complicando cada vez más, aquí no hay nada de eso. Aquí hay una especie de reinicio: se vuelve a una situación concreta y, simplemente, surgen otras vías narrativas.

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De esta manera, la película, que comienza de forma curiosa, cada vez se va internando más y más en la tontería, el ridículo y la sinrazón. Momentos como el del polvo en los servicios del restaurante o, sobre todo, la mamada bajo la colcha provocan vergüenza ajena. Choca además que en los créditos el guion aparezca acredita como “inspirado en John Frankenheimer”, y se plasme un rótulo en memoria a él. Por mucho que lo piense, no sé a qué vendrá ese detalle, pues la película carece de guiños a su obra, y su muerte cuatro años atrás no hace considerar la posibilidad de que esta chorrada fuese un proyecto suyo. Quizás sea un simple guiño cinéfilo para cubrirse de una consideración que no merece.

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La realización corresponde a John R. Leonetti, hermano menor de Matthew F. Leonetti, director de fotografía de la entrega previa. También trabaja abundantemente en la misma labor que su pariente, y como director ha tenido a su cargo Mortal Kombat: Aniquilación (Mortal Kombat: Annihilation, 1997), Annabelle (Annabelle, 2014) y Wolves at the Door (2016), amén de unos pocos episodios televisivos. No es como para estar orgulloso. Aquí aplica un tono neutro, televisivo y carente de cualquier rasgo de interés, plasmando el torpe guion de Michael D. Weiss con fría funcionalidad.

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Anécdotas

  • En 2006 fue nominada al premio Saturn por la Academy of Science Fiction, Fantasy & Horror Films al mejor estreno en DVD.
  • La saga finaliza, de momento, con The Butterfly Effect 3: Revelations (2009), de Seth Grossman.
  • Estrenada en Estados Unidos, directamente a DVD, el 10 de octubre de 2006. En España tuvo ese mismo tipo de estreno, sin constarnos la fecha.

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

Berenice presenta «Expediente Ananda» de Nacho López Llandres

Posted in Literatura, Noticias, Terror on 1 junio, 2017 by belakarloff

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Expediente Ananda, del periodista y escritor Nacho López Llandres, es el título de la novela que acaba de publicar la editorial Berenice en su colección Poe, consagrada al género de terror y fantástico.

Narra cómo un psiquiatra, Bruce Struzan, atormentado por su pasado, ha de afrontar el caso más complicado que haya tenido que resolver jamás: dar de alta o no a una paciente llamada Ananda, cuyo expediente médico concluye que su estado mental es “óptimo”. Pero nada es lo que parece: la chica, de diecinueve años, tiene un turbio historial y una extraña capacidad para introducirse en las mentes ajenas. De hecho, pondrá a prueba la integridad moral y profesional de todos los que la rodean.

¿Está Ananda preparada para abandonar el hospital en el que lleva ingresada desde que era una niña? Los indicios apuntan a que es la culpable de los extraños sucesos paranormales ocurridos en los últimos años, pero la línea que separa el terror de la realidad es, en ocasiones, demasiado delgada. ¿Acaso existe una presencia oculta que guía sus pasos? Este y otros enigmas quedarán resueltos en el curso de esta trepidante y terrorífica novela, en la que el autor crea una atmósfera irrespirable y ominosa, desde la cual es difícil deslindar el límite entre la sugestión y la realidad… A veces, los sentidos engañan.

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Nacho López Llandres es un escritor madrileño licenciado en Periodismo que actualmente desempeña el puesto de director y presentador del programa “Hoy por Hoy” de la Cadena SER Madrid Norte. Ha realizado diversas campañas como locutor para grandes empresas y cuenta con experiencia en informativos de televisión, así como en la realización de documentales sobre naturaleza. Después de media vida escribiendo noticias y contando historias, publica ahora su primera novela, un proyecto que a todas luces será el primero de una larga y exitosa trayectoria.

“Expedición a Venus”, de Jeffery Lloyd Castle

Posted in Ciencia ficción, Literatura, Reseña on 30 mayo, 2017 by belakarloff

Título: Expedición a Venus

Autor: Jeffery Lloyd Castle

Traductor: Félix Monteagudo

Pie de imprenta: Barcelona: Edhasa, 1959

Colección: Nebulae (1ª época); nº 57

T.O.: Vanguard to Venus (1957)

Género – materia: novela – CF – exploración espacial – avances tecnológicos – civilizaciones alienígenas

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Jeffery Lloyd Castle se llamaba en realidad Geoffrey Lloyd Castle (Surbiton, Surrey, 6 de abril de 1898 – Aldeburgh, Suffolk, 8 de abril de 1990) y era de origen británico. Fue ingeniero aeronáutico y sirvió en el Royal Field Artillery y en el Royal Flying Corps, tanto en la Primera con en la Segunda Guerra Mundial. Estuvo casado con la también escritora Margery Sharp (1905-1991)[1], especializada en sus últimos años en fantasía[2]. La primera novela de Castle fue Satellite E One (Londres: Eyre and Spottiswoode, 1954), publicada por Edhasa en 1956 (Nebulae nº 23) como Satélite T-1 [sic]; según parece, esta obra «trata de manera algo excéntrica los detalles científicos que rodean la construcción de una estación espacial»[3]. El presente libro, Vanguard to Venus (Nueva York: Dodd, Mead, 1957) parece ser su segunda y última obra publicada[4]. Ya la primera, que no he leído, tuvo como inspiración la «propaganda didáctica de Arthur C. Clarke»[5], y en la presente también se percibe ese tono pedagógico, describiendo las naves y las órbitas de vuelo.

Durante la década de los cincuenta del pasado siglo hubo una fiebre con los “satélites artificiales”. Ya en 1869, en la revista Atlantic Monthly, se describe uno de esos ingenios en el relato “The Brick Moon” de Edward Everett Hale, pero no fue hasta 1945 en que Arthur C. Clarke, en un artículo en Wireless World, “Extra terrestrial relays”, planteó la posibilidad de usarlos como «satélites de comunicaciones». En la década de los cincuenta, tanto Estados Unidos como la URSS, plantearon su interés en lanzar al espacio satélites artificiales, hecho que se produjo el 4 de octubre de 1957 por parte de los rusos, dentro del famoso programa Sputnik.

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Dentro de la ciencia ficción, y dada su popularidad, la palabra «satélite» comenzó a ser utilizada de forma masiva y desprejuiciada. Así, tenemos el film de Roger Corman War of the Satellites (1958), o en España la peculiaridad de que la famosa novela de Jules Verne La caza del meteoro (La chasse au météore, 1908) se reeditara como La caza del satélite[6]. En la presente novela se usa de modo amplio la palabra «satélite» (y con mayúsculas, para enfatizar su importancia) para lo que, en realidad, es una estación espacial, y ya hemos visto que en la anterior obra de Castle otro tanto sucede.

También en esa época se desató la fiebre de los platillos volantes. Fue en 1947 cuando el piloto norteamericano Kenneth Arnold acuñó ese término para describir los objetos que dijo haber visto el 24 de junio mientras volaba sobre la cordillera de las Cascadas, en el estado de Washington. Sin embargo, fue en la década de los cincuenta cuando se desató una auténtica fiebre con el fenómeno. En el Reino Unido, el Flying Saucer Working Party (el primer estudio oficial sobre los ovnis creado por el Ministerio de Defensa del país) publicó su informe definitivo en junio de 1951, que sin embargo permaneció secreto durante cincuenta años. En él se concluye que los avistamientos pudieron confundirse como errores de identificación de objetos o fenómenos ordinarios, ilusiones ópticas, percepciones erróneas, aberraciones psicológicas o embustes. El informe declaró: «En consecuencia, recomendamos muy firmemente que no se realice ninguna investigación adicional de los fenómenos aéreos misteriosos reportados, a menos o hasta que alguna evidencia material esté disponible»[7].

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Jeffery Lloyd Castle hace uso de la mitología icónica del platillo volante nada más comenzar al libro, y paralelo a la preparación de la expedición a Venus, tan común en este tipo de obras, y que ocupa más de la mitad del libro. Así, nos plantea que los venusianos visitan regularmente la Tierra, y que viven infiltrados entre nosotros. No solo eso, sino que los egipcios ya visitaron Venus, en la época faraónica, y la cultura que actualmente vive en el segundo a partir del Sol sigue las directrices educativas de aquélla. Lamentablemente, estas interesantes ideas son después obviadas y apenas se profundizan en ellas.

Así pues, gran parte de la novela se centra en la preparación de la expedición y el viaje por el espacio, describiendo los distintos personajes que en el vuelo confluyen, incluido un muchachito de quince años que es contratado como aprendiz, en una evidente traslación de las costumbres marítimas al espacio. Solo el diez por ciento final de la obra, o así, transcurre sobre la superficie del planeta venéreo, precedido ello de lo peor del libro, una escaramuza en el espacio entre terráqueos y venusianos, en exceso melodramática, y que además deja traslucir racismo y machismo a partes iguales.

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Con todo, el resultado es una curiosidad que puede ofrecer interés a los estudiosos del género que desee explorar ejemplares primitivos de la ciencia ficción como el presente, y que hasta resulta entretenido, sobre todo en su descripción de las distintas tipologías que confluyen en la narración.

Carlos Díaz Maroto

[1] En La Tercera Fundación solo consta un relato suyo: “Volviendo al hogar” (“Driving Home”, 1956), aparecido en el Mystery Magazine nº 62 (julio de 1968) editado por M.Y.N.E. También es autora de El pecado de Cluny Brown (Cluny Brown, 1944) –última edición española: GP 1963, Libros Plaza nº 8), de la que Ernst Lubitsch hizo una maravillosa película.

[2] Fue la autora de la saga iniciada con The Rescuers (1959), de la que Disney hizo una adaptación animada: Los rescatadores (The Rescuers, 1977), dirigida por Wolfgang Reitherman,  John Lounsbery y Art Stevens.

[3] En la página web SFE – The Encyclopedia of Science Fiction: http://www.sf-encyclopedia.com/entry/castle_jeffery_lloyd

[4] Hemos localizado también un How Not to Lose at Poker de Jeffrey Lloyd Castle (que no sabemos si será él, con el nombre mal consignado), editado por Barnes & Noble.

[5] Según Brian Stableford en Science Fact and Science Fiction: An Encyclopedia, Routledge, 6 sept. 2006; pág. 36.

[6] Ediciones Mateu, 1960, colección Cadete nº 164, con traducción de Manuel Rossell Pesant.

[7] “Unidentified Flying Objects”. En The Black Vault. Northridge, CA: John Greenewald; junio de 1951. DSI/JTIC Report No. 7. Puede consultarse en: http://www.theblackvault.com/documents/ufos/UK/DEFE44-119.pdf

Vuelve “Pulp Fiction” de mano de 39 Escalones

Posted in Cine, Criminal, Noticias, thriller on 29 mayo, 2017 by belakarloff

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A partir del 7 de julio 39 Escalones reestrena en cines PULP FICTION, siguiendo la estela del reestreno que hizo el año pasado con LA HISTORIA INTERMINABLE.

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Dirigida por Quentin Tarantino y protagonizada por John Travolta, Uma Thurman, Samuel L. Jackson o Bruce Willis, entre otros, desde su estreno a mediados de los años noventa ha ido sumando multitud de adeptos que la han encumbrado a ser considerada una de las mejores películas de la historia del cine.

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